Mitski – Puberty 2

Todos hablan de ella. Todos hablan bien. No merece menos.

mitski

No toco ningún instrumento. Tengo docenas de colegas que sí, e incluso de ellos llegó a formar un grupo de cierta repercusión al que un día, allá por los 16 años, me hubiese podido unir de atreverme con el bajo. Pero nada, mis experiencias como músico se reducen al calificativo de “guitarrista nivel: lamentable”. Con todo, uno va haciendo oído y reconoce ciertas cosas. Como cuando alguien intenta parir un hit (lo de conseguirlo ya es otra cosa), o alguna receta para soltar una miticada, siempre efectiva. Unos segundos de silencio a media canción antes de una tormenta de guitarras, un estribillo premeditadamente facilón y repetitivo. Aunque ello pueda parecer un comentario despreciativo, no lo es en absoluto. ¿Cuántos artistas persiguen la fórmula idónea para crear una canción perfecta, emocionante y, a poder ser, pegadiza? ¿Cuántos acaban consiguiéndolo en serio? Por no hablar del paso posterior: has conseguido parir un jitazo, ¿cómo sobrevivir a él?

Mitski: la eficiencia por encima del jitazo

Todo esto viene a un flechazo. El mío con Mitski y, más concretamente, con esa enormidad no exenta de ciertas miticadas que es ‘Your Best American Girl’, de la que ya os había hablado poliptoton definiéndola como “baladón indie rock”, y que sirvió de presentación de este Puberty 2 (Dead Oceans, 2016), que aunque es ya el cuarto disco de Mitski, viene a ser el primero desde la repercusión mediática, tras la presentación real que supuso Bury Me at Makeout Creek (Don Giovanni Records, 2014). También su debut en el sello Dead Oceans, lo que ya viene adelantando que a la neoyorquina hay que hacerle mucho caso, para algo comparte casa con gente como The Tallest Man on Earth, Phosphorescent, Kevin Morby o A Place to Bury Strangers entre otros. Parecía el momento idóneo para dar el paso adelante definitivo, el más sólido, y desde luego que lo ha hecho. Sabíamos que venía con una enormidad de single bajo el brazo, pero tocaba saber si sobreviviría a su propio monstruo. Tras la apariencia que pueda surgir de “otra chica con guitarra y mucho bucolismo”, acabamos encontrando una decidida apuesta por el rock, el noise y, aunque en muy contadas ocasiones, el dream pop.

A Mistki la podríamos presentar como una japonesa que, en realidad, es ciudadana del mundo (circunstancias familiares la han llevado a vivir en lugares tan dispares como el Congo, Malasia, China, Turquía o, finalmente, Nueva York). Y leeréis por todas partes que esos avatares vitales se plasman en su oferta musical. Porque queda precioso hablar de la fusión de culturas y la alianza de civilizaciones. Pero olvidaros de eso. La tendencia sonora de Mitski, y más concretamente de este Puberty 2 es francamente anglosajona. De esas a las que tenemos el oído bien acostumbrado. Pero en este caso no debemos entender la constumbre como sinónimo de rutina, pues si algo es este álbum es poco predecible. Entre baladones indie rock ya mencionados, u otros de tercio parecido, que también sirvieron como adelanto del disco, véase ‘Happy’ (quizás algo más elaborada, con sección de vientos y caminos más intrincados), Puberty 2 es un ejemplo de madurez musical inapelable. Ese momento en el que una artista parece encontrar su instante idóneo en la historia. En la general y en la particular.

Mitski ha conseguido desembocar en un lugar en el que se juntan varios afluentes distintos, cada uno con su microfauna, y con la misma eficiencia te resucita a Cocteau Twins, juega a ser Courtney Bartnett o nos recuerda lo grandes que son Mazzy Star

Así que da un poco igual lo que busquéis. Puberty 2 tiene el encanto particular de las obras que gustan a todos. O casi todos. Desde el romanticismo bien entendido de ‘Once More to See You’, a la energía desbordante de ‘Fireworks’ o esa explosión noise, inapelable, rotunda y profundamente atractiva que es ‘My Body’s Made of Crushed Little Stars’. Muestras de lo que hablábamos antes: olvidaos de la chica bucólica con mirada al infinito, letras de desamor y vídeoclips con filtro de instagram. Eso es en otra ventanilla. Mitski ha conseguido desembocar en un lugar en el que se juntan varios afluentes distintos, cada uno con su microfauna, y con la misma eficiencia te resucita a Cocteau Twins en ‘Thursday Girl’, juega a ser una Courtney Barnett previa a Courtney Barnett en ‘A Loving Feeling’ o nos recuerda lo grandes que son Mazzy Star sin necesidad de ver a Hope Sandoval en nuestro reproductor, de la mano de ‘Crack Baby’. Muchísimos quilates en cualquiera de los rincones del enorme disco que Mitski se ha sacado de debajo de la manga.

8,4/10

Así que si Mitski se había acercado al estrellato en un disco anterior que le sirvió para subir de categoría en las divisiones de las discográficas, Puberty 2 es su paso definitivo hacia el mismo. Uno en el que se han unido una voz enormemente atractiva, unas melodías muy seductoras y una labor en la producción (de un Patrick Hyland no especialmente conocido, pero en el que Mitski ha vuelto a confiar) acertadísima. Uno de esos discos que, sin duda, ocupará lugares en todas las listas que resuman 2016 en lo musical. Y una de las apuestas más firmes del apartado del pop-rock. De la solidez y contundencia tras el aspecto inocente de Mitski. Un auténtico regalo de engañosa apariencia. ¡Qué bien cuando, tras el flechazo, encuentras el amor verdadero!

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  • Diego Duarte R

    Lo amo!!!!!!! mi disco del año hasta el momento!

  • Verlaine

    Uno de los mejores discos de lo que va de año junto con el de Japanese Breakfast, con la casualmente va a ir de gira.

  • Ni idea de la existencia de esta chica hasta ahora. Voy por la segunda escucha del disco y me parece una maravilla de pop rock/indie rock/whatever. Al TOP!

  • YinAndYang

    En principio me está gustando mucho,le llevo solo un par de escuchas,pero sé que volveré a ponérmelo unas cuantas veces más…se lo merece.
    Gracias por el descubrimiento.

    En algunos momentos también me recuerda un poco a Angel Olsen.