DM Stith – Pigeonheart

Solo siete añitos de espera, nos ha hecho pasar el de Wisconsin.

dm-stith

Como esto de la crítica musical amateur no da de comer, a menudo no podemos dedicarle el tiempo que merecen unos cuantos artistas de carreras ya más o menos consagradas, aunque no gocen de una popularidad extraordinaria. Así, de cuando en cuando nos caen collejas por no hablar de lo nuevo de Francisco Pegamoide o, lo que es peor, por nombrar a un determinado disco como el debut de ese músico, cuando ya había sacado uno previo en un sello polaco especializado en neofolk. Pero nos perdonáis porque nos queréis o, seguramente, porque vosotros sois seres todavía mucho más detestables que nosotros mismos.

DM Stith pensando en sí mismo, y no siempre en los demás

Dentro de ese grupo de artistas, ya no precisamente anónimo, está DM Stith, un nombre de cierta referencia ya en el folk psicodélico del último lustro y pico. Habitualmente protegido de un tal Sufjan Stevens, David Michael Stith solo había sido nombrado en esta página como colaborador habitual de William Ryan Fritch. Y tampoco es que eso sea del todo culpa nuestra, ya que, desde que en 2009 debutara con un recomendabilísimo Heavy Ghost (Asthmatic Kitten), DM Stith había tenido una carrera muy prolífica en cuanto a colaboraciones y trabajo para terceros, pero hasta hoy no hemos obtenido un segundo álbum: Pigeonheart (Octaves/Outset Recordings, 2016). Y de nuevo hemos podido constatar que, aunque aparezca y desaparezca sin previo aviso, el nombre de Stith es de los que siempre debemos tener apuntado en la mente.

Sin haber empezado a hablar realmente de Pigeonheart, ya os hemos nombrado a dos nombres mayúsculos de la música actual (princialmente Stevens), que tienen en Stith a un consejero fiel, así que podemos empezar a hacernos cargo del calado del de Buffalo. Y si no, nos metemos en harina. Esa que nos va a dejar las manos adorablemente pringosas de un folk rock de muchos quilates en ‘Human Torch’ y ‘Sawtooth’, los dos primeros y enormemente efectivos cortes de Pigeonheart. Hay que sumarle posteriormente el exótico misterio y la calidad de las percusiones de ‘War Machine’ o la energía desbordante de ‘Rooster’. Marcas de la casa, con un sonido en el que las bases electrónicas e, insistimos, las percusiones, por momentos con reminiscencias africanas, tienen un enorme protagonismo.

7.2/10

El resultado final es notable, pero algo lejano a Heavy Ghost, si bien es cierto que la memoria ha podido hacer que tendamos a idealizar el pasado. Pero Pigeonheart tiene momentos puntuales en los que mi cabeza desconecta. Faltos de nervio (‘Summer Madness’) o de ritmo cansino y escasa capacidad de conexión (‘Up to the Letters’), que lo alejan un poco de la enorme inspiración que se destila a lo largo de la mayoría del minutaje y que, de alguna manera, lastran unas prestaciones que podrían ser de otra forma superiores. Con todo, hay los suficientes cortes realmente fascinantes dentro de Pigeonheart, ahí la casi final ‘My Impatience’, como para recomendar su escucha encarecidamente.

POST TAGS: