Festival Sinsal Son EG 2016: para disfrutar con los cinco sentidos

La pequeña gran cita que nunca más te debes perder

sinsal

Un año más, no pudimos resistir la tentación de acudir a una de las citas más especiales que nos ofrece la programación musical actual. El Festival Sinsal Son EG, que muchos ya conoceréis, es una experiencia musical única, pensada para hacernos disfrutar con todos los sentidos. Para los que aún estéis un poco perdidos, el festival se celebra en la isla de San Simón, en frente de Redondela, y su carácter tan especial viene dado, además de por su espectacular ubicación, por su cartel secreto, que el público no descubre hasta que desembarca en la isla.

La intachable trayectoria del Sinsal, les permite seguir contando con toda la confianza del público y conseguir agotar las entradas aún sin dar ni una sola pista de los nombres que pisarán la isla. Por primera vez este año, no han querido desvelar nada que nos pudiese ayudar a hacer nuestras apuestas, aunque echándole un ojo al cartel del Milhoes de Festa, que se celebra durante el mismo fin de semana en Barcelos, uno siempre puede acertar bastante. Haciendo caso a su principal premisa, otro año más el Sinsal nos ha permitido disfrutar de una forma sugerente y atractiva, de nombres desconocidos e inéditos en España, llegados de los cinco continentes y dispuestos a convertirse en autores de referencia en nuestra propia biblioteca musical.

Sábado 23: Come, come quickly, come

El tiempo acompañó durante las tres jornadas del festival, con un sol espléndido que era el mejor compañero para las cervezas, los mojitos y ese entorno tan bucólico que nos rodeaba. Durante el viernes, aunque nosotros no nos dejamos ver por la isla, el pop-folk barroco y psicodélico de Marc Jonson, presentando la reedición de su tan venerado como olvidado primer álbum Years y el lenguaje electro-pop que llegaba desde Normandía con We Are Match, fueron las propuestas de mayor éxito. O eso es lo que nos cuentan.

Ya el sábado, desembarcamos en la isla un poco antes de la una del mediodía. Con olor a salitre y una pequeña brisa se fueron descubriendo los primeros acordes del día. Sonaban Extraperlo desde Barcelona, presentando su tercer disco Chill Aquí, con unos ritmos decadentes y bailables y la intensidad perfecta para abrirnos apetito con esos hits que no quieren serlo como ‘Algo distinto’. Ya con el ritmo en las venas, cambiamos de escenario poco después de las dos para dejar que la exuberancia de Eska nos invadiese. Desde Reino Unido, la ganadora del Mercury Prize 2015 al mejor disco del año, incendió el escenario vestida de riguroso negro, descalza y moviendo cuerpo y melena como una auténtica fiera. Folk, soul y jazz mezclado y agitado con intensidad desmesurada. Para la hora de la comida, optamos por escaparnos al Mirador de San Simón y disfrutar del espacio de Músicas Escondidas. Guitarra en mano, Skylar acompañó con su finísima voz el momento más relajante de todo el día, con el mar dejándose oír de fondo. Al igual que se dejaban oír los ritmos de batalla y la retranca de Malandrómeda desde el Escenario Buxos. Los gallegos hicieron bailar a todo el público con su descarado rap. Llegamos en los últimos minutos (los habíamos visto unas noches atrás en Santiago de Compostela), pero eso nos bastó para ver que no dejaron que nadie bajase la guardia.

eska

Ya entrada la tarde, llegaba una de las grandes propuestas del día. Un jovencísimo Ryley Walker presentaba Primrose Green acompañado de su banda, con la que desenvolvió un brillante ejercicio de folk con tintes de jazz e improvisación. La reencarnación del auténtico guitarrista estadounidense, como muchos lo consideran, nos convenció con sus melodías acústicas, mezcla brusca y calmada a la vez, tan atrevido como convencional. Nada convencional fue la formación de los siguientes protagonistas. Sons of Kemet, el proyecto de percusiones y metales del saxofonista Shabaka Hutchings, fueron una de las mejores sorpresas del día. Una explosión musical con dos baterías, una tuba y un saxofón que nos hizo vibrar a todos con los vivísimos ritmos de su segundo disco Lets We Forget What We Came Here To Do.

Sons of Kemet fueron una de las mejores sorpresas del día. Percusión y metales fundidos en una explosión musical con dos baterías, una tuba y un saxofón que nos hizo vibrar a todos

Llenos de euforia, llegamos al Escenario San Antón New Balance y Juana Molina solo tuvo que entonar los primeros acordes de ‘Eras’ y su come, come quickly, come para cautivarnos con la magia de su directo. Su último disco Wed 21 está lleno de recursos electrónicos y cadencias hipnóticas que envolvieron sus temas de pop futurista suave e intranquilo. Ella, tan natural sobre el escenario, se convirtió en una de mis favoritas (y la de muchos otros, recibiendo los gritos de bis del público al terminar su concierto). Todos estábamos animados y con muchas ganas de seguir bailando, era el momento de que la escena electrónica tomara las riendas de la tarde. Poco más tarde de las ocho, todo el público obedecía las órdenes de Dan Deacon sin caer nunca en el agotamiento. Fuerza, cachondeo, placer. El perfecto estado de agitación disfrutando del caos, que encontró el mejor relevo en las manos del chileno Matías Aguayo, quien demostró que la libertad y la valentía de no seguir referencias a la hora de crear música de baile es la premisa que mejor funciona. Con una sesión de casi dos horas, despidió a los primeros en abandonar la isla y acompañó a los que esperamos hasta el final. Era hora de volver a casa pensando en un domingo lleno de más sorpresas.

matías aguayo

Domingo 24: la música, la vida

Es ya bien sabido que la tercera y última jornada del festival está pensada para disfrutar también en familia con los más pequeños. La isla se llenó de los que esperemos tomen el relevo de estos eventos. Para abrir la jornada, de nuevo a la una del mediodía, Joan Miquel Oliver, guitarrista y compositor del ya desaparecido Antònia Font, nos contagió de espíritu mediterráneo con la cotidianidad y simpleza de sus letras y su música. La mezcla perfecta para ir entrando en calor antes de que Ryley Walker y Juana Molina volvieran a subirse al escenario para encandilar a los nuevos y seguir convenciendo a los que ya habíamos disfrutado de ellos el sábado.

bixiga70

Ya bien entrada la tarde, Bixiga 70 hicieron temblar la isla con su afrobeat recién llegado de Sao Paulo. Diez músicos sobre el escenario encandilaron a un público entregadísimo a los ritmos afro-brasileños, la samba y la cumbia. Con tremendo frenesí en el cuerpo, el misterio y la melancolía de Domenique Dumont no acabó de convencernos, siendo una de nuestras pequeñas decepciones, a pesar de sus intentos de hacernos bailar y soñar. Se acercaba la puesta de sol y llegó el turno de Ala.Ni que desde Reino Unido y como un auténtica diva de los 50 trajo consigo la calma (aunque aún no la estuviésemos buscando) y nos dejó a todos con la boca abierta. Acompañada de un arpa y unos escuetos acordes de guitarra, solo necesitaba susurrarnos y acariciar nuestros oídos con su tono puro y perfecto y sus sutiles movimientos sobre el escenario. Con el corazón encogido después de lo que acabábamos de escuchar, Islam Chipsy & EEK llegaban desde Egipto y nos arrebataron la calma de un plumazo sin darnos tregua. La gran revelación de los sonidos electrónicos de Oriente, como así nos los presentaron, ofrecieron una sesión hipnótica con teclado y dos baterías que nos mantuvo a todos agitados y con el ritmo corriendo por todo nuestro cuerpo. Despidiendo de nuevo a los primeros en marcharse y acompañando a los que queríamos aprovechar hasta el último segundo de Sinsal.

Y así pusimos cierre a un fin de semana de puro goce, de música, de vida. Pensando en lo que traerá consigo el próximo Sinsal, que sin duda nos dejará con buen sabor de boca. Nos vemos en San Simón.

Fotografía: Óscar Carreño