Cuando Thee Oh Sees no eran unos bestias [Camino al Fuzzville 2016]

Una trayectoria cacharrera, psicodélica y lo-fi que se convirtió en la bomba que hoy conoces

Thee-Oh-Sees

Todos nos quedamos con el culo torcido cuando el Fuzzville confirmó a Thee Oh Sees. Y no es para menos, cualquier ser humano que les haya visto en directo sabe de lo arrolladores que son los de San Francisco. Como una apisonadora, especialmente si el escenario está sonorizado a las mil maravillas, su música corrosiva, en forma de garage, psicodelia y todos los límites difusos que llevan a otros estilos, cae sobre ti con la fuerza de un tsunami. Haciendo una regla de tres simple, Thee Oh Sees en una sala cerrada como la de Penélop Benidorm, igual a NO TE LO PIERDAS. Pero, ¿fueron siempre unas bestias?

Los años de caricias y de disparar a todos lados

John Dwyer no se levantó repentinamente un día siendo el capitán de una manada de cafres asilvestrados con las guitarras subidas hasta el cuello para dejar sordo al personal que venía a verles. Hubo un tiempo en que no eran (tan) salvajes y en el que sus coordenadas sonoras fluían en torno al lo-fi, un indie cacharrero y unos amagos más contundentes que irían evolucionando disco a disco hasta llegar a los actuales Thee Oh Sees parte cráneos. Su primera etapa en Castle Face —su actual casa— y otros sellos independientes estuvo marcada por ese cúmulo de idas y venidas entre canciones lentas y lisérgicas en las que experimentaban con voces drogadas y ritmos para la siesta, como pasaba en The Cool Death Of Island Raiders (Narnack Records, 2006) o Sucks Blood (Castle Face, 2007), aunque era sobre todo cosa del debut. En él ya abrieron tímidamente la puerta a lo que vendría después con el frenetismo de ‘We Are Free‘, un tema con una estructura que sería más común en su disco del año siguiente.

Algunas letras chungas después, Thee Oh Sees seguían buscando su sonido, tirando tímidamente de un fuzz más contundente y una psicodelia incipiente, aunque de una forma bastante dispar. Y la prueba está en trabajos como The Master’s Bedroom Is Worth Spending A Night In (Tomlab, 2008), donde encontrar temas para el buenrrollismo y otros para desnucarse colectivamente. Pero ya empezaban a asomar la patita peleona pisando el pedal o con esas composiciones lentas que caen como una losa sobre ti, como hacen en sus trabajos actuales. Bandazos, versatilidad, ganas de quedarse con el personal, llámese como se estime oportuno. Durante Help (In The Red Recordings, 2009), Dog Poison (Captured Tracks, 2009) y Warm Slime (In The Red Recordings, 2010), estuvieron inmersos en ese espíritu de culos inquietos con tres discos en dos años. Tres elepés en los que se sacaron buenas hostias garageras, volvieron al lo-fi, al sonido cacharrero y a las experimentaciones de ambientes comatosos. Thee Oh Sees eran una ruleta rusa en la que cada disco podía salir por cualquier de las mil ramas que habían tocado. Hasta que llegó 2011.

Qué maravilloso 2011.

2011 fue el año en el que Thee Oh Sees se lo comieron todo. En este periodo de In The Red Recordings fue cuando el combo de San Francisco entró en su transición, aumentando la calidad de la producción y demostrando que ellos estaban de vuelta de todo. Por una parte publicaron el surrealista Castlemania, un disco divertidísimo a ratos, inquietante a otros y con perlas suavísimas en la parte final del disco. Eran capaces de disparar a bocajarro, pero también de sacar a pasear su lado más entrañable, con una versión soberbia de ‘If I Stay Too Long‘. Los tipos de las letras coprofágicas, drogotas y oscuras también tenían hueco para purificar su alma con canciones de amor. Pero todo eso quedó aparcado cuando a finales de ese año paren Carrion Crawler / The Dream EP (In the Red Recordings, 2011), su punto de inflexión.

Los años de partir la pana

En él ya empieza su parte más salvaje, con un sonido más corpulento y agresivo en el que convergen pildorazos de menos de dos minutos y temas de más de cuatro para sudar psicodelia, bajos imponentes y ácido que se derramaba con más facilidad por la languidez vocal de Dwyer. Empezaban a surfear la ola. ‘Robber Barons‘ es uno de los paradigmas de lo que hoy son Thee Oh Sees, ese grupo que ahora fabrica canciones de las que te da miedo poner a toda hostia en casa para no dejar sordo a los vecinos. Esta nueva década ha sido, en el plano musical, arrolladora. Después de un Putrifiers II EP (In The Red Recordings, 2012) que cumplía las expectativas pero no llegaba a los discos del año anterior, vendría de nuevo el momento de Castle Face. Con él no hace falta que nos extendamos mucho: probablemente su mejor disco, Floating Coffin (2013); un notable Drop (2014), otra hostiaca como Mutilator Defeated at Last (2015) y lo de este año que aún tenemos pendiente pero que vuelve a volar la cabeza en varios temas: A Weird Exits (2016).

En total, trece álbumes en diez años, con sus idas y venidas dentro de los integrantes del grupo, pero mostrando siempre esa capacidad para salirse por la tangente cuando les da la gana, tanto en esta época como dioses del garage de combate —con ese caramelo de pop psicodélico de Drop— como en sus años en los que aún estaban preparando el gran asalto. Eso sí, demostrando que hay mucha más biblioteca que la de las canciones para aniquilar. Sus garbeos psicodélicos y experimentales, sus coros sixties, sus detalles… Una evolución aplastante que además cualquiera que les haya seguido en directo ha podido comprobar. De aquél Primavera Sound del 2010 en el escenario Mordor arenoso a las 5 de la tarde a las exhibiciones atronadoras por la noche con todo el público entregado en 2015 hay un salto abismal. Ahora sólo falta ver la demolición en una sala cerrada.

Y es lo que toca en el Fuzzville.

*Contenido ofrecido por el Fuzzville!!!. En Benidorm, entre los días 9 y 10 de septiembre.

Me gusta el chunda-chunda.