David Bowie – The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars (1972): el mejor falso artista de todos los tiempos

Nadie lo discutirá: uno de los mejores discos del siglo pasado

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Hay cosas que trascienden los personalismos. Que echan por tierra aquello de “cada uno tiene sus gustos”, o que nos permiten mandar de una vez por todas a tomar por culo la necesidad de tener que aclarar que, cuando soltamos una frase lapidaria, en realidad solo estamos expresando una opinión, aceptando que cualquier otro pueda opinar de forma distinta. No. Hay gente a la que uno puede encontrar atractiva, mientras el de al lado dirá que le parece que tiene el encanto de una ameba. O lo que para mí puede resultar un cuadro conmovedor y fascinante, para mi acompañante en el museo puede resultar una obra que haría el hijo de su vecino, de tres años de edad, si le dejas a solas en una habitación con unos cuantos cubos de pintura y escasa supervisión paterna. Pero hay otras cosas que no. Que son. Que simplemente son, sin debate ni contraposición posible.

Una de esas cosas que son, incluso para aquellos que somos un pelín menos fans de Bowie de los que sería justo ser, es The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars (RCA, 1972), el quinto disco de David Bowie y, seguramente, el primero que lo lanzó a un definitivo estrellato mundial. Uno de los mejores discos del siglo pasado. Para mí, para el vecino e incluso para todo aquel ser que pasaba por allí y que, en pleno 2016, todavía no lo ha escuchado. Simplemente, es.

Bowie escupiendo escándalo y honestidad en una noche de verano

Hemos tardado casi nada, un suspiro, cinco meses concretamente, en afrontar la revisión de este disco. El que llegaba tras el primer gran trabajo de Bowie, Hunky Dory. Uno de esos discos en los que, tan solo con enunciar, una tras otra, las canciones que forman su tracklist, sería suficiente para cerrar la carpeta, soltar un “ahora me decís cuántos discos en la historia se acercan a esto” y marcharse con cara de soberbia. Sin inmutarse ni tener miedo al error. Sabiendo que fallar sería imposible y que, con certeza, nadie podría reprochar ni uno solo de los segundos de oro acústico que reúnen esos 38 minutos para la historia.

Por entonces lo pura y estrictamente musical a Bowie ya se le quedaba corto. Se intuía, se sabía más bien, que aquí había un artista que probablemente trascendiera su generación, y la siguiente, y la otra… Así pues, en su segundo disco con una multinacional, decidió inventarse un personaje que rozaba lo absurdo y dejaba corta la definición de transgresor. En 1972 llegaba a las vidas de los allí presentes un extraterrestre antropomorfo de identidad sexual cuando menos misteriosa que respondía al nombre de Ziggy Stardust, y que prometía ser una estrella del rock en el lugar del que provenía. Seguramente solo con eso sería suficiente para que la mayoría de profesionales recomendase a Bowie que abandonase el consumo abusivo de LSD e intentase reconducir su vida. Pero en este caso había un plan. Infalible.

Ziggy revolucionó la tranquila vida de los británicos una noche del verano de 1972 en un Top of the Pops con imagen de ambigüedad sexual y presencia escénica enormemente impactante que todavía muchos recuerdan

Ziggy Stardust nace, en realidad, durante la gira de presentación de Hunky Dory por todo el mundo, y parece obvio que la presencia en Japón tuvo mucho que ver, al menos en la estética. Tras él vinieron muchos personajes creados por Bowie en sus discos, mucho más allá de las meras composiciones musicales. Algunos con más éxito, otros fueron cagadas relativamente grandes. Pero hasta cagándola Bowie lo hacía bien. Ziggy revolucionó la tranquila vida de los británicos una noche del verano de 1972. Concretamente en un Top of the Pops del 6 de julio de aquel año, en el que la imagen de ambigüedad sexual y presencia escénica enormemente impactante quebró la calma de los hogares en una noche que todavía muchos recuerdan. Ian McCullogh comentaba tiempo después que en su clase, al día siguiente, no se hablaba de otra cosa, siendo los comentarios mayoritariamente negativos hacia el marica aquel. McCullogh, por contra, refiere que Bowie consiguió hacerle sentir algo enormemente agradable, como una especie de metamorfosis interior. Claro que McCullogh también era (y es) muy suyo.

Aquel alienígena parecía inspirado en la figura de un Vince Taylor, líder de Playboys, que en aquel momento ejercía una importante influencia en la forma de ver vida y música en Bowie. Lo tenía todo: sexo, drogas y rock and roll. Sin ínfulas ni vaguedades. Ideal para fascinar, provocar y, por encima de todo, generar adicción. Bowie elevava enormemente el histrionismo de su propuesta en un momento en el que, por fin, le sonreía la suerte (y el dinero). Pudo haberle salido mal. El escádalo y el éxito no siempre van de la mano, e incluso cuando sí lo hacen, a menudo el primero acaba devorándose al segundo. Pero David Bowie tenía un plan nada fugaz.

Las presiones de RCA por aquel entonces ya eran menores, una vez Bowie había lanzado Hunky Dory el año anterior. La cuestión es que Hunky Dory, resultando ser el maravilloso disco que acabó siendo, fue lanzado con cierta premura. Muchas de las canciones que acabó incluyendo The Rise and Fall of Ziggy Stardust ya estaban compuestas por entonces, aunque Bowie creía que necesitaban una revisión antes de ver la luz definitivamente. En realidad, más de la mitad del disco parecía preparado, tan solo a la espera de acabar de construir y colocar el resto. Entre las versiones de otros artistas o caras b que tardaron a posteriori décadas en ver la luz, consiguieron colarse a última hora temas absolutamente fundamentales como ‘Starman’, ‘Rock ‘n’ Roll Suicide’ o ‘Suffragette City’, los dos últimos cortes de un álbum que, sin ellas dos, se entendería de forma diferente hoy en día (aunque ni las necesita para pasar a la historia).

No había motivos para dudar: el productor volvería a ser Ken Scott, de la mano del propio Bowie. Tanto porque Hunky Dory había salido realmente bien tras muchos meses de una angustia palpable, como porque dentro de aquella época en la vida de Bowie no queda muy claro cuándo cesa un proyecto creativo y cuándo empieza el siguiente. El resultado es la mayor de las cimas que jamás haya alcanzado el glam rock. Ideal incluso para aquellos que detestamos la etiqueta. Unas composiciones realmente variopintas que consiguen alcanzar la mayor de las coherencias internas cuando el extraterrestre se apropia de ellas.

Bowie elige empezar con un canto apocalíptico con el que muchos intentarían acabar. La destrucción marca el camino. Lo que venga después debe ser absolutamente novedoso, de construcción al capricho absoluto de David Robert Jones

The Rise and Fall of Ziggy Stardust abre el telón con ‘Five Years’, llevando la apoteosis a lo superlativo. Nada más empezar. Lo que podría haber sido ese instante en el que todos los astros se unen en comunión, en épica, en sentimiento de pertenencia a un grupo. Bowie elige empezar con un canto apocalíptico con el que muchos intentarían acabar. Aquí no, aquí la destrucción marca el camino. Porque lo que venga después debe ser absolutamente novedoso, de construcción al capricho absoluto de David Robert Jones. Por mucho que otros hiciesen cosas similares previamente, como en el caso de Marc Bolan. Nadie las había hecho como Bowie. Y nadie pudo reproducirlas en el futuro.

Bowie como icono absoluto de la moda

Que a Bowie la idea de parir a Ziggy Stardust le venía de lejos quedó claro cuando revisionó ‘Moonage Dream’, un tema que ya venía tocando con Arnold Corns en el año previo, y en el que relata el advenimiento de un dios alienígena que conseguiría salvar al mundo del apocalipsis anunciado en ‘Five Years’. Tanto una como otra consiguen erizar el vello todavía hoy, cuando Ziggy se ha convertido en un disco de consulta periódica, más que en un recurso necesario continuamente.

‘Starman’ es mi canción favorita de Bowie. Sirvió para anunciar la llegada del disco, en forma de single a finales de abril de 1972. Mezcla la magia y actividad alucinatoria del resto del disco con una facilidad pasmosa para encontrar, en lo puramente melódico, la capacidad para convertirse en himno generacional. En estribillo cantado a voz en grito abrazado con los amigos mientras cierra el bar del que jamás querrías marcharte. Para mí, insisto, el momento en el que Bowie, a lo largo de toda su carrera, más consigue emocionarme. Y hablando de Bowie no es fácil soltar semejante sentencia.

Quizás el único y mínimo pero que, viniéndonos muy arriba, se le puede poner a Ziggy Stardust es la presencia de ‘It Ain’t Easy’, una versión de Ron Davies. No por el hecho de que la cover no esté a la altura, que lo está, sino porque nunca me ha quedado muy clara la necesidad de incluir material ajeno en el disco. Algo que, por otra parte, era enormemente frecuente en aquella época en general, y en un Bowie muy aficionado a revisionar obras de otros en particular. En todo caso, solo puede tratarse de un apunte para no dejarse llevar por lo inevitable: aseverar que todo en Ziggy Stardust es absolutamente mágico e irrepetible. Unas referencias externas que, cómo no, nos hacen llegar al anteriormente mencionado Marc Bolan, protagonista innegable de otro de los temas imperecederos de este disco: ‘Lady Stardust’.

10/10

David Bowie generó en The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders of Mars al artista absoluto. Aquel que fue capaz de parir un disco magnífico y, como si eso no fuese suficiente, añadirle una presencia en directo, una estética, que ya desde entonces lo hicieron icono más allá de la música. A día de hoy, ya fallecido, nadie duda de lo inspirador que fue la presencia de Bowie para el mundo de la moda, principalmente a partir de aquel 1972. De hecho, hay infinidad de publicaciones que repasan sus distintos aspectos, apariencias y todos los diseñadores que lo tuvieron en su mente a la hora de lanzar distintas colecciones (Jean Paul Gaultier, Dries van Notten, Michael Fish u, obviamente, Kansai Yamamoto, que diseño todos sus trajes en la gira de Ziggy Stardust). Cuatro décadas de referencia absoluta e inmortal que, aunque quizás naciesen antes, empezaron a dar claras señales de vida a partir de 1971-72. Desde entonces hasta ahora nadie ha podido pararlo.

  • Marc

    Hacer el disco fue de genio. Pero mantenerse después en la cima durante tantos años… no puedo pensar en nadie más relevante en la cultura popular.