David Bowie – Aladdin Sane (1973): Ziggy va a América

Un álbum que en la discografía de cualquier otro grupo sería una obra maestra.

Aladdin-Sane

Sacar una obra maestra es jodido, sobre todo porque nadie te enseña cómo hacerlas como si de aprender a montar en bicicleta se tratase, pero si existe algo incluso más complicado que publicar una obra que se gane el respeto y la admiración casi unánime de crítica y público es, sin duda, sobrevivir a ella. Porque sí, The Rise and Fall of Ziggy Stardust and The Spiders From Mars (RCA, 1972) es una maravilla, imprescindible, inmortal. Y no pasó ni mucho menos desapercibida, así que su sucesor iba a ser mirado detenidamente y con lupa, buscando el menor resquicio o error para soltar ese “no ha(n) estado a la altura de las expectativas” que tanto gusta al crítico musical. Cualquier otro en dicha situación, con tanta presión sobre sí mismo, se vendría abajo. Pero claro, no hablamos de un cualquiera.

David Bowie por fin se había desprendido de varios fantasmas y abrazó ese éxito que le estaba siendo esquivo con su quinto disco, todo un triunfo -disco de platino en su natal Reino Unido- en el que dió luz a su alter ego más famoso. En ese mismo año, Bowie sacó de gira a su Ziggy Stardust por todo Estados Unidos. Un viaje que resultó una mezcla de emociones para la persona detrás del personaje, que adoraba estar sobre los escenarios, tocando canciones que le apasionaban, pero al mismo tiempo lo pasaba mal teniendo que trasladarse en unos autobuses llenos de gente que le era extraña y con la que no se sentía cómodo. Esa sensación incómoda sólo se disipaba cuando se entregaba a su yo artístico, cuando se ponía su disfraz y se convertía en el personaje sobre el escenario. La música fue su refugio. Un escudo que le transformó (otra vez) y cobró vida en forma de disco sólo un año después del nacimiento de Ziggy Stardust.

Ziggy ha muerto, larga vida al rayo

La única manera posible para que Bowie pudiera sobrevivir a su mayor obra era, sencillamente, avanzando. A partir de la figura de Ziggy se desarrollaría una nueva personalidad, una nueva cara para un artista que ya había exhibido muchas, y esta terminaría dando nombre a su sexto disco, Aladdin Sane (RCA, 1973). Para remarcar aún más el avance y el desarrollo de su a.k.a., Bowie crearía junto a Brian Duffy, que fue el diseñador de la portada del disco, el icónico diseño que siempre asociamos a la figura del londinense: el rayo rojo de sombra azul.

La transformación de Ziggy no fue sólo visual, sino también artística

La transformación de Ziggy no fue sólo visual, sino también artística. Que la composición del disco fuera realizada durante su tour por norteamérica no es meramente anecdótico. Bowie había conquistado su país con un tratado de rock sofisticado lleno de lujuria y emoción, pero aún existía una barrera al otro lado del charco, donde “sólo” consiguió ser disco de oro. Pero no era esa la barrera que le apetecía derribar. Él, estudiante de arte de la exquisita Londres, sentía fascinación por ese espíritu más primitivo y visceral que invadía el rock and roll de Estados Unidos y él quería experimentar aquello (por eso mismo llegó a desarrollar tanto cariño por Iggy Pop).

Es por eso mismo que encontramos tanta esencia americana con respecto a su anterior trabajo. Huyendo sin mirar atrás del refinado estilo inglés para abrazar las raíces del rock americano, para nutrirse de la esencia del blues primitivo. Una estrategia que recuerda a la que en su momento siguieron The Rolling Stones -y que les funcionó de perlas, todo hay que decirlo- que reciben un justo homenaje con la estupenda versión de ‘Let’s Spend The Night Together’ que además resume un poco la idiosincrasia del álbum. Bowie no se desprendió del todo de la magia glam que le había catapultado a la fama, pero estaba claro que las motivaciones aquí fueron algo distintas.

Huyendo sin mirar atrás del refinado estilo inglés para abrazar las raíces del rock americano

Desprendido del aire de ostentación y esplendor de Ziggy Stardust, las canciones respiran un aire más desenfadado y desprenden un aroma más descarado. Las de Aladdin Sane son canciones más “Rock” al que en ocasiones la producción termina jugando una mala pasada. Al propio Bowie, al igual que al productor Ken Scott, le desagradó que las prisas y las decisiones tomadas por la discográfica fueran un lastre a la hora de pulir el resultado, siendo piezas como ‘Watch that Man’ o ‘Cracked Actor’ grandes perjudicadas al tener tanto la voz como la armónica engullidas por el sonido.

El nivel de las propias canciones es todo un escándalo, ya desde esa ‘Watch that Man’ que, a pesar del pobre sonido, resulta totalmente irresistible y endiablada, empezando el disco por todo lo alto. El rock explosivo pierde potencia y se rescata la magia de Ziggy Stardust con ‘Aladdin Sane (1913-1938-197?)’, incluyendo hasta un toque avant-garde especialmente pronunciado en el solo de piano de Mike Garson. Después se abre paso ‘Drive-In Saturday’ que nos transporta hasta la década de los cincuenta pero adaptada a la visión más (por aquel entonces) actual del glam de Bowie. El tema fue uno de los grandes éxitos del disco, alcanzando el puesto nº3 en las listas del Reino Unido –el nº1, una vez más, le era esquivo-.

Al propio Bowie le desagradó que las prisas y las decisiones tomadas por la discográfica fueran un lastre a la hora de pulir el resultado

Las revoluciones suben de nuevo con ‘Panic In Detroit’, que con su toque rock y sus percusiones nos trae de nuevo a la memoria a los Rolling y a su ‘Sympathy for the Devil’, mientras que ‘Cracked Actor’ lo vuela todo por los aires con sus guitarras y la fuerza de su estribillo. Con eso ya cerramos la cara A del LP y en la cara B vemos a David Jones permitiéndose un descanso con ‘Time’, más propia de sus dos discos anteriores que de este pero que se lo perdonamos porque es una delicia.

Ya en la recta final nos encontramos con el highlight más claro del disco, adelantado como single meses antes de salir el disco, alcanzando un bastante meritorio nº2 en las listas británicos –ese maldito nº1– y cristalizando todo lo que Bowie buscaba alcanzar en este disco, todo lo que podrían haber sido algunos temas de no ser por el sonido. ‘The Jean Genie’, con una letra inspirada en la figura de Iggy Pop, es un latigazo de actitud, de garra rockera, que se clava en tu espina dorsal y te está haciendo bailar sin que casi te des cuenta. Con un tema así, Bowie demostró que no pensaba acomodarse ni vivir de las rentas de su gran obra maestra.

9.5/10

Sentándonos a analizar fríamente, no nos queda otra que declarar ganador a Ziggy Stardust, aunque sólo sea a los puntos. No obstante, eso no le resta ni un ápice de genialidad a este Aladdin Sane que, de haber sido publicado por otro artista que no hubiese sacado uno de los mejores discos de la historia ni se llamase David Bowie, estaría considerado como un trabajo magnífico, casi de matrícula. Mientras tanto, ahí está, como un imprescindible de la época, de la historia, y también siendo uno de los mayores éxitos de ventas del artista inglés, conquistando las listas americanas hasta el puesto 17 y consiguiendo el primer puesto en las inglesas. Pero la cosa no acababa ahí tampoco, al igual que no acabó con Ziggy, ya que a Bowie aún les quedaban unas cuantas (muchas) cosas por contar, como ya veremos más adelante.

  • Carliwi Kingkiwi

    DISCAZO, que es lo importante, lo de los Nº1 es para megalómanos con la mente comida por la discográfica… eeemmm… Pobre Bowie

  • Serge

    A la altura de Ziggy, y mucho más directo. Eso sí, ha faltado mencionar mi preferida, “The Prettiest Star”, que aunque ya la había publicado, es una delicia.

    • Iba a decir lo mismo de ‘The Prettiest Star’, una preciosidad y de las mejores canciones del disco desde mi punto de vista.

  • El piano de Mike Garson en Aladdin Sane es antológico. Minuto y medio para la historia.

  • Jerry

    “Aladdin Sane” fue el disco que David Bowie compuso para intentar hacerse grande, para traspasar fronteras y para ver de qué manera podía llevar el personaje de Ziggy por un tour mundial.

    Disco imprescindible para entender al genio londinense.