El tamaño sí importa (LXXXIV): ‘Let’s Call It Love’, de Sleater-Kinney

Once minutos que ejemplifican una de las evoluciones más interesantes de las últimas décadas.

Sleater-Kinney

Ser fiel a unos principios, a los ideales que te mueven desde que tuviste la conciencia y el raciocinio para elaborar tu propia personalidad, más allá de las imposiciones de tus figuras paternas. Sí, es importante mantenerte firme con ciertos aspectos que conforman tu vida, pero algunos no tienen tanta perdurabilidad y, llegados a cierto punto de la vida, dejan de tener sentido. Toca evolucionar. Porque hay que saber elegir las batallas que uno disputa, mantenerte férreo con aquello que sabes que puedes conservar e ir cediendo en otros aspectos. Por mucho que nos guste hacer o mantener cosas de cuando teníamos veinte años, hay cosas que con cuarenta o cincuenta y tantos tacos ya no se pueden hacer.

En ese sentido, pocos grupos han comprendido tan bien esa necesidad de ser fiel con ciertos ideales pero saber reciclar otros como Sleater-Kinney. Suya es una de las evoluciones más paradigmáticas e interesantes de la cultura pop más reciente, siendo abanderadas del estilo riot grrrl pero sabiendo dejar atrás el punk acelerado y directo cuando sus circunstancias se volvieron diferentes. El indie rock hacia el que avanzaron quizá no era el más revolucionario, pero sí de los más sugerentes y es lo que les ha permitido mantenerse vigentes incluso con su retorno tras diez años con No Cities to Love (Sub Pop, 2016), mientras que a otros grupos coetáneos suyos cuesta recordar en qué están metidos en estos momentos, o si están en activo siquiera. Eso es debido, primero, a que ellas eran más talentosas e imaginativas con sus posibilidades que el resto y, segundo, porque tener un dúo de guitarristas como Carrie Brownstein y Corin Tucker te da muchas alas y te abre muchas puertas.

Como ejemplo más claro y explicativo de lo que intento decir está la protagonista de la sección de El tamaño sí importa de esta semana. Para ello tendremos que remontarnos a hace más de una década, cuando lo que estaba por venir por parte del trío se acercaba más a la despedida que a otra cosa. Y, sin embargo, sacaron el disco donde su versión indierocker alcanza su grado más puro y más notable. The Woods (Sub Pop, 2005) fue un disco llamativo, curioso y atrevido donde sus guitarristas exploran más con sus instrumentos y, aparte de entregar una buena tanda de canciones pop, nos dejan esfuerzos tan mastodónticos como sus dos últimas piezas, separadas en el disco pero tocadas juntas en su grabación.

Pero es en esos once minutos que dura ‘Let’s Call It Love’ donde se desatan por completo, donde sus guitarras suenan imponentes, libres, con un lejano eco de Black Sabbath alojado en su ADN, con el adecuado acompañamiento de Janet Weiss a la batería que aporta siempre lo que hace falta, sea más punk o más pesado. Pero pasados los cinco minutos es donde se libera todo el desparrame, las guitarras fluyen, llenan la habitación, pero también arañan, destrozan lo que se les interponen. Una demoledora jam de guitarras puramente underground noventero que te tiene que epatar a la fuerza.

  • Israel

    Solo superadas por Sonic Youth, la dignidad artística hecha banda

  • Clara García

    Acabo de subir mi nueva cancion escrita y compuesta por mi a Youtube🎧🎤Me harias un gran favor si le dieras like y compartieras el video👍🏻😊Además si quieres seguir escuchandome subscribete a mi canal 😋😘
    Mis redes sociales si quieres seguirme son:
    Twitter @_natbad
    Instagram @nataalyy
    C.YouTube Natalia López
    👐🏻👐🏻👐🏻👐🏻👐🏻👐🏻👐🏻
    https://youtu.be/wWRxtCf33z8