Primavera Sound 2016, viernes: por días así venimos aquí

Los abonos están bien pagados.

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Después de una jornada dispar, afrontamos un viernes en el que había bastantes expectativas que fueron sobrepasadas. Desde los cocos como Radiohead o Dinosaur Jr., hasta la electrónica y las actuaciones en los escenarios pequeños, prácticamente todos los conciertos que vimos nos gustaron mucho. La cosa prometía con el arranque de Titus Andronicus. Las únicas pegas, las aglomeraciones infernales de Radiohead, ya varias horas antes del directo, la absurdez de nuevo de las zonas vip entre el público (una de las peores decisiones del festival en los últimos tiempos), y los célebres solapes y horarios mal. Pero joder, qué día.

Titus Andronicus

Titus

Black Gallego: No hay nada que se oponga a Patrick Sitckles, ni siquiera Mordor. Titus han llegado al escenario H&M y lo han petado, sin más. Desde el inicio de han puesto a encadenar jitazos y nos han ganado por completo. Es difícil no encadenarlos teniendo tantos temazos como tienen, y hasta se han echado unas cuantas de menos, pero las que han metido han estado muy bien elegidas, versión del ‘Blitzkrieg Bop‘ de los Ramones incluida, y han triunfado a base de trabajo, mucha actitud, energía y brillantez. Hasta han generado pogos en un lugar poco propicio para ello. Stickles es así de bueno, da igual quién le rodee, siempre va a salir triunfante. (9,5)

Maddama: Qué manera de empezar la jornada. Tan solo las 7 de la tarde y el concierto de Titus Andronicus (a pesar de que la hora y el lugar no fueran los mejores, todos coincidimos en que en un escenario más pequeño el concierto se hubiese disfrutado aún más) nos puso a todos a mil revoluciones. Con nueva banda, pero con el mismo sonido arrollador de siempre, tocaron los hits, uno tras otro, sin dejar hueco a largos minutajes, porque solo había ganas de revolvernos a todos de nuestro sitio y empujarnos a un pogo infinito. Ahí estaban, sonando con furia a plena luz del sol y dejando un nivel muy alto a uno jornada en la que se sucedieron conciertos realmente memorables. (9)

Gallego: Ni me convencía la hora, ni el lugar escenario que la organización les había endosado, pero lejos de amedrentarse por la situación, nuestros buenos Titus Andronicus se presentaron en el Primavera a media tarde para quemarlo todo. Lo consiguieron a base de temazos, de no dejar de tocar con fuerza y de un público que se entregó en consonancia. Había que estar allí, porque el enemigo está en todas partes. (10)

Ferraia: El otro día decía por el concierto de Triángulo de Amor Bizarro que tienen mucho de generacional por su actitud y sus canciones. Con Titus pasa exactamente lo mismo. A los de Patrick Stickles les dieron un escenario grande, algo que por supuesto merecen por su música. Más con su último disco y esa grandeza a lo Springsteen que rezuman sus nuevas canciones, aunque hubiéramos preferido uno más pequeño, sin foso que nos separase para que pudiera bajar entre nosotros como hizo en la edición de 2013. Aunque esos metros de separación no impidieron los pogos desde el minuto 1. Como para no hacerlo si la elegida para abrir es ‘Titus Andronicus‘, con ese hooliganismo hedonista con frases esculpidas para la vida. A partir de ahí, fueron un no parar, vinieron con toda la artillería, jitazo tras jitazo, ya fuera en modo springsteeniano, guitarheroismo o tocando el ‘Blitzkrieg bop’. Sonaba igual de potente y divertido a pesar del cambio de banda con el que vino Stickles. Eran una correa de transmisión que alimentaba constantemente al personal con pequeños himnos. Y al final, uno de 15 minutos, el cierre de The Monitor. Y venga a tragar polvo y a darse de hostias en el pogo. The Enemy is Everywhere. (9)

Mohorte: Había tantos motivos para ilusionarse con el concierto de Titus Andronicus como para temerlo con pavor. Por un lado, las canciones de The Most Lamentable Tragedy eran fácilmente trasladables al formato directo, al contrario que las de The Monitor. Por otro, el concierto que el grupo ofreció en 2013, después de la publicación del expresamente-pensado-para-el-directo Local Business invitaba al optimismo pesimista: Stickles, entonces, apareció ebrio en el escenario tocando del modo más titusandronicusiense posible, siendo lo peor y lo mejor, en tanto que nosotros también éramos lo peor. ¿Qué podíamos esperar de 2016 en Mordor a las 19.00, una de las peores programaciones que recuerdo del festival? Resultó que un conciertazo: combo nuevo (ninguno de los músicos habituales junto a Stickles), un sonido buenísimo (veníamos de 2013) y un setlist inmejorable, basado fundamentalmente en The Airing of Grievances y The Most Lamentable Tragedy, los dos discos con las canciones más directas, con los singles más obvios. De ‘Titus Andronicus’ a ‘A More Perfect Union‘, desarrollos locos de catorce minutos, Bruce Springteen y pogos y fraternidad emocional entre el público incluidos. Todos los condicionanetes implicaban que iba a ser un desastre y resultó ser un conciertazo impensable dos años atrás. El mejor grupo de rock americano a día de hoy, ahora y siempre. (9)

Savages

Black Gallego: Actitud y ganas le han puesto, qué duda cabe, pero eso no es suficiente para sustentar un concierto. La vocalista ha estado muy activa, conectando mucho con el público -quizá hasta demasiado-, pero el grupo carece del talento y las virtudes necesarias para ser un grupo top. Si además le quitas una guitarra y pones un bajo que suena por encima de todo, el concierto se vuelve algo muy difícil de levantar. Les doy el suficiente porque han puesto bastante esfuerzo para ello, pero tampoco han tenido mucho más para merecer más. (5)

Maddama: Después del subidón con Titus, fue el turno de Savages. El Escenario Heineken estaba a rebosar, y en parte la culpa de eso era lo que iba a ocurrir ahí unas horas después, cientos de personas ya reclamaban su lugar para ver a unos brillantes Radiohead. Mientras tanto, las Savages intentaron con todas sus fuerzas animar a un público que no parecía muy entregado a la causa, bajando a pie de público unas cuantas veces y dejándose sujetar entre brazos ajenos. Bajo y batería se comieron cualquier otro sonido durante prácticamente toda la hora de concierto y de vez en cuando, la guitarra se dejaba oír para hacernos prestar un poco más de atención, como en una ‘The Answer’ que supo a poco. (5)

Mohorte: Esperaba relativamente poco del concierto de Savages, pero me dejaron con la boca abierta. Es cierto, hubo problemas serios: el bajo se comía toda la actuación y la guitarra, esencial en cualquier grupo de Post-punk, estaba totalmente sepultada por la base rítmica y por la fuerza incontenible de Jehnny Beth. De ahí que la sensación fuera de “todas las canciones son iguales”. Pero no lo eran: Adore Life, esa continuación infinitamente mejor que su olvidable debut, sonó como una apisionadora. Kilómetros más allá de Mordor seguía escuchándose a un volumen atronador. Me fui del concierto con la sensación de que alguien en la torre de control estaba pifiándola, de que aquel no era su escenario ni su gente (grande y lleno de fans de Radiohead, además de totalmente frío e impersonal) y de que, bien, pueden llegar a ser repetitivas, pero tienen un carácter bastante único dentro de la escena Post-punk. (7)

Cavern of Anti-Matter

Ferraia: El concierto de Radiohead dejó medio festival vacío, lo que hizo que algunas actuaciones en recintos más pequeños como el Adidas se pudiera estar fetén, sin aglomeraciones. Así que a la hora de ver a Cavern of Anti-Matter y su notable nuevo álbum se estaba divinamente. Sus últimas canciones tienen mucho más empuje de lo que habían hecho antes, y esa combinación tan versátil entre electrónica de desarrollos analógicos, ritmos casi kraut y una atmósfera espacial y psicodélica hicieron el resto. Una recomendable actuación para los que pasábamos de estar dos horas esperando a que los de Yorke salieran. (7,4)

Beirut

Mohorte: De tanto en cuanto, este tipo de cosas suceden en un festival como el Primavera Sound. Un grupo devoto de su propia música, profesional y entregado, ofrece un concierto técnicamente perfecto, intachable y cargado de emoción. Todo funcionó a las mil maravillas en la actuación de Beirut, desde su maravilloso primer disco hasta las supuestas excentricidades pop de los dos últimos. Una golosina en el momento más inesperado. (9)

Dinosaur Jr.

Ferraia: En otro contexto, sin un solape tan doloroso como el que tenían con Radiohead, ver a los de Mascis hubiera supuesto estar entre la marabunta, pero hasta unos minutos antes de que empezaran, podías meterte en primera fila sin problemas. Aunque al final sí hubo un público relativamente numeroso para el contexto, lo suyo fue, de nuevo, demoledor. La fuerza de arrastre de Mascis, rodeado de amplis como si fuera su Trono de Hierro, el bajo agresivo de Barlow y la violencia de Mursh en la batería —siempre se habla de los otros dos, pero qué poco hablamos del batería de Dinosaur Jr., y de los baterías en general— era tremebunda. Tanto con canciones más ‘recientes’ como las de I Bet on Sky hasta los clásicos que iban saliendo, con esa ‘Little Fury Things‘, todo el mundo se venía muy arriba. Como cuando empezaron a sonar los primeros compases de ‘Just Like Heaven‘, qué barbaridad. Y qué alegría. Estaban dando un conciertazo, sonaba estupendamente, y enfrente todos entregados. Aunque esta vez no fue el enganche que continuaba a ‘Sludgefeast‘, que no la tocaron. Pero sí cayeron otros clásicos como la arrolladora ‘Feel The Pain‘ o temas primigenios de cuando eran Dinosaur, sin el Jr. De cuando la maqueta era mejor. Acabaron con un tema de Barlow, que cantó tres, en un final bastante hardcoreta. En fin, que fantástico concierto. De lo mejor del festival sin duda. (9,2)

Mohorte: Sucedió algo raro en la recta final del concierto de Dinosaur Jr, un cierre protagonizado por Lou Barlow y repleto de ruido y vaga experimentación improvisada. Una pena, porque por lo demás, el espectáculo de Mascis y compañía estuvo al mismo nivel de siempre: sólida, de sonido inmejorable y repleta de la clase de canciones, entre la contundencia Hardcore y la melodía pop, que tantos corazones ha ganado a lo largo de décadas. Todo estuvo bien en un concierto casi calcado al de 2013 y que se disfrutó con espacio gracias a la marabunta desplazada a Radiohead. (7,5)

Radiohead

Maddama: Y el ansiado momento llegó. Ya sabía que el concierto de ayer sería un momento para dejar guardado en mi memoria, pues era la primera vez que vería a Radiohead en directo. Pero es que superaron cualquier expectativa formada. Con una puesta en escena impecable, un repertorio escogido a la perfección por y para el pleno disfrute de los que estábamos allí y una ejecución maestra de nuevos temas y grandes clásicos, Yorke y los suyos nos hicieron vibrar minuto a minuto. Esa perfecta unión entre ‘No Surprises’ y ‘Pyramid Song’, una ‘Karma Police’ que coremaos y extendimos a nuestro gusto o una ‘There There’ ya en los bises que en directo alcanza unos niveles únicos. Y sí, ‘Creep’ para terminar, con el karaoke (in)necesario, porque todos los que estábamos allí desprendíamos felicidad después de lo que acabábamos de sentir y poco más importaba. Yo solo digo: Gracias, Radiohead. (10)

Gallego: Obviamente, su recién editado nuevo disco debía ser protagonista en el setlist de ayer, pero las dos horas de concierto que se marcaron los británicos dieron para repasar toda su discografía y cubrir buena parte de sus muchos imprescindibles. Las nuevas sonaron aún mejor que en disco, desprovistas de tanto artificio y reintentadas para una fórmula más efectiva, y las clásicas elevaron a la audiencia. Lo siento por sus haters. (12)

Black Gallego: Las palabras se quedan cortas para lo de los ingleses anoche. Estuvieron absolutamente maravillosos y demostraron que en directo son otro mundo. El setlist lo habréis visto ya por ahí, pero se queda corto para lo que hicieron sobre el escenario. Sirva como ejemplo la deconstruída versión de ‘Burn the Witch’, muy efectiva y más apropiada para el directo que intentar recrear la versión de estudio. A partir de ahí encadenaron las cinco primeras piezas del último disco y ni tan mal, siguió siendo una cosa muy barbara, remarcando cómo sonaba ‘Ful Stop’. Hipnótica y espectacular no hacen justicia del todo con lo que hicieron. Podríamos haber estado así perfectamente con el disco entero –por favor, Yorke, si lees esto, está tardando en hacer un Live from the Basement con este disco-.

Pero eso no era suficiente, había que reventarlo todo. Y PUM, ‘The National Anthem’. Radiohead no sólo tocaron todo un jitazo, si no que incluso lo hicieron crecer hasta alcanzar una dimensión sideral. A partir de ahí fueron encadenando magníficas interpretaciones de canciones de hubo prácticamente tiempo para todos los discos, hasta la cara B ‘Talk Show Host’. Se acordaron debidamente de su último disco con ‘The Numbers’, nos pusieron al borde de la lagrimita con ‘No Surprises’, ‘Weird Fishes/Arpeggi’ y ‘Everything In Its Right Place’ y nos volaron la cabeza con ‘Idioteque’ y ‘Bodysnatchers’ seguidas.

Tras el paripé de “nos vamos para volver luego”, los de Bristol volvieron con más arsenal para dejarnos anonadados. Llegaron a tocar dos de The King of Limbs y las dos sonaban fantásticamente, a años luz de las versiones de estudio. Durante los bises nos dejaron también con la piel de gallina y los sesos desparramados cuando nos brindaron la inmortal ‘Paranoid Android’ y la vibrante ‘2 + 2 = 5’. Y cuando parecía que no, que eso era algo con muy pocas probabilidades de suceder, lo hicieron, tocaron ‘Creep’. Todo el mundo allí presente se volvió loco, como es lógico, y creo que muy poca gente, entre los que me incluyo, se quedó sin corear el estribillo. No me hubiera importado que no la tocasen, pero tampoco me voy a quejar, fue un broche de oro impagable.

Pocas cosas que poner el en debe a esta banda. Quizá el setlist –‘Identikit’ hubiera estado muy guay, y ‘I Might Be Wrong’ ni os cuento. Además, ¿tanto follón para recuperar ‘True Love Waits’ para al final pasar por completo?- pero todos tenemos nuestro setlist ideal y casi nunca coincide con el que te tocan. Centrándonos totalmente en lo que hubo, fue el mejor concierto del festival con diferencia y, por supuesto, un concierto para enmarcar y no borrar nunca de la retina. (10)

Ferraia: Parecía que perderse el concierto de Radiohead ayer era pecado, así que aprovechando que ya los había visto opté por ver a Mascis y entrar cuando acabara el concierto. Llegué en el tercio final de la actuación y lo que me volvió a sorprender es lo bien que suenan a pesar de estar relativamente lejos. Supongo que se nota que fueron con sus técnicos y todo su equipo para que estuviera todo bien milimetrado. De hecho, después de ver en el Heineken a Explosions In The Sky y a Savages, parece que ese escenario es de los que tiene peor acústica. Pero los de Oxford sonaron diáfanos, estupendos. Se podía percibir cada detalle de los cacharros de Greenwood en ‘Idioteque’, por ejemplo. Aun así, para un grupo como ellos, esperaba que a pesar de la lejanía sonara más potente, supongo que en las primeras filas la historia era otra. Y poco después, y antes de hacerse el bis, rescataron The Bends con la majestuosa ‘Street Spirit‘. A pesar de la deriva electrónica del grupo en la segunda mitad de su trayectoria, los temas de guitarras siguen siendo de lo mejor del grupo, y el combo de ‘2+2=5’ y ‘There, There’ nos enchufó a todos. Aunque como era de esperar, el momento superior fue esa obra de arte que es ‘Paranoid Android’, y de nuevo volviendo a lo cristalino que sonaba, fue genial escuchar la parte vocal de Colin Greenwood complementando a Yorke. Y claro, todos cantando, inevitable. Aunque cuando escuchas más al fanboy de al lado que al vocalista, te entran ganas de matar. Pero sólo un poco. No tanto como el momento karaoke con ‘Creep’, que fue el momento que más emocionó al personal. Un tema que personalmente tengo aborrecido, supongo que como tanta otra gente, de tenerlo tan rayado. Hubiera preferido algo más de Amnesiac, por ejemplo, pero bueno, los sets
de la vuelta son imprevisibles, y la parte final con ‘Nude‘ fue de lo mejor del directo. En fin, que un concierto mucho más disfrutable en las filas de delante, detrás el sonido no llegaba todo lo fuerte que debería, a pesar de la calidad del mismo. Salir fue un infierno. (8)

Royal Headache

Mohorte: Tenía tantas ganas de ver a Royal Headache, de vivir las canciones en las que llevo sumergido (y aferrándome como un clavo ardiendo) durante tres años, que su actuación en el Escenario Pitchfork me supuso una ligera decepción. No total, claro, porque esas canciones lo aguantan todo, pero sí suficiente: la guitarra estaba bajísima y la voz de Shogun sonaba excesivamente enlatada. Por lo demás, bien: Royal Headache tienen semejante talento y se dedican tan bien a lo suyo que el concierto sobrevivió sin problemas (aunque, claro, no tan grandilocuente como lo imaginaba: culpa mía, imagino). (6)

The Last Shadow Puppets

Gallego: Con un repertorio algo corto por ahora, y que tampoco es que haya mejorado con su último esfuerzo, al menos es cierto que Turner y Kane cuentan con unas cuantas canciones muy efectivas para el directo. Fue en esos momentos, que resolvieron con bastante efectividad, cuando mejor funcionó su concierto. El resto fue para procesar lo que acabábamos de vivir con Radiohead. (6,5)

Black Devil Disco Club

Black Gallego: Retrofuturismo electrónico con mucha tendencia al pepinazo endiablado y a la diversión sin complejos. El francés lo tenía todo para encantarme y, efectivamente, lo hizo. La trayectoria hasta la Bowers & Wilkins (a.k.a.establo, a.k.a. Isengard) era bastante extensa, pero la recompensa al final de ella fue más que gratificante. Reventó la carpa, nos lanzó un ritmo más contagioso que el Zika y nos hizo bailar como posesos. Muy muy fino. (8,5)

Ferraia: Era uno de mis momentos más esperados del festival, así que no importaba ir a Mordor B, al establo de Bower & Wilkins. Allí nos esperaba Bernard Fevre, el visionario que se sacó como Black Devil esa obra maestra que es Disco Club, una pasada de álbum que sonó íntegro anoche. Lo actual y bien que funciona en directo hacer ver lo seminal y adelantado a su tiempo de aquél disco. Quizá el propio Fevre ni siquiera se esperaba el recibimiento que tuvo, porque estaba alucinando con las ovaciones que se llevaba tras cada tema. Allí estaba él dándole a ese disco espacial, cantando en directo con el vocoder, interpretando temas magistrales como ‘No Regrets’, que tiene unos detalles que podrían ser de 2016 perfectamente. Sobre esas bases italo que definen el disco, Fevre fue poniendo ‘We Never Fly Away Again’, ‘One To Choose’… Y la gente extasiada por el ritmo que le estaba dando al lugar. Tras pinchar casi todo el álbum se puso con un par de temas más recientes, versiones dub, y para cerrar se guardó el tema final, la gloriosa ‘H Friend’, y todos a volar. Una genuina actuación que emocionó y que movió a todos de forma infalible. Con un disco de 1978. Tremendo. (8,8)

Kiasmos

Black Gallego: Tenía buenas referencias del directo de los islandeses y su trabajo en estudio era bastante convincente. Sin embargo, la sesión que realizaron en el Primavera no me resultó demasiado llamativa, parecía que estaban pinchando ellos como podía estar allí arriba cualquier otro grupo/dj. Pocos momentos de los que te hacen moverte sin control y cierto grado de insustancialidad poco conveniente a estas horas. (5,5)

Maddama: Después de una fugaz visita al Bowers & Wilkins para bailar al ritmo de Black Devil Disco Club (¡apuntaos esto!), a las dos de la mañana pocas eran las opciones interesantes entre las que decantarse, pero Kiasmos parecieron una buena manera de continuar la jornada. Aunque se quedaron en eso, en parecerlo. Porque los islandeses, que para algunos ponen sonido a la elegancia (hola Ferraia), para otras se volvieron un tanto aburridos. Será que aún tengo que aprender a apreciar el techno, pero para esas horas, su minimalismo y su experimentación con bases cíclicas y finas, fueron la excusa perfecta para marcharse a por más cerveza. (3)

Ferraia: Sólo vi una parte de la actuación, pero su escenario estaba a reventar. Y lógico, porque su set fue elegancia pura, con temas que iban avanzando poco a poco, cada vez con más detalles, dándole una evolución sutil y elegante. No me extraña que en el Sónar del año pasado la gente saliera encantada. Ayer sólo les vi un cuarto de hora y era un oasis dentro del festival. Mientras que ya la oferta electrónica era de partir la pista de baile con ritmos abrasivos, su propuesta más reposada y con bastantes detalles que iban soltando poco a poco, me ganó por completo. (7,43)

Mohorte:

The Avalanches

Gallego: Queríamos fiesta y vaya que si nos la dieron. El que no saltó es porque estaba muerto por dentro. (7,5)

Black Gallego: Lo suyo fue de menos a más. No llegué a cronometrarlo, pero se tiraron bastante rato para arrancar de verdad. Pero luego fueron creciendo, la sesión fue adquiriendo contundencia y solidez y el desenfreno fue dominante entre la numerosa audiencia que se congregó para ver el retorno de los australianos. Cuando bordan tanto un tema como ‘Frontier Psychiatrist’ es difícil pensar en ponerles pegas. (7,7)

Maddama: Era momento de escuchar a los que tan pacientemente hemos sabido esperar durante tantos años. El que fue su primer y único disco allá por el 2000 se ha descrito como algo único en su especie. Y verlos darle vida a esos sonidos descontextualizados pero tan perfectamente unidos, fue un chute de adrenalina, lo necesario a las 3 de la mañana.. Especialmente destacable fue la segunda mitad de su concierto. Una mezcla de música disco, house, hip hop, pop, y todo envuelto en un aire de nostalgia que nos mantuvo con ganas. (8)

Ferraia: Era otro de los momentos del festival, y mi resumen general es que me esperaba algo más histórico, que nos dejara huella después de dieciséis años de sequía. Empezaron algo apagados pero después pillaron más ritmo, empezando con sampleos de distintas canciones a la vez, yendo por derroteros electrónicos, temas de su hasta ahora único disco, y bastante de hip hop, tanto en canciones clásicas como en bases que después dirigían a otros territorios sonoros. No obstante, me pareció una sesión algo irregular, aunque es cierto que el final fue excelente, con su nuevo tema y con ‘Frankie Sinatra‘ flotando en el ambiente. Durante la sección de cierre de su sesión aumentaron el pistón, con algo de Disco y voces preciosas. Pero el desarrollo de la sesión fue bastante disperso, faltó una continuidad que hubiera ido de menos a más para acabar plasmando un final épico. Y fue notable, pero no épico. Entre otras cosas porque no tocaron lo que todos estábamos esperando después de tantos años, escuchar en directo ‘Since I Left You‘. Una verdadera lástima. Por cierto, en lo visual, para todo el despliegue que hicieron días atrás con el anuncio de su vuelta, se podrían haber currado algo. En fin, que una sesión divertida por sus selecciones y por la sugestión de todos los presentes, pero quedó lejos de algo que vaya a quedar en la memoria colectiva. (7,3)

Sheer Mag

Black Gallego: No había tenido la oportunidad de volver a pisar el Adidas (a.k.a. escenario Doom), y tenía poco conocimiento al respecto de la apuesta que me llevaba allí, pero los de Filadelfia triunfaron. Su vigorizante punk/power pop fue una medicina estupenda que nos despertó a base de bien. Repartiendo sopapos en forma de guitarrazos que, además, nos dejaron una imborrable sonrisa en la cara. Más grupos así, por favor. (7,5)

Ferraia: Es jodido ser un grupo pequeño y no muy conocido al que le toca actuar a las 4 de la noche. Pero Sheer Mag fue la opción de mucha gente después del directo de The Avalanches. Y estuvieron francamente bien, con ese sonido garagístico y sus ramalazos punketas y sobre todo la voz de su cantante, con mucha personalidad. Tenían que impedir que la gente se durmiera y prefiriera ir a alguna mandanga electrónica, pero no tuvieron problema en conectar con el público y en convencer a muchos que no habíamos tenido opción de escucharles más en profundidad. Pero la sabiduría popular decía que si se podía, había que ir a verlos, puesto que todo estaban siendo buenas palabras sobre ellos. Y bastante bien, la verdad. Sin poses y con rock ‘n’ roll sobre la mesa. (7,5)

Mohorte: Lo mejor que se puede decir de un concierto es que te entren ganas de sumergirte en toda la discografía del grupo. Y eso es lo que nos pasó cuando aparecimos por el Adidas a las tantas de la madrugada habiendo amortizado largamente el día tras el concierto de The Avalanches: allí estaban Sheer Mag petándolo de forma desmesurada y tocando la clase de Rock ‘n Roll de corte clásico, pero con la conveniente coartada Punk, que gana corazones sin esfuerzo. Eran las tres de la mañana, estábamos acabados y, pese a todo, Sheer Mag se las apañaron para agarrarnos por el cuello y dejarnos allí hasta una hora más tarde. Yo ya estoy poniéndome al día con ellos. (8)

Maceo Plex

Maceo-Plex

Black Gallego: Gasolina para aguantar un rato más. El americano se sacó de la manga una sesión para fumar en pipa, repartiendo estopa y bombas electrónicas de alto calibre. Aunque estuvieras medio muerto, te querías meter. Aunque tus pies te estuvieran diciendo que conviene que te vayas marchando a casa, tu cabeza te obliga a estar un rato más para petarlo. Y es que petarlo es el calificativo más adecuado para lo de Maceo Plex anoche. (8,2)

Maddama: A las 5 de la mañana solo se le puede hacer caso a Ferraia. Y Maceo Plex era una visita obligada. Él ordenó y nosotros obedecimos. Porque las noches hay que terminarlas bailando electrónica y con las gafas de sol puestas. (7)

Ferraia: Una salvajada la sesión de Plex. De él esperábamos grandes cosas y eso es lo que hizo. Era la hora de poner patas arriba el Ray Ban y sus producciones techno hacían presagiar un set para dejarte del revés. Su técnica en los platos, jugando con temas propios y con la base de otros, por ejemplo del ‘Love is Gonna Save Us‘ de Benassi son sólo un ejemplo de lo bien que fluyó su actuación. Eso, Depeche Mode, los que llegaron hasta el final parece que hasta escucharon a The KLF… Contundente y con bastantes sorpresas en su set, una selección de muy buen gusto en la que se cerró con acid, techno, synth y lo que hiciera falta. Don Maceo te lo daba caliente. (8,5)

  • Yoin Rune

    Sheer Mag, lo mejor de todo el cartel. <3