El tamaño sí importa (XC), ‘Valentine Card/Kantina/Were, Are and Was or Is’, de Unwound

Canciones para la autodestrucción

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Es una realidad, con el paso del tiempo, los dinosaurios del rock siguen apareciendo continuamente en nuestras vidas: radiofórmula, publicidad, reediciones anuales en vinilo con cualquier excusa… Sin embargo, cantidad de grupos notables que estuvieron en mayor o menor medida en el espectro de lo independiente siguen olvidados. Parece que sólo los que pusieron los principales pilares de los diferentes estilos que nacieron al calor de esa corriente son los que viven a día de hoy en el imaginario colectivo. Una de tantas de esas formaciones de los 90s, hoy olvidada, son los norteamericanos Unwound.

Se separaron a principios de la pasada década con un gran trabajo que sirvió como guinda a su carrera, Leaves Turn Inside You (Kill Rock Stars, 2001), aunque en él hacían gala de un sonido anguloso y pesado más propio de Polvo. Sin embargo, su vida productiva y musical fue pura de los 90. Allí dieron lo mejor que llevaban dentro, y en su segundo álbum, Fake Train (Kill Rock Stars, 1993), parieron una de las canciones más desgarradoras de la década y obviamente de su propia trayectoria, ‘Valentine Card/Kantina/Were, Are and Was or Is‘, un tema divido en tres actos y que llega casi al cuarto de hora. Una duración propia de cualquier formación progresiva, pero que sin embargo no desentona con los grupos de post-hardcore de aquellos días. Porque a pesar de que el sonido del indie rock y el noise embadurnaba algunas de sus canciones, pues era difícil evadir esas influencias durante ese inicio de década en EEUU, la tensión y la crudeza de los cortes venían gracias a esa actitud hardcore.

De hecho, dentro del post-hardcore, Unwound es quizá el grupo que más bebe tanto de los referentes como de sus contemporáneos, con un cruce entre la violencia de Slint, Mission of Burma y la pesadez en el bajo de Fugazi. Y de esa convergencia de influencias nacieron canciones como esta, la típica historia de (des)amor en la que el cantante Justin Trosper empieza a sufrir en la primera parte, ‘Valentine Card’, para después entrar en un periodo de angustia existencial en la que se va consumiendo poco a poco y todo se vuelve oscuro. Una historia que por lírica por supuesto no sería tan distinta a otras canciones de temática similar, pero sin embargo esa atmósfera pesimista, desgarradora, que imprime la coraza rítmica y los embistes de la guitarra son las que la hacen un tema diferente. Difícil evitar la piel de gallina mientras grita desesperadamente ese stay, stay! y entra el guitarrazo para partirte.

Just a chance, just a chance, just a chance (unclear)
Valentine, valentine, valentine will you always be mine?
I know, i know, i know it seems so long ago

Resigned, the sunrise was a lie, was a dream, it’s too dark outside to be alive
Wait, wait, wait, wait don’t go!
Stay, stay!

Una hostia de casi quince minutos que describe perfectamente la rabia con la que Unwound sacudieron a parte de la década de los 90s, con esta y otras tantas composiciones que hacían de Fake Train un disco imprescindible. Cómo no, rescatado desde la prolífica Olympia con Kill Rock Stars. Grupos y canciones a los que es necesario reivindicar y rescatar en ocasiones, ya sea para compartir la crudeza y las ganas de mandarlo todo a la mierda en un momento determinado o para disfrutar de la actitud de ese rock independiente salvaje y aguerrido que es tan difícil escuchar en grupos de hoy.

Me gusta el chunda-chunda.