Julianna Barwick – Will

El paso definitivo en la carrera de la de Brooklyn.

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Lo de dar vueltas en círculo suele leerse como algo negativo. Habitualmente, en las películas, una persona o grupo de personas está perdido en algun lugar recóndito de difícil acceso (o no tanto, en un momento dado también nos vale la tundra, si es preciso, o el mismo Polo Norte, que es un lugar donde se pierden millones de personas) intentan caminar en línea recta para encontrar algún lugar que les permita salir de la encrucijada. La cuestión es que, con lo fácil que parece andar en línea recta, tras un buen rato de pateada llegan a la conclusión de que están atravesando un camino que ya habían recorrido previamente. Ese momento suele ser bastante dramático, ya que implica irremediablemente que van a morir de hambre y sed. O con suerte de frío, que es más rapidito. Al final casi nunca es así, que para eso uno de ellos es muy listo, o hay un héroe externo que nos ha quedado maravilloso en el guión, y los salva de la catástrofe. Total, que lo de dar vueltas en círculo es fatal para la salud.

Will: dando vueltas en círculo para encontrar la salida

Pero obviamente, toda regla tiene su excepción. Y a nivel musical las vueltas infinitas, los loops, a menudo tienen un resultado final más que positivo. Para muestra, el trabajo de Julianna Barwick, una mujer afincada en Brooklyn que ha hecho precisamente de eso, las vueltas repetitivas e infinitas, una marca personal de estilo que se materializa en esta ocasión en algo tan bello y fascinante como Will (Dead Oceans, 2016), su tercer disco. Un trabajo que viene ya acompañado de la marca de calidad del sello que le da continuidad tras su debut en Asthmatic Kitty, bajo el cobijo de un Sufjan Stevens que todo lo puede. Recordemos que Dead Oceans es la casa de gente tan brillante y consolidada como Phosphorescent o Ryley Walker, además de nuevas caras enormemente prometedoras, como Mitski o (aunque ya venía de varios proyectos previos) Kevin Morby. En todo caso, seguramente ninguno de esos ejemplos previos serviría para hacernos una idea de a qué suena Will.

La comparación que más le ha caído a Julianna Barwick es aquella que la pone a la altura de Liz Harris, a.k.a. Grouper, aunque por aquí creemos que Will está incluso algún pasito por encima del ya maravilloso Ruins. Y, aunque eso sean palabras mayores, sí da una idea de lo conquistados que estamos por esas vueltas infinitas e hiptónicas que empiezan con ‘St. Apolonia’, con esa misteriosa y onírica voz, repetitiva hasta lo extenuante, como hilo conductor que nos lleva a una ‘Nebula’ que en su día sirvió de adelanto, y que nos desorienta todavía más. Hemos quedado desprovistos de varios de nuestros sentidos, y ahora mismo tan solo ese ritmmo lento y centrifugante de Will nos sirve como guía. Allí donde nos lleve Julianna Barwick, allí iremos sin opción de réplica. Tanto si opta por esa indudable tendencia ambient, como si el piano marca la línea conductora, como en el caso de ‘Beached’.

Allí donde nos lleve Julianna Barwick, allí iremos sin opción de réplica. Tanto si opta por esa indudable tendencia ambient, como si el piano marcha la línea conductora, como en el caso de ‘Beached’

Soltar el topicazo de “Will es el disco más personal de Julianna Barwick” tendría cierto sentido cuando vemos que, aunque ya antes había colaborado en The Magic Place (Asthmatic Kitty, 2011) en esas labores, ahora nos encontramos a una artista que se atreve con la producción a solas. De forma absolutamente eficaz, por otra parte. Dando la misma consistencia a la vía new age como a la neoclásica. Como si fuese el último paso necesario para poner a Julianna Barwick definitivamente entre los nombres más a tener en cuenta en los próximos anos. Apuesta de presente, seguridad de futuro. La seguridad y firmeza que se muestra en esa irradiación de paz de los cinco minutos y medio de transporte a un lugar mejor que son ‘Big Hollow’. Se ha optado por una etiqueta exigente, que hará que muchos huyan pues, al final, no encontraremos en la música de Barwick un discernimiento de tinte hedonista, pero sí aquel que nos permita desconectar eficazmente de cualquier drama exterior.

8.3/10

Así que seguimos sumando nombres a los que, en este 2016, están llenando el género del ambient de trabajos fascinantes. Julianna Barwick pasa a jugar en la liga de Ólafur Arnalds o Eluvium, por poner dos ejemplos recientes. Lo hace con la maestría de las cuerdas de ‘Heading Home’ o el aire utópico de ‘Someway’, justo afrontando un final con el aspecto más experimental de Barwick sobre la mesa, de la mano de ‘See, Know’. Un trabajo inapelable y enormemente inspirado. Una auténtica preciosidad que, para los amantes del género (seguramente estaría ya localizada, el disco es de mayo), se convierte en parada de obligado cumplimiento.