Ólafur Arnalds – Island Songs

El islandés es, definitivamente, un regalo del cielo

ÓlafurArnalds

Me fui de luna de miel a Finlandia. Es cierto que fue un destino que poca gente entendió. Ni playa y combinados alcohólicos todo el día, ni una capital de especial interés turístico, aunque es cierto que hay cierta apetencia por destinos similares dentro de la oficina hipersónica. La explicación para apostar por aquel lugar, en la zona central, cerca de Kuopio, fue lo idílico que a mi pareja y a mí nos pareció el lugar que había elegido Ana (Najwa Nimri) para reorganizar su vida y dejar todo atrás en Los amantes del círculo polar. Y no, ni somos veganos ni nos pasamos el día abrazando árboles. Pero parecía un lugar absolutamente idóneo para mezclar tranquilidad, serenidad, ingestas moderadas de alcohol, sexo y belleza. Y silencio. Bastante silencio. Perderse en el monte, pasarse horas observando una puesta de sol que jamás llegaba del todo a esas alturas de año, observar desde la sauna la calma de la playa que tenías enfrente de tu cabaña, sin rastro de dónde podría estar en ese momento la persona más cercana, o coger una barca e investigar tus capacidades remeras entre un agua exenta de demasiadas corrientes. Pocos lugares tan apacibles y bellos como aquel encontraré jamás.

Island Songs: poniendo música a un país

Ólafur Arnalds no es finlandés, es de Islandia. Pero para el caso es lo mismo. El compositor ha metido en su mochila unos cuantos víveres y tentempiés y se ha decidido a recorrer toda la isla, su propia isla, durante una semana, en busca de inspiración para un nuevo trabajo. El resultado ha sido Island Songs (Mercury Classics, 2016), un breve pero enorme trabajo, que vuelve a sumar motivos para tener a Arnalds en el más alto (con permiso de Jóhann Jóhannsson) de los compositores de la neoclásica actual. Porque además en este caso Ólafur deja de un lado esa devoción que siente por la electrónica, y a la que da rienda suelta principalmente en Kiasmos o cuando se junta con Nils Frahm, y se centra en lo más clásico de sus apetencias. O quizás, simplemente, sea el resultado natural que pide a gritos una traducción sonora similar a la existente en Island Songs.

Island Songs es un disco corto. 28 minutos escasos. Que, como siempre que hablamos de trabajos que nos han maravillado, parece más breve todavía. Se escurre entre los dedos y deja cierta sensación de abandono cuando termina, como si no fuese suficiente. Como si tuviésemos que enfadarnos necesariamente porque existe la certeza de necesitar más espacio para que Arnalds dé rienda suelta a las emociones encontradas. Desde esa voz inquietante, la del poeta islandés Einar Georg, que va recitando versos de imposible traducción en la inicial ‘Árbakkinn’, Island Songs va navegando por emociones que, si no florecen por las buenas, acaban apareciendo necesariamente ante tal demostración de talento. Una de las incontables que lleva ya Arnalds a sus espaldas, a quien nos cansamos de piropear, pero es que no tenemos opción a no hacerlo.

Island Songs es un disco corto. 28 minutos escasos. Se escurre entre los dedos y deja cierta sensación de abandono cuando termina, como si no fuese suficiente

Aunque es difícil ordenar la discografía de Ólafur Arnalds de tal forma que os pueda decir qué número ocupa este trabajo dentro de la misma, se podría argumentar (al menos Wikipedia así lo dice, y no voy a venirme arriba y negarlo) que se trata de su quinto EP. En cuanto a extensión, es un tema discutible, pero es lo de menos. Island Songs comparte con muchos trabajos previos de Arnals la voluntad, la necesidad casi, de llenarlo de colaboraciones. Tras el escalofriante inicio, llega ‘1995’, de la mano de Dagný Arnalds (compañera enormemente habitual, por otra parte) y con un videoclip, dirigido por Baldvin Z, de escenografía poderosísima. Otro regalo que Ólafur parece hacernos como si su misión en el mundo fuese hacerlo más hermoso sin el menor esfuerzo.

8.6/10

Arnalds, a pesar de sus todavía 29 años (un dato que parece casi insultante), lleva ya un buen número de ellos haciendo cosas tan escandalosamente bellas como ‘Öldurót’. Tanto, que uno llega a asustarse por la idea de lo que aún esté por venir. O, como ya habíamos dicho en el pasado sobre él mismo, quizás no seamos realmente conscientes del calado del artista, de lo grandiosa que resulta su obra. Como si necesitásemos disfrutarla hasta la extenuación porque hacerlo de forma superficial fuese pecado mortal. Como si no fuésemos dignos de escuchar la dulce (quizás demasiado dulce, para mi gusto) voz de Nanna Bryndís Hilmarsdóttir en ‘Particles’, de nuevo de videoclip fascinante. Cierra esta maravilla ‘Doria’, de la que ya no sé qué decir para no sonar repetitivo hasta la saciedad. No sé cómo conseguir que todos vosotros, simples mortales, dediquéis media hora de vuestra vida a llenarla de luz y felicidad. De encanto y hechizo. Deberíais estar besándole los pies.

  • Serge

    La única pega que se le puede poner a Arnalds es la falta de un álbum sobresaliente, de esos redondos que tan dificil es hacer en la neo-clásica. Pero bueno, cada nuevo trabajo es un paso adelante para conseguirlo.

    También es un detallazo por su parte que en su web puedes descargar los scores de algunos de sus álbumes, algo bastante dificil de conseguir de forma gratuita y que mejora la escucha.