Kal Marks – Life Is Alright, Everybody Dies

La violencia del indie rock marksista

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Son temas manidos, pero la angustia juvenil y la desesperación siguen siendo un motor infalible para esos grupos de indie rock que sobre todo están inspirados en el apartado musical. Tras un porrón de formaciones que han tirado de automático, otras que al principio prometían pero luego pronto se difuminaron o bien intentaron suerte con el clásico capítulo de entrar en una multinacional, encontrar supervivientes de la fiereza independiente de sus orígenes es difícil. Una vez más, desde EEUU, la cuna del underground que marcó las siguientes décadas, llegan desde el sello Exploding Sound para publicar el tercer largo de Kal Marks, Life Is Alright, Everybody Dies (Exploding In Sound, 2016).

Que la angustia existencial nos inspire

Kal Marks son tres tipos de Boston cuya lírica discurre entre esos conceptos existencialistas a los que las bandas jóvenes suelen recurrir. Sin embargo, lejos de la languidez o los plagios de fórmulas ganadoras, su música rezuma mucha actitud. En todos los sentidos. Ya dejaron buenas huellas con su anterior disco, Life is Murder (Exploding In Sound, 2013), con algunos de esos temas que podrían convertirse en himnos fácilmente. Al menos en himnos regionales, los himnos que importan; los que disfrutar y brindar con los tuyos y que crean comunidad. Empezaron hace varios años con una propuesta más domesticada y no tan rabiosa, pero desde su LP de 2013, ya con unas prometedoras muestras de fuerza, han vuelto este año sin decepcionar.

El trío bostoniano no recurre a los cambios de ritmo repentinos y bruscos. Y tampoco a sonidos experimentales ni punteos espectaculares; lo suyo va más unido al post-hardcore, a canciones que desgarran en el título y hacen lo propio cuando suenan. Kal Marks te someten a un círculo de sensaciones angustiosas de las que cuesta salir. Pero aquí no hay un único agente que sea el que se encarga de vertebrar esa asfixia. Tanto la batería, como la guitarra y el bajo actúan al unísono, te dan un puñetazo directo como el primero, ‘Life is Alright‘, con unas gotas de algo más de dramatismo con el que dejaron su anterior trabajo. Pero poco tardan después en tirar de cierta melodía en ‘Mankind‘, gracias a guitarra y bajo. Es una de las pequeñas diferencias que hay con respecto a hace tres años —aparte del nuevo y notable batería—, no digamos ya en su debut Goodbye Horses (2011).

El potente motor rítmico de bajo y batería

Porque el esqueleto rítmico de Kal Marks es digno de mención. Tensan los momentos de rabia del (nasal) vocalista destripándose en canciones como ‘Dorothy‘, aunque sus momentos estelares llegan en arranques potentes como el de ‘Everybody Dies!!!‘. Ante la duda, distorsión para el bajo. Y después de la vorágine ruidista a la que sometería la canción cualquier héroe del indie americano, son el propio bajo y la batería quienes se encargan de darle la vuelta a la canción para convertirla en algo cercano a una melodía. Eso sí, manteniendo en las letras ese espíritu fúnebre y pesimista sobre la vida que ya paseaban hace tres años. Ya que la vida te está puteando, devuélvele una buena hostia. Y se la suelen devolver en pequeñas salas, sin escenarios, a varios palmos de distancia del público, a lo Fat History Month. Eso es lo que realmente importa.

7.7/10

Así que en resumidas cuentas, pocos cambios en el esquema sonoro de este grupo marksista. Ya en su primer álbum mostraban maneras, pero fue en su siguiente LP cuando definieron mejor su discurso y eso se notó a lo largo del mismo. Algo extensible a este tercer trabajo en el que hay algo más de melodía —aunque sin pasarse—, con pequeños momentos para ver la luz dentro de esa oscura pesadumbre que se cierne sobre su música —y puede que sus vidas—, expresando con títulos de temas instrumentales lo que no son capaces de decir en palabras. Sin duda, uno de los grupos de más futuro y más interesantes de este prolífico sello norteamericano. Quizá lo más recomendable de ellos, además de la vigorosidad de sus temas, la coraza rítmica con la que te sacuden. Es obvio que en su caso es porque tiran hacia el hardcore, pero pocos grupos dentro del indie rock le otorgan ese papel rítmico a la percusión y al bajo. Qué barbaridad cómo se despachan en ‘Heavy Hands‘. Atentos a Kal Marks. Hay grupo para rato.

Me gusta el chunda-chunda.