El tamaño sí importa (XCI): ‘Silver Donna’, de Damien Jurado

Frustación, viveza y reverberación

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Sumergido en una intimidad sobrecogedora, parco en arreglos y envuelto en su desnudez. Así se ha dejado ver Damien Jurado durante más de diecisiete años de carrera, desde que a finales de los noventa comenzó a hacer de la guitarra acústica su mejor aliada. Desde entonces, se ha convertido en el cantautor imprescindible, uno de los más prolíficos. De los que han dejado que el folk, siempre en el centro, se empapase de muchas otras corrientes.

Cuando Damien encontró a Swift

Desde que su camino se cruzó con el productor Richard Swift, en el año 2010 con la publicación de Saint Bartlett, Damien Jurado es otro hombre. Los dos se volvieron los mejores compañeros de viaje. La austeridad de Jurado dio paso a la ambición, añadiendo magia y emoción a sus taciturnas melodías. Después, Maraqopa dio continuidad en el 2012 a esa perfecta combinación, para llegar a Brothers and Sisters of the Eternal Son en el 2014, una secuela de su anterior álbum, un lugar onírico al que Damien quiso volver o del que nunca pudo salir.

Por aquel entonces, Damien Jurado engordó su música con melodías mucho más elaboradas y llenas de matices, dejando de lado la sobriedad y volcándose en la capacidad expresiva de sus composiciones. El folk permaneció como protagonista, pero se dejó acariciar suavemente por la psicodelia y por el rock, con sintetizadores y arreglos orquestrales formando capas y capas sobre las melodías de la guitarra.

En el medio de un álbum en el que la exuberancia no asfixia, ‘Silver Donna’ coquetea durante más de seis minutos con ritmos casi bailables que nunca antes se habían dejado caer entre las manos de Damien Jurado

Brothers and Sisters of the Eternal Son refleja una atmósfera onírica y psicodélica, entre el simbolismo religioso y la ciencia ficción, de la mano de un personaje que se busca a sí mismo en un mundo en el que nadie lo conoce. Damien Jurado capturó ese sueño propio y lo plasmó en forma de canciones, haciendo del misterio una frustración casi adictiva. Y en el medio de un álbum en el que la exuberancia no asfixia, ‘Silver Donna’ coquetea durante más de seis minutos con ritmos bailables que nunca antes se habían dejado caer entre las manos de Damien Jurado. Una ágil melodía de guitarra, los falsetes y los sintetizadores dan forma a un paranoico e incluso vivaz tema que descubre una nueva cara del de Seattle. Con una intensidad majestuosa, las texturas hechizantes mantienen la voz de Jurado, tan vulnerable como siempre, aunque ahora se esconda entre reverberaciones. Otro giro más desde aquella unión con Swift que le ha dejado estirar al máximo su libertad y su comodidad.

Tan solo otra huella de la eterna juventud que vive su música.