King Gizzard & The Lizard Wizard – Nonagon Infinity

Aquí os dejamos una ración de hamburguesas, ácido y Power Rangers por parte de King Gizzard & The Lizard Wizard. Que aproveche.

King-Gizzard---nonagon

Siempre que he tenido que enfrentarme a casos de prolificidad como el de King Gizzard & The Lizard Wizard he acabado pensando que la banda en cuestión está desperdiciando su talento o, al menos, lo está administrando de forma poco inteligente. Claro, Led Zeppelin o Black Sabbath fueron capaces de encadenar cuatro obras maestras por barba en menos de 24 meses sin que nadie se atreviese a cuestionar sus prácticas (bueno, en el caso de los primeros sí pero no por cuestiones productivas), pero toca reconocer que la abundancia de oferta actual y el carácter efímero que subyace no hace sino acrecentarse cuando el grupo solapa sus lanzamientos, cuando antes de que los fans hayan podido apartar la vista de la multitud y centrarse en el álbum en concreto ya hay una nueva obra esperando en la estantería de la tienda de discos.

Esto implica que haya lanzamientos que pasan desapercibidos y otros que son impunemente ignorados, y algo así estaba a punto de suceder con Nonagon Infinity (Flightless, 2016), disco sobre el que uno de vosotros hizo bien en avisarnos. Un análisis superficial de la realidad puede llevarnos a pensar que los australianos pueden estar poniéndose la zancadilla a así mismos con esto de sacar un disco cada seis meses y comercialmente es posible que así sea, pero también es de justos reconocer que cuando hay talento es estúpido no darle salida, por mucho que eso conlleve que la banda no respete los ritmos que el mercado o los seguidores están capacitados para seguir. El octavo disco en cuatro años de Stu Mackenzie y compañía había estado a punto de quedar en el limbo por ese ansia de publicarlo todo, y de haber sido así en esta casa habríamos cometido un error imperdonable. Compensémoslo.

Nonagon Infinity: diversión desenfrenada

Claro, también es cierto que cuando eres una banda joven y tu propuesta no hace sino insistir en esta condición es normal que no pares de cometer esos “errores”, y que lo hagas sin el menor de los filtros y sin el menor de los recatos. Esa es la esencia de los australianos como proyecto y Nonagon Infinity viene a ser una especie de sublimación de la idea y de la praxis, con apariencia de improvisación y de espíritu desenfrenado y con unos andares de obra maestra que son tan difíciles de ver a vista de pájaro como difíciles de cuestionar en las distancias cortas.

La propuesta es tan clara como sencilla: años setenta, protoheavy aderezado con LSD y terror cutre y chabacano a lo Dario Argento mezclado con los antepasados de los Power Rangers. Nonagon Infinity es un disco directo y rudimentario que no para de animar a salir de jarana al freak que llevamos dentro, el adolescente que todavía somos y que antaño se pasaba las tardes de domingo fumando petas y comiendo hamburguesas grasientas.

Nonagon Infinity está repleto de guiños a nuestro yo adolescente: setenteo, protoheavy, LSD y Power Rangers

Musicalmente es uno de esos viajes en montaña rusa que te obligan a comprar el siguiente billete antes de que se haya parado el vagón. Los temas se suceden con prisa y sin pausa, sin respiro, como un torbellino de energía que no da respiro pues entiende que no se puede dejar a la presa escapar cuando la tienes medio muerta. La psicodelia en esta ocasión es contenida en cuanto a elementos prototípicos pero desbordante en alusiones a un imaginario que conecta directamente con todo aquello que nos gustaba cuando estábamos empezando a construirnos a nosotros mismos.

El esqueleto de la bestia no es de lo más original pero tampoco lo necesita, apoyando todo el peso del álbum en riffs que recuerdan a Black Sabbath como ya lo hacían hace treinta y tantos años los de Hawkwind pero sin caer en el laberinto del Space Rock. King Gizzard en su octavo disco han hecho un ejercicio simple pero efectivo, siendo esta condición precisamente la principal de sus fortalezas pues permite potenciar el espíritu fresco y garagero que siempre ha caracterizado a sus composiciones a pesar de que aludan a discursos muy dispares.

Como complemento, aunque deben tener una consideración mayor, al despiporre que es un álbum cimentado en riffs monumentales y gritos y coros que invitan a hacer la ola aparecen los vídeos de ‘Gamma Knife‘ y ‘People Vultures‘, un corto de serie B en el que la brujería, el frikismo y una fotografía quemada como los clásicos de los años 70 son mucho más que un convidado de piedra para la parte cumbre del disco (si es que es posible en esta cuestión en concreto hacer tal alusión). Hombres encapuchados, pentáculos, coros de ultratumba, seres sobrenaturales… todo ello pasea ante nuestros ojos como alarde de buenísimas ideas y pocos medios, homenajeando desde lo visual a un espíritu que entronca directamente con el espíritu fresco y adolescente que los australianos desprenden desde la primera nota.

¿Un disco hipersónico?

Hay preguntas que encierran miles como muñecas rusas y hay otras que se responden solas, ya sea directa o indirectamente. Esta rebuscada reflexión no hace sino rondarme la cabeza desde que nos pedisteis que reseñáramos el disco, que lo hiciéramos pues a ojos de alguno de vosotros éste “es un disco muy hipersónico“, siendo la pregunta si hablaba del álbum, de nosotros o de las dos cosas al mismo tiempo.

Lógicamente sería demasiado petulante por nuestra parte colgarnos la medallita de que uno de los discos más divertidos de los últimos tiempos sea considerado como hipersónico exclusivamente por lo que somos nosotros, máxime cuando entiendo que el juego de palabras en el que se convierte la apostilla no pretendía sino hacer a este Nonagon Infinity de un disco de revisión obligatoria por nuestra publicación.

Nonagon Infinity es el disco más divertido del semestre. O del año. O de la era geológica

Sin embargo aquí estamos, con la realidad conocida a posteriori (ya mascado el álbum) y siendo conscientes de su tozudez y la posible certeza implícita, el deseo de que la providencia se pueda convertir en realidad y poder dar gracias por ella. Ya no sólo porque os hayáis acordado de nosotros y de la obligación que tenemos de dar la cara por un disco realmente importante, sino también por la suerte de poder disfrutar de un álbum que algunos de vosotros asociáis con lo que son nuestros gustos o intereses, de un álbum al que ya podemos definir como el disco más divertido de lo que llevamos de semestre. O de año. O de era geológica.

8.9/10

Y la única realidad incuestionable es que en la exageración está nuestro agradecimiento, tanto a la banda por existir como a vosotros por tirarnos de las orejas. Y es que al final las casualidades no existen, si para vosotros lo nuevo de King Gizzard & The Lizard Wizard es un disco hipersónico para qué vamos nosotros a cuestionarlo, por mucho que la consideración no tenga nada que ver con nosotros. ¿O sí?

Esas bombas nucleares están cogiendo polvo.

  • carlos

    Ya se habían tardado demasiado con la crítica. Discazo, de lo mejor del año hasta el momento. También dejaron pasar Paper Maché Dream Balloon, no tan grande como este pero igual de disfrutable.

    PD: Aprovechando el reclamo por críticas tardías, alguien que le diga a Natxo que Swindle sacó su segundo álbum el año pasado (Peace, Love & Music)

  • Manu Boado Martín

    Qué tendrá el agua de Australia.

  • Saludos…

    Por lo de ese comentario de que es ‘un disco muy Hipersónico’ me picó la curiosidad porque no los conocía más que de oídas por ese nombre tan exótico.

    No dudo que para el que tenga todavía conserve ese ánimo adolescente que comentas el disco sea muy disfrutable. En mi caso, que ya gasto espíritu más bien carca por lo que parece, me acaba resultando demasiado deslabazado e irregular. Sí, tiene buenos momentos pero en conjunto acabo pidiendo la hora.

    Nos vemos.

  • Windigo

    ¡Suenan de miedo, oiga!

  • Spiderfrommars

    Menos mal que al final no se os pasó el disco. Cuando lo escucho tengo la sensación de que todos los anteriores fueron un entrenamiento que culmina aquí. Dios les bendiga.

  • Los putos amos, todo lo que tocan lo convierten en oro.

  • Hipstericoperdido

    A mí me gustaban pero sin pasarse. Escuchaba un disco suyo y no volvía a él. Este ya lo he escuchado muchas veces y las que quedan. ¡Es divertidísimo! Y no sé por qué, cada vez que me lo pongo me viene a la cabeza la última película de Mad Max y sus imágenes. Será por su enloquecimiento y frenesí.