Los Bengala, vivir a mil por hora, sudar una vida en el escenario [Camino al Fuzzville 2016]

Posiblemente el concierto que pondrá patas arriba el festival.

los bengala

La primera vez que vi a Los Bengala en directo necesité una hora para secarme todo el sudor.

Corría una ligera brisa veraniega aquella noche de junio en Zaragoza y el cierzo, tan caprichoso en una ciudad inclemente para con sus habitantes cuando toca negociar la cuestión climática, parecía advertir de lo que se nos venía encima. Una sala empequeñecida, un puñado de gente apretujada en torno a un escenario a ras de suelo y dos hombres, guitarra y batería, frente a ellos. Fueron tres cuartos de hora, minuto arriba, minuto abajo, de pura excitación sonora. Volaron los más diminutos por encima de las cabezas, se condensó el aire del bar hasta hacerse sólido y se apelotonaron los asistentes sobre los ventiladores del suelo cuando sonó la última nota. Los Bengala nos habían prendido fuego.

De Los Bengala se puede intuir una traslación casi mimética de sus canciones de estudio a la virulencia salvaje del escenario, de su escenario. A menudo, tales intuiciones perecen ante grupos que bordean las fronteras del Garage y después, elevados a los altares de una sala mundana, se ahogan entre los trucos de estudio. No sucede aquí: si hay una conclusión a extraer del desmpampanante Incluso Festivos (Dirty Water, Wild Lion, 2015) es su infabilidad en directo. No hay modo humanamente posible de que semejantes canciones, directas, simples, minimalistas en su brutalidad animal, se caigan cuando se arrastran al escenario. Los Bengala manejan los resortes de la actuación en vivo con una soltura alucinante, seductora.

La brevedad se entrelaza con un ritmo de carácter psicótico, una batería empeñada en llenar todos los agujeros y letras de aires onomatopéyicos donde el mensaje se mimetiza con su forma asalvajada

Quizá el último adjetivo se ajuste como un guante a la naturaleza de Los Bengala en directo. Es un grupo sexy, irresistible cuando surfea las olas de canciones tan elementales como ‘Jodidamente Loco’ o ‘Ataco’, dos composiciones donde las comparaciones autodeclaradas con la escena garagera latinoamericana cobran más sentido que nunca. La brevedad se entrelaza con un ritmo de carácter psicótico, una batería empeñada en llenar todos los agujeros que la ausencia de bajo o segunda guitarra dejan en las canciones y letras de aires onomatopéyicos donde el mensaje (en esencia: pasarlo del modo más grande que se pueda imaginar) se desliza en perfecta concordancia con la forma (coros, aullidos, locura).

La reducción a lo simple desplegada de forma permanente por Los Bengala no es, como sucede en otros grupos, una forma de ocultar carencias técnicas o compositivas. Tan sólo es puro espíritu. De su capacidad para escapar de los clichés más habituales del género dice mucho no sólo su paleta de referencias sonoras, tan distintas a las manejadas por sus contemporáneos de generación (y que hoy, en fin, parecen empeñadas en revivir a los Black Lips y a los Strange Boys), sino también canciones como ’65 días’, donde el aire a Country ensombrecido por el alcohol bucea de forma maravillosa por las aguas menos comunes de aquellos sesentas y aquel Garage primitivo. En directo, por cierto, el éxtasis es total, y su carácter casi baladesco se multiplica en emoción y brillantez tocado a mil por hora, el sudor arrastrándose por la frente.

El ambiente infernal de la sala KM Disco y las canciones apoteósicas de Incluso Festivos harán el resto. Bajo cualquier parámetro razonable, un concierto absolutamente imprescindible en esta edición

En Los Bengala hay fervor, hay himnos generacionales (“no hay amor sin dolor“, loor a tamaña verdad) y hay histrionismo bien entendido. Hay espectáculo, en definitiva, y es bastante probable que su carácter aún minoritario (pero cada vez menos, gracias a una gira interminable que les está llevando a festivales como el Vida) ponga del revés a una buena parte de los asistentes del Fuzzville. El ambiente felizmente infernal de la sala KM Disco y las canciones apoteósicas de Incluso Festivos harán el resto. Bajo cualquier parámetro razonable, un concierto absolutamente imprescindible en esta edición.

*Contenido ofrecido por el Fuzzville!!!. En Benidorm, entre los días 9 y 10 de julio.

Hardcore will never die, but you will.