PJ Harvey – White Chalk (2007): una nueva piel

En su séptimo disco de estudio, PJ Harvey decide despojarse de todo lo que la definía

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Crecer. Crecer.Crecer. Enséñame a crecer. Esto canta Polly Jean sentada al piano y alcanzando la estratosfera con sus falsetes cuando entona ‘Grow Grow Grow’. Nunca antes había sonado tan sombría y conmovedora. Nunca antes había hecho del piano su mejor aliado. Porque PJ Harvey nunca ha hecho el mismo disco dos veces.

Cuando White Chalk (Island Records, 2007) llegó a nuestras manos, PJ Harvey ya nos había dejado ver en numerosas ocasiones que dominaba el lenguaje del rock como nadie. Feroz con su guitarra, poderosa con su voz y siempre, siempre sensual, su discografía ya contaba con temas que eran un lenguaje universal para muchos. Tres años atrás, Uh Uh Her (Island Records, 2004) había arrojado la sombra de la duda sobre el poder de sus riffs de alto voltaje. Y entonces, en su séptimo disco de estudio, PJ toma el mejor de los caminos, decide despojarse de todo lo que la definía, desnudarse por completo y entregarse a un piano.

Querida oscuridad

Un piano fantasmagórico que se convirtió en su nueva piel. White Chalk recoge un puñado de canciones pop de cámara, con las que PJ Harvey siguió persiguiendo ese afán de auto-corrección y perfeccionismo, o tal vez solo de rebeldía. Queriendo mostrar que siempre pudo y quiso hacer más, que aún podía sorprendernos y emocionarnos. Que estaba cómoda con cada nueva piel que se probaba y que renovarse era, no solo necesidad, sino obligación. Para muchos fue un experimento fallido. Pero esos mismos que la acusaban de haber dejado sus años de gloria años atrás, no entendieron que su mejor respuesta como artista fue negarse por completo a lo que sus manos y su voz habían creado antes.

Con White Chalk, PJ Harvey persiguió su afán de perfeccionismo y rebeldía, queriendo mostrar que estaba cómoda con cada nueva piel que se probaba y que renovarse era, no solo necesidad, sino obligación

Puede que sus habilidades compositivas al piano estuviesen un escalón por debajo de las que ya había mostrado con la guitarra, pero precisamente por eso, consiguió en ese momento un sonido propio. El piano la obligó a componer de forma distinta, a cantar de forma distinta. Desde los primeros acordes del álbum y prácticamente hasta el final, Harvey utiliza su registro vocal más agudo, sus falsetes más sensibles, mientras el piano la arropa soportando todo el peso de la melodía y el acompañamiento. La soledad de las notas en ‘Grow Grow Grow’, el patrón simple, repetitivo y amenazante de ‘When Under Ether’ o la perfecta alianza con la armónica en la sublime ‘White Chalk’. Todo se desarrolla alrededor de las teclas del piano, desterrando al resto de la instrumentación a segunda fila.

Dulce desolación

‘The Devil’ pone inicio al álbum dejándonos claro que lo que nos encontraremos en White Chalk no está hecho de nada que nos podamos esperar. Lo que un día le dio todo a la de Yeovil, ahora parece insignificante. Atrás queda su forma de cantar, de tocar, de enfrentarse a la incomprensión o a la decepción. Atmosférica y sombría, despliega su voz hacia lo más alto y suena a la más dulce desolación cuando pide perdón en ‘Broken Harp’ o dramatiza en una brillante ‘Silence’ que esconde el rock que corre por sus venas. Sexy e insinuante a veces, amenazante otras. Atrevida siempre.

Sus letras muestran esfuerzo y muchas veces, dolor. White Chalk se descubre oscuro y austero, llevando a las canciones a un punto intermedio entre la compasión y el enfrentamiento. Por eso, es un álbum que nos necesita dispuestos a arrojarnos a la dulzura y la perturbación. En el momento adecuado, la intimidad de White Chalk es agradable, necesaria, no deja que nos ahoguemos en nuestra propia soledad y nos lleva de la mano por la línea fina que separa el ensueño de la pesadilla.

8.1/10

 
Puede que crear solo sea un ejercicio sublime cuando alcanzas algo nuevo y diferente a los demás, pero cuando además lo haces reinventándote a ti mismo. Una vez más. Sin perder capacidad de emoción ni de sorpresa. Y esa fue PJ Harvey en White Chalk. Olvidándose del rock alcanzó una vez más la cima de lo bello, dándonos una lección de talento y atrevimiento. White Chalk nos dio una bofetada. Fue inesperado y demoledor. Y hoy, casi diez años después, continúa siendo así.

  • Diego Duarte R

    no y no, puedo con este album, me abruma, me sofoca, es el album mas extraño de Pj Harvey, el que se queda para oidos educados y no para el que ama el rock, lo siento demasiada perturbación para mi.

  • Saludos…

    Para mi un auténtico meh!…

    Nos vemos.

    • Carliwi Kingkiwi

      Totalmente de acuerdo, me resulta aburrido hasta decir basta. Para mí no merece ni el aprobado y es, junto al Uh Uh Her, su peor disco

  • Como muchos, la revisión de material es algo a lo que hay que tender, para reencontrar matices o romper cimientos de algunos altares..

    Tenía en más estima en su día al White Chalk, no sé realmente por qué…será que la trampa de temas como “When under ether” me hacía nublar el panorama, pero después de haber repescado e ingerido la discografía de Pj, la verdad que al final este disco me parece más bien…. humo. Un humo, eso sí, elegante, fantasmagórico, arriesgado…y eso siempre es de aplaudir, pero al que no me agarro, por eso mismo. Básicamente, no me agarro a sus cuerdas vocales en la mayor parte del minutaje. Y eso, viniendo de quien viene….

  • dr.chou

    Pero qué decís, inconscientes!!!!