El tamaño sí importa (LXXXVI): ‘Halcyon + On + On’, de Orbital

Un tema tan sublime que tuvieron que ponerlo en el final de Mortal Kombat

Orbital

Hay veces que deseo muy fuerte que quememos esta sección, básicamente por el momento de la elección. Siempre suelo alternar una guitarrera con otra electrónica, y en este ámbito, como bien sabéis, hay temas, clásicos y joyas escondidas para dar y vender. Quizá para cuando la sacrifiquemos ante nuestro Señor sea una playlist interesante la de jits electrónicos largos. Hasta que lleguemos a ese sacramental momento, he de seguir rellenando esto, así que nunca está demás venir a compartir esos pasajes que te siguen poniendo el vello de punta a pesar de las veces que lo escuches. Así que hoy toca regresar a la vieja escuela. A Orbital.

Oldie, but goldie.

De todos los artistas electrónicos de las últimas décadas que se han retirado, quizá uno de los que más pena me dio fue el de los hermanos Hartnoll. Y eso a pesar de la decadencia que mostraban en su último disco, en una última batalla que librar contra las nuevas tendencias electrónicas que estaban al alza. Perdieron. Pero se lo perdoné, porque Orbital me han brindado muchos momentos de felicidad en algunos festivales, con sesiones en las que combinaban su buen gusto e sorprendentes improvisaciones con algunos de sus clásicos atemporales. Volver a ellos hoy sigue siendo una maravilla. Hablar de Orbital es hablar, pues, de ‘Halcyon + On + On‘, su pieza cumbre, publicada en el Orbital [Brown Album] (Internal, 1993). En aquellos años de vanguardia y de subestilos que estaban en pleno desarrollo, los ingleses mostraban una electrónica capaz de adherirse al acid, a la orden del día, y moverse en terrenos mucho más accesibles, livianos, bonitos, de los que tocan directamente a tu cerebro, en plena abstracción. El momento era historia de la electrónica.

A pesar de la sensación de escapismo, de relajación, de viajar a paisajes que no existen y que dibujan ‘Halcyon + On + On‘, este tema de casi diez minutos es algo más que unas simples buenas vibraciones. En ella y su colorida capa de ambient jalonada con el perfecto sampleo de la voz de Kirsty Hawkshaw —de aquél jitazo de Opus III—, está ese toque techno que siempre tuvo Orbital. No sólo el que tenía aguijonazos de acid en sus temas, también esos bombos que, aunque menos agresivos, tenían la marca de Detroit incluida en sus raíces. Aquellos años eran de continuo feedback entre la electrónica y principalmente el techno, de EEUU y Europa. Con ese material y la importancia que Orbital tuvieron para la electrónica británica, sumergidos todos en pleno espíritu ravero, lo tenían todo para componer esos clásicos atemporales por los que hoy les echamos de menos y que siempre se agradecían para vivirlos en directo. Por temas como este Halcyon.

Me gusta el chunda-chunda.