Juvenilia – Juvenilia

El pop que siempre habías esperado.

juvenilia

Han pasado los años pero sigo recordando con precisión matemática el flujo de emociones que se apoderó de mi hipotálamo cuando escuché por primera vez ‘Anything Could Happen’, de The Clean. Las guitarras titineantes y el perezoso avanzar de la sección rítmica, aderezado todo ello con las sugestivas propuestas de David Kilgour (“Can’t you see I’m not having any fun?”), resonaban en mi memoria como la clase de sonido que siempre había buscado y jamás había logrado encontrar. El punto exacto entre la tristeza y la euforia pop. El suave juego de guitarras semiacústicas y la producción de baja estofa. El sonido de una eterna juventud temprana donde todo estaba bien porque todo estaba mal, en una ambivalencia eterna.

Tiempo atrás no lo sabía, pero aquella era la clase de música que siempre había anhelado y nunca había escuchado. The Clean abrió las puertas a todo lo demás, y desde entonces he encontrado similares aperturas, similares sensaciones, en las primeras canciones de otros grupos: Dick Diver, Ginnels, Blank Realm. Y ahora Juvenilia.


Resulta llamativo, sin embargo, que nada de esto se aplique al más complejo sonido de The Verlaines, cuyo tercer disco/recopilatorio también se titula Juvenilia, en feliz coincidencia o referencia. A Graeme Downes el pop le servía tan sólo como excusa para dibujar lienzos más oscuros y turbados, una suerte de líneas de Pollock amontonadas sobre recuerdos de The Go-Betweens y The Smiths, un amor improbable a primera vista, un romance apasionante cuando se comprende en su totalidad. De Juvenilia, así como de esa obra maestra insuperable titulada Bird Dog, resuenan los ecos en las diez canciones amasadas aquí por el grupo español, que ha lanzado su primera referencia en largo en Pretty Olivia Records, el aquí y el ahora del pop nacional.

Juvenilia: tu nuevo grupo favorito

Al igual que Palacio de Linares, a Juvenilia se les puede encontrar en los mismos lugares que solemos adorar en Hipersónica: desde el Paisley Underground hasta el sonido de la joven Escocia, pasando por Australia y Nueva Zelanda, cuya herencia resuena con estruendo en composiciones como ‘Extraños’ o ‘Atrapados’. Si a la primera se le encuentra rápido acomodo en el sentido pop-pluscuamperfecto de The Clean y la segunda encaja como un guante en el punto preciosista de The Bats, es del todo injusto resumir las muchas virtudes de Juvenilia en un mero abanico de referencias al pasado y homenajes en forma de revival. En ellos, al igual que en el resto de grupos de su generación jangle, hay un relato propio tan personal como brillante, diferenciador y valioso por sí mismo.


Dicho de otro modo: es posible enmarcar a Juvenilia dentro de una hornada de grupos que manejan las mismas coordenadas sonoras y que, a base de pura creatividad y capacidad al frente de sus instrumentos, puede haber superado a los padres del género. A mí, por ejemplo, se me cae la baba de un modo incomparable cuando entran los primeros acordes de ‘La Reina del Sol’ o ‘El Final’ (esos teclados inflados de fondo), una narración macabra sobre la muerte edificada en torno a melodías saltarinas al modo del pop de los sesenta (y que a mí me ha recordado, con lágrimas en los ojos, a aquel Velocidad de Crucero de La Costa Brava). O cuando acto seguido se lanzan al campanaamuertismo lírico insistiendo en la misma temática y charlando sobre el hecho final en ‘Tu esqueleto’. Juvenilia esconden el aspecto siniestro de sus canciones detrás de un muro de sonido upbeat, en un diálogo binario y casi existencialista que supera cualquier esquema de pop juvenil y que regala adicción a estribillos mortificados.

A Juvenilia les vale utilizar la muerte y el caos total como excusa pop. Adosados a juegos de guitarras dignos del mejor Paisley Underground o del Dunedin Sound, su primer disco es un soplo de abrumador aire fresco para todos aquellos enamorados del mejor Indie Pop posible


Eso-es-pop. Coger cualquier temática y convertirla en una canción brillante y pegadiza de tres minutos. También es pop, por cierto, cuando se salen del patrón de sus tres primeras canciones y se lanzan a un inicio instrumental y delicioso en ‘Bambú’, mundos que estallan, árboles que se rinden a la muerte y veranos que nunca tienen final, porque las calles están ardiendo. Hay un punto de terror en la dulzura que supera a cualquier miedo o suspense inflado de tormento, y Juvenilia lo comprenden a la perfección. También cuando adoptan un tono más rock (y por tanto menos naive) en ‘La oscuridad’ o ‘El río’, dos canciones que aportan el punto exacto de diversidad (el rango de variedades del que hablaban Dick Diver), o cuando regresan a las guitarras cristalinas en la fantasiosa ‘Fiesta secreta’, uno de sus cortes más inspirados y una exquisitez.


En todos ellos Juvenilia dotan de una amplia profundidad lírica a estructuras instrumentales brillantísimas. El resultado no es un disco dentro-de-lo-común: su relato, lo que tienen que contar sobre el pop, es identificable y tiene carácter, historias imaginadas que podrías agarrar por el cuello y hacer tuyas. Y al final eso es lo relevante: las canciones relatables, la capacidad de convertirse en la banda sonora de tus días. Esta sólo es otra muesca más dentro de un revólver, el del Indie Pop, repleto de ellas y que ha superado, por la vía de la mejora permanente, a aquellos tótems glorificados (por críticos obsesionados por la épica retrospectiva como nosotros) de los ochenta y de los noventa. Olvídate de The Clean: Juvenilia sí podría ser el grupo de tu vida (al menos por un rato). Yo, por mi parte, pienso pasar lo que resta de 2016 sumergido en ellos.

8/10

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Hardcore will never die, but you will.

  • Víctor Fuertes

    Es un buen disco pero no ve Nueva Zelanda ni con telescopios. Me parece efusivo hasta la exageración ese “Olvídate de The Clean”. Yo creo que les faltan olas y latitudes. Pero pienso además que la intención del grupo no es hacer Kiwi Pop. De hecho el pop aussie/kiwi suele ser más sencillo, pero tiene la clave propia que le falta a este grupo. Por ejemplo si escuchamos el último de David Kilgour o Robert Scott (que parece un clon de Robert Pollard/GBV) o grupos más “amateur” como los australianos Thigh Master: https://www.youtube.com/watch?v=zQnPkFagKo4 vemos de que se trata ese tipo de ola, distinción que hago desde el respeto. Point that thing somewhere else.

  • vieho

    Yo tampoco encuentro mucho parecido con el kiwi pop más allá del tono. La producción me parece distinta y las cuerdas no destacan tanto, de hecho las tapa el organillo ese más propio de Bristol que de Wellington.