Los Planetas y su viaje a la Alpujarra para recuperar fuerzas [Camino al Low 2016]

Aunque no lo parezca, la carrera de los Planetas siempre ha orbitado alrededor de Antonio Arias y Enrique Morente. Consecuencia de esto fue La Leyenda del Espacio y el póstumo homenaje al maestro granadino.

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La primera parte de la pasada década fue un tanto complicada para Los Planetas, la banda más icónica de la escena independiente nacional. Seguían en la cresta de la ola, disfrutando de un estatus inalcanzable para una banda española desde la separación de Héroes del Silencio, pero veían como sus discos comenzaban a ser rutinarios, sus composiciones ya no conectaban con una generación ansiosa de himnos que describiesen su cotidianeidad. Los granadinos comenzaban a transitar por esa horrorosa etapa conocida como “la del piloto automático”, y demostraron su grandeza prefiriendo salirse por la tangente de forma inesperada.

Acudiendo a la biografía de la banda, a sus referencias geográficas y a los nombres que siempre les habían rodeado, era algo sencillo imaginarse cuál iba a ser el camino escogido, pero si acudíamos a lo que habían venido haciendo y lo que se suponía podrían prometer, era casi obligado pensar que los tiros iban a ir por otro lado. Nadie hasta ese momento había tan siquiera planteado referencialmente la posibilidad de que la psicodelia y la vertiente más pausada y experimental de uno de los grupos más importantes de nuestra historia pudiesen casar con nuestro folklore, pues parecía inverosímil (claro, que luego llegó Niño de Elche y pues eso) sobre el papel e inencajable sobre el libro de composiciones.

Sin embargo Jota y compañía parecían tenerlo claro y quién sabe si el fichaje de Eric Jiménez, el encargado de las baterías y percusiones en el seminal Omega (El Europeo, 1996), fue causa o consecuencia. El caso es que tras la medianía que fue Los Planetas contra la Ley de la Gravedad (RCA, 2004), Los Planetas se presentaron en 2007 con una de las mayores sorpresas que nos ha dado la historia musical reciente española, con un álbum que fue difícil de comprender para un muchos entre los que me hallo como firmante de este artículo, pero de una grandeza arrebatadora, con unos cimientos tan sólidos como sólida ha sido siempre la carrera de un maestro como Enrique Morente (ay).

En 2007 Los Planetas expandieron su universo tomando un camino esperable geográficamente pero inesperado si atendemos a su pasado musical

El cambio de rumbo tenía mucho de dirección forzosa por cuestiones de esencia y geográficas, pero reducir su impacto solamente a la inevitabilidad del ser sería menospreciar su impacto y su factura. Y lo mejor de todo es que no se quedó en un solo y aislado ejercicio, sino que permitió expandir un universo que no ha hecho sino agrandar aún más la leyenda (y no me refiero solamente a la del Espacio).

El folk como elemento renovador, no deja de ser curioso, pero siempre se acaba acudiendo a él.

Morente, el eje gravitacional

La presencia de Antonio Arias como productor del primer EP de Los Planetas es hoy mucho más que la anecdótica ayuda que antaño se pensaba, ya que la escena granadina siempre ha vivido bajo el influjo de sus grandes nombres. 091, Lagartija Nick, Enrique Morente, juntos e incluso revueltos, el espejo en el que mirarse para cualquier joven de la ciudad de los árabes y la blanca montaña. Todos han acabado confluyendo antes o después, y todos lo han hecho con el maestro Morente como eje gravitacional, con sus ansias por resquebrajar las fronteras del inexcrutable flamento como motor de una mezcolanza que ha dado alguna de las páginas más brillantes de la historia musical patria.

A pesar de las evidentes diferencias entre Los Planetas y Lagartija Nick y Enrique Morente, los dos últimos nombres siempre han orbitado alrededor de la carrera de los primeros

El caso es que tras la primera ayuda de Antonio Arias, Los Planetas emprendieron un camino que poco tenía que ver tanto con el rupturismo de Morente a pesar de que el impacto de Omega ya estaba a punto de llegar como con el aura experimental y transgresor de Lagartija Nick. Jota y compañía parecían más una banda inglesa que andaluza, y funcionaron como una apisonadora hasta el año 2002, cuando las ideas empezaron a flaquear aparentemente agotada la fórmula shoegazekraut con pinceladas de desamor, odio y bilis adolescente.

La carrera de Los Planetas necesitaba un punto de inflexión pues había comenzado la trayectoria descendiente, y ahí es cuando dejaron de mirar al norte para mirar al pasado y mirarse a sí mismos. “Últimamente lo que más escuchamos es flamenco” reconocían en todas las entrevistas que daban en la época, y como siempre pasa, esa sobredosis de folklore, raíces y esencia tenía que salir por algún lado. También reconocían que necesitaban volver a divertirse de nuevo, pues decían sentirse encerrados en un indie rock en el que ya sólo seguían por obligación. A priori era bastante fácil esperar poco del ejercicio pues, como he dicho antes, la ecuación parecía irresoluble y Los Planetas una banda ya ahogada en el mar de la rutina. Pero el resultado fue impecable, fue impactante y, aunque no todos estéis de acuerdo, fue rompedor.

La Leyenda del Espacio (RCA, 2007) fue y es mucho más que un simple homenaje al seminal La Leyenda del Tiempo (Polygram, 1979) de Camarón de la Isla. Fue la primera vez que una banda de Rock se transformaba en una banda de flamenco que quería llevarse el flamenco al Rock. Esto puede parecer enrevesado, pero también permite marcar distancia con lo que, por ejemplo, habían hecho años antes Triana. De hecho ellos mismos dijeron que La Leyenda del Tiempo había abierto el Flamenco al Rock y eso podía suponer ignorar a Triana, pero claro, es que a pesar de la evidente conexión entre el flamenco y el rock en el Prog andaluz, toca reconocer que lo que acababan de hacer Los Planetas no tenía absolutamente nada que ver con lo que había hecho la banda de Jesús de la Rosa.

¿Qué podemos esperar hoy de Los Planetas

Nueve años han pasado del lanzamiento de la Leyenda del Espacio y uno no puede evitar ser algo escéptico a pesar de aquello y de la factura de otros ejercicios cercanos al flamenco como fueron la posterior Ópera Egipcia (Octubre, 2011) o el primer disco lanzado bajo la etiqueta de Los Evangelistas en comunión con Lagartija Nick y la inestimable ayuda de Soleá Morente. Y digo escepticismo porque a pesar de que no han parado de cerrar bocas, también es cierto que Los Planetas siempre han sido una banda con una nube de pesimismo ceñida a sus cabezas: siempre dando la talla, pero siempre pareciendo anunciar que el final está cerca.

El caso es que en estos últimos doce años los granadinos han hecho de todo menos invertir tiempo a la banda que nos interesa, o al menos esa es la impresión. Proyectos en solitario, colaboraciones, cinco años de espera para lanzar un EP con tibio resultado a pesar de la entusiasta opinión que algunos tuvieron en esta casa… Los Planetas se plantan en pleno 2016 convertiros en una banda de culto a pesar de que nunca han llegado a retirarse, sobreviviendo a los continuos malos comentarios sobre su directo y siendo conscientes de que, ahora sí, tienen más campo recogido del que les queda por sembrar.

A pesar del halo de pesimismo que les ha rodeado, Los Planetas siempre se han sobrepuesto a la adversidad

¿Significa esto que están muertos? Ni mucho menos, y a pesar del empeño de otro sector de opinión en esta casa. Jota y compañía ya han sobrevivido a situaciones más negras que esta y lo han hecho con discos inolvidables, demostrando que a pesar del halo de pesimismo que siempre les rodea son una banda que se crece en la adversidad. De momento este fin de semana van a encabezar uno de los festivales más importantes del verano, y es posible que sobre el escenario den pistas de lo que va a ser su próximo movimiento.

Yo no me lo perdería no sea que tengan preparada una de sus sorpresas. Aunque claro, si van a seguir jugando con los palos del flamenco y homenajeando a este ídolo común que se llama Enrique Morente tampoco vamos a poner pegas. Al final, con Los Planetas la única certeza que podemos tener es la voz de Jota y que no hay forma de matarles. Todo lo demás es una historia que se reescribe continuamente, a pesar de que el final cada vez está más cerca. Veremos cuál es.

** Contenido ofrecido por el Low Festival. En Benidorm, entre los días 29 y 31 de julio.

Esas bombas nucleares están cogiendo polvo.

  • Siempre les he tenido en alta estima, pese a que mi enganche e interés ha ido decreciendo y transformándose en una especie de recuerdo-bonito-pero-poco-más con el tiempo. No lo llamaría nostalgia, pero por ahí irían los tiros. También que mis actuales gustos van por otros derroteros bien distintos.

    No me tiembla la mano al afirmar que, si bien no lo escucho desde hace más tiempo del que a priori pueda creer, por aquello de que mejor no remover lo que a buen recaudo está, ‘La Leyenda del espacio’ es su mejor disco. O al menos el que más sustento y pensamiento tiene.

    ‘Una ópera egipcia’, por el contrario, me parece un churro insulso salvo momentos concretos.

    Pero vaya, que les tengo cariño. Y algo de ganas, que no les he visto nunca en directo.