Atlantic Fest 2016: héroes inesperados y programación discutible

Sin el foco mediático, Álex Díez acabó dando el mejor concierto del festival

cooper

Cambiaba el nombre. El Festival do Norte ha dado paso al Atlantic Fest. Pero no solo eso. La propuesta al completo del evento ha sufrido un considerable retoque en esta edición, en la que el viernes se guardaba tan solo para conciertos de bandas gallegas en las tascas de la Illa de Arousa, y para que Niño de Elche se encargase de llenar el auditorio del lugar. Nosotros no estábamos allí para contarlo, así que solo os podremos hablar de la jornada del sábado, en la que desde bien temprano se desarrollaba el grueso del festival.

La primera conclusión, que ya se antojaba como posibilidad incluso antes de pisar el recinto, es que el hecho de que los asistentes a festivales empecemos a contar ya con unos cuantos años, y que el relevo generacional no parezca aparecer trae consigo la figura emergente del niño. Muchos acompañaban a sus padres, principalmente durante los primeros conciertos de una jornada que cortaba la cinta con unos Be Forest que, a la hora del vermut, no consiguieron atraer a demasiado público. Animosos y con una propuesta realmente atractiva, plagada de guitarras oscuras y bastante carisma. El trío italiano no encontró apoyo a las doce de la mañana, y probablemente hubiese sido más acertada la opción de arriesgar con unos novatos colocándolos al inicio de la noche.

Así que el primer plato fuerte, aquel que ya sí consiguió un quorum enormemente aceptable habida cuenta de que eran las dos de una preciosa tarde fue Nacho Vegas. El asturiano vino acompañado de guitarra, percusiones y un numeroso coro que, como sabéis, lleva acompañándolo en buena parte de la gira de su Canciones populistas. Ukelele en mano pasó la mayor parte de un agradable concierto que tuvo precisamente en sus últimos trabajos los grandes protagonistas. ‘Runrún’ o ‘Soy un liberal’ parece que pueden colarse ya entre los clásicos de Vegas, teniendo en cuenta la reacción del público, que agradeció especialmente el bis con ‘El hombre que casi conoció a Michi Panero’. Porque los jits son los jits. Quizás no sea este Vegas el que más me atrae, y servidor eche de menos los inicios de su carrera en solitario. Pero es justo decir que este hombre nunca falla.

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Tocaba comer, y aceptar que Xoel López cuenta con una propuesta que no nos despierta especial interés, así que para el postre quedó Cooper. Bueno, Cooper a medias. Álex Díez aprovechó la tarde para desempolvar unas cuantas canciones de Los Flechazos, y clasicazos como ‘La chica de Mel’, ‘A toda velocidad’ o ‘Viviendo la era pop’ se dejaron ver en un setlist magnífico. El leonés dio un recital digno de levantar a un muerto, lleno de emoción, buen rollo y carisma. Para cuando ‘Cerca del Sol’ se asomó cerca del final, allí solo los muertos por dentro mostraban alguna duda. Héroe inesperado, si atendemos al tamaño de la fuente de los artistas en el cartel. Pero que no se contase con él como vencedor absoluto no quiere decir que no lo fuese a posteriori.

La efervescencia que dejó en el ambiente Cooper se diluyó pronto tras la llegada de Tindersticks. Stuart Staples y los suyos estuvieron muy correctos. Por que lo son. Son correctos al máximo. Elegantes. Enormemente profesionales. Con un sonido casi perfecto y una factura musical inapelable. Y además Staples canta como le da la gana. Pero tanta corrección no fue suficiente para lograr emocionarme, cosa que sí habían logrado (al menos conmigo) en algún otro concierto en el pasado. Quizá no sea un festival veraniego, con una tarde soleada, el mejor marco para verlos.

Como seguramente no era el mejor momento para colocar a un José González que venía sin banda las 11 de la noche. Uno se pregunta si meter al principal reclamo del cartel (o uno de ellos) en horario matutino hubiese sido demasiado arriesgado, pero desde aquí parece que a lo mejor la apuesta tendría cierta recompensa. Con todo, el sueco consiguió montar un concierto más que destacable, sobreponiéndose a la adversidad obvia. No desmereció nada su actuación en directo a Vestiges & Claws, el disco que ocupó casi todo el repertorio. De hecho, a pesar de la hora y de tocar sin banda, consiguió mejorar la versión de estudio. En todo caso, disfrutando lo que fue, uno echó un poco de menos lo que pudo haber sido.

Este año no llovió, pero el viento que azotó por la noche estuvo a punto de reventar la fiesta a más de uno, sobre todo después de las altas temperaturas que acompañaron la jornada diurna. Algo más que fresquete atacaba ya cuando saltaron Temples a cerrar el escenario principal, por suerte preparado contra los elementos con una buena carpa. Aun así, y a pesar del puntazo que se apuntó la organización trayéndose a estos tipos (alegría inesperada del cartel), al final creemos que decepcionaron un poco. No todo se consigue con grandes temas como ‘A Question Isn’t Answered’, hay que conseguir traducirlos bien al directo y la verdad es que aquello no acabó de funcionar del todo y en más de un momento el sonido fue una pelota un poco indigesta. Quizá fuera nuestra ubicación. O no.

Así que, por resumir esto un poco, lo mejor fue lo menos esperado, y lo que esperábamos que fuese la leche, no lo fue tanto. En todo caso, parece que este nuevo concepto de festival ha llegado para quedarse, y una vez los enanos de casa vayan creciendo, a lo mejor hasta lo agradecemos.

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