Nick Cave and the Bad Seeds – Skeleton Tree

El dolor, la sangre, la oscuridad y el luto. Nadie mejor que él para plasmarlo en un disco.

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¿Cómo se afronta la vuelta al trabajo tras algo que ha cambiado tu estructura personal de forma absolutamente definitiva? ¿Cómo aceptas el hecho de que tu hijo haya fallecido, sientas sangrar cada rincón de tu cuerpo pero, en realidad, para el resto del mundo nada haya cambiado? ¿Cómo aceptas que al día siguiente de que inicies un proceso de sufrimiento eterno, el resto del mundo siga con sus actividades rutinarias con cierto aire de obscenidad, atreviéndose a aparentar que nada grave ha ocurrido?

Es imposible imaginar, ponerse en el lugar de un padre que ha visto a su hijo morir. Es imposible porque, cuando elaboras el ejercicio mental que te lleva a intentar empatizar lo suficiente con la situación, empiezas a sufrir de forma tan brutal que necesitas parar ese pensamiento, aunque solo sea una suposición. Estás más cómodo estableciéndote en una realidad paralela en la que nadie a quien hayas visto nacer, te hayas desvivido por criar, te haya mostrado una primera sonrisa, o preocupado por unas décimas de fiebre de escasa importancia pueda morir nunca por las brutales heridas causadas al caerse por un barranco, a pocos metros de la casa en la que compartíais muchísimo más que una vida.

Skeleton Tree: una hemorragia incurable, que no te deja morir en paz

Nick Cave se enfrenta, desde hace poco más de un año, a la existencia de innumerables heridas internas. Sabe que están sangrando y que no existe cura posible, ni amago de cicatrización. Sangran lo suficiente para desposeerte de la energía necesaria para poder desarrollar una vida normal, pero no tanto como para matarte, para dejar que por fin descanses en paz. Te ves obligado a seguir viviendo con un lastre tatuado en la cara, visible a diario, imaginando una y otra vez el dolor y sufrimiento que pudo padecer aquel a quien más querías en sus últimas horas, sin poder hacer nada por aliviárselo. Ni a él, ni a quien todavía hoy te rodea, lleno de penumbra.

Podría pretender pasar por alto el detalle y no reincidir en lo que todos contarán, en “el primer disco de Nick Cave tras la muerte de su hijo”, pero es que hay cosas que, directamente, no se pueden obviar. Aunque buena parte del trabajo estaba ya realizado antes de la muerte de Arthur

Además de todo eso, eres Nick Cave. Con lo cual ni siquiera puedes elaborar un duelo adecuado, por más que lo intentes. Tendrás que escuchar mil cosas sobre lo acontecido, cuando lo único que deseas es poseer el don de la invisibilidad, de la imposición de silencio y regodearte en lamer las heridas. No, todo lo que hagas será retrasmitido a millones de personas. Como cada uno de los pasos mundanos de quien viene estando, desde hace décadas, mucho más cercano de lo divino que de lo humano. Esta misma reseña está mediatizada irremediablemente por lo que ocurrió en julio de 2015. Porque podría pretender pasar por alto ese detalle y no reincidir en lo que todos contarán, en “el primer disco de Nick Cave tras la muerte de su hijo”, pero es que hay cosas que, directamente, no se pueden obviar. Incluso cuando sabes que hay mucho de mentira y de literario en la afirmación, ya que buena parte del trabajo que hay detrás del disco estaba ya realizado antes de la muerte de Arthur.

Finalmente consigues volver al trabajo. A lo mejor incluso te consigues autoengañar, y tragarte la farsa de la música como terapia, como fármaco que ayudará a cerrar esas heridas no palpables, aunque sabes que eso no ocurrirá jamás. Pero sí existe algo terapéutico en lo ocupacional, en mantenerte activo e intentar aparentar normalidad. En este caso, ponerte delante de un cuaderno o una máquina de escribir, si es que todavía posees aquella que te acompañaba en 20.000 días en la Tierra y consigues olvidar la escena en la que compartes una pizza y unas risas con Arthur y Earle.

Nick Cave en un nuevo momento vital: cambio de piel

Tenía que llegar, pues, el momento en el que Skeleton Tree (Bad Seed Ltd, 2016), el décimosexto disco de estudio de Nick Cave and the Bad Seeds, viese la luz. Aunque quizás sea el primero. Cuarenta minutos en los que la imagen de ese árbol de hoja caduca, desnudo durante los meses de invierno, representa quizás mejor que ninguna otra cosa, incluso que esa enormemente sobria portada, lo que deseas transmitir en la actualidad. No es que Nick Cave jugase en sus propuestas previas demasiado con la impostura, siempre ha conseguido transmitir con fiabilidad esa imagen a medio camino entre el divo y el artista que se muestra desnudo y expuesto en su propuesta. Pero seguramente Skeleton Tree sea el paso definitivo hacia esa segunda cara de Cave, sin que la primera pueda desaparecer del todo jamás.

La desnudez del título, de la vida primada de Nick Cave y de la evolución que ya se venía observando en Push the Sky Away está elevada al cubo en Skeleton Tree. Ocho temas que suman casi cuarenta minutos de tensión, de asfixia, de congoja y de dolor. Y todo, con la propuesta sonora más austera que jamás hayamos encontrado en la carrera del australiano. Piano, violines, sintetizadores y percusiones. Si su anterior trabajo ya había dejado un poco al lado la grandilocuencia y el histrionismo, más allá del que viene de serie con Cave, Skeleton Tree triplica la apuesta. Tras una primera escucha somera, uno llega a preguntarse si habrá sido posible que se haya fulminado un trabajo de los Bad Seeds sin que haya sonado una sola guitarra en todo el proceso. Luego se da cuenta de que no ha sido así… pero casi.

Conocíamos ya ‘Jesus Alone’, el corte que abre Skeleton Tree. Llevábamos una semana quemando el adelanto, en el que se aprecia el peso cada vez mayor de Warren Ellis en todo aquello que traiga Nick Cave bajo el brazo. Como si uno ya no pudiese entenderse sin la presencia del otro, y como si, tras décadas buscando un lugar en el mundo, Ellis se haya convertido en la única persona que Cave ha sabido mantener a su lado. Ambos, dirigiendo una orquesta de violines que generan un desasosiego interno brutal a lo largo de muchos de los temas de Skeleton Tree, han conseguido que una propuesta tan exigente como este disco consiga generar cierta adicción y filia. Una oferta en la que el Nick Cave escritor cada vez gana más peso. Dejamos atrás la pose y el histrionismo, los decibelios y la altisonancia para centrarnos en contar historias y dotarlas de un leve pero impresionante acompañamiento sonoro.

With my voice, I’m calling you

Todo este trabajo, este proceso y este desconsuelo se refleja en el documental One More Time With Feeling, dirigido por Andrew Dominik, y que se entrena hoy mismo. Como si hubiese que ir un paso más allá para trazar una imagen de un esqueleto andante que anteriormente tenía forma de artista. Un artista que repite la fórmula de los inquietantes coros infantiles en la de nuevo enormemente íntima ‘Girl in Amber’, mucho más acertada que ‘Rings of Saturn’, que rompe algo esa atmósfera de pretendida y encontrada contención, con un aroma ochentero que quizás no sea el más adecuado visto el desarrollo de Skeleton Tree. Ese tono luctuoso se retoma a medio disco, con las fantásticas ‘Magneto’, ‘Anthrocene’ y ‘I Need You’ (la canción de Skeleton Tree en la que Nick Cave más transmite con la voz, abandonando el tono grave para reflejarse absolutamente débil y vulnerable), encadenadas, en las que se observa la enorme influencia que ha ido consiguiendo Warren Ellis a lo largo de los años. Nick Cave siempre ha tenido músicos soberbios dentro de sus Bad Seeds. Varios de ellos, quizás incluso mejores que Ellis. Pero ha sido con el barbudo con quien parece que mejor ha contactado en lo profesional y también en lo personal.

8.1/10

Llega, casi al final, esa colaboración llena de espíritu redentor que es ‘Distant Sky’, con protagonismo para la soprano noruega Else Torp, con quien Nick Cave ya había trabajado previamente. La canción y voz que uno imagina escuchar cuando todo esto acaba, y desea pensar, aunque no piense realmente, que la Tierra nos será leve. Y llegamos al final de un disco que, seguramente, analizado de forma fría, no merezca un lugar especialmente honroso dentro de la discografía de Nick Cave and the Bad Seeds. La cuestión es que jamás podrá ser analizado de forma fría y calculadora. Skeleton Tree estaba destinado, desde mucho antes de verse publicado, a ser tratado de forma especial y singular dentro de la carrera de Cave. Un disco lleno de heridas que jamás sanarán. Imperfecto y dolorido. Seguramente estemos dotando al trabajo de una leyenda no exactamente correspondiente a la realidad, pero ¿no son eso al fin y al cabo las leyendas? Las malas semillas siguen germinando, incluso desde la sangre que brota imparable. Siempre es signo de enhorabuena.

  • Me ha sonado bien, y reconozco que hay buena música en él, pero no me ha entrado todo lo que esperaba. Quizás viendo el documental cambie la percepción de la música, no lo sé. Habrá que comprobarlo.

  • Esteban Martínez

    Un gran disco aunque para mi inferior al Push the sky away (o digamos, menos bueno).
    Hay cuatro canciones fantásticas acá, perturbadoras incluso. Las tres primeras y ‘I need you’. Ya con ellas el viaje vale la pena.
    El resto está bien pero se me hace pesado.
    7/10 para mi.
    Saludos!