Ash Koosha – I AKA I

Los iraníes también lo explican bien

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Meterse en un disco de IDM siempre suele ser una experiencia interesante, dentro del cajón desastre que permite la apertura a cantidad de estilos y deformaciones, hay artistas que juegan mucho con sonidos que se deconstruyen y que después vuelven a su sitio original. Ese amplio abanico en el que parece que casi todo vale es el que ha abierto el iraní (sí, IRANÍ) Ashkan Kooshanejad, más conocido como Ash Koosha. Su segundo largo, I AKA I (Ninja Tune, 2016) es una puerta a una embellecida experimentación de la que cuesta salir.

El buen ojo de Ninja Tune

Y cuesta salir gracias al talento que rezuma en cada arista, algo que han sabido ver en Ninja Tune, sello en el que ha debutado este año con un disco que transita entre las clásicas rupturas de la IDM pero que además se cruza con el glitch hop, sampleos y huellas de música tradicional de la región de Koosha. Un compendio de características que le acercan a ritmos rotos que se balancean de una forma similar a la de Arca y que también recuerdan a los de Holly Herndon por esa ruptura constante de la melodía.

En la recta final el álbum se difumina algo en parte porque pierde casi toda la retahíla de breaks y muchos de los recursos que se van desencadenando en cada corte, dejando sólo un halo ambiental y reposado, como si ya se hubiera agotado toda la energía anterior. Aunque en global, se trata de un notable trabajo, que por supuesto supera a su antecesor, este es más rico en texturas y supone un salto cualitativo, algo que se percibe desde los primeros instantes. En ‘Ote‘ escuchamos esos retorcimientos de experimentación que parecen básicos en el estilo y ya en ‘Feather‘ tenemos esa introducción del glitch hop, con unos beats primaverales que ya se preveían con la portada del álbum.

Romper canciones también es bonito

La principal baza del iraní, más allá de las bases de percusión, breaks y detalles, es su sentido de la melodía, su capacidad para romperla o para dibujar una fina línea que va sorteando todos los altiplanos que llegan desde la raíz de la canción. De esos esquemas salen perlas como ‘Biutiful‘ —puro Arca— o las bellas interrupciones glitch de ‘In Line‘. Esa capacidad para dibujar bonitas figuras, vía sampleos o vocales de las que pueden dejar helado como ‘Hex‘, hacen de Ash Koosha uno de los productores en los que marcar en rojo para ver la trayectoria y todo lo que tiene por delante. La elegancia de sus bailes sonoros va cada vez más en aumento, como se ve en la diferencia que hay entre este I AKA I y Guud (Olde English Spelling Bee, 2015).

7.5/10

En resumidas cuentas, un gran fichaje de Ninja Tune, que sigue siendo un sello de referencia gracias a incorporaciones como esta. Quizá el único pero a este segundo largo del iraní es ese final más flojito y la falta de más vocales, ya que aunque no son imprescindibles, los pocos temas que los tienen, por los filtros que llevan, hacen las canciones más completas. Aunque mientras no desaparezca ese rastro geográfico natal en ‘Mudafossil‘ o ‘Shah‘ y las deconstrucciones sigan adelante, seguirá facturando buenos discos como este.

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