La serie musical del verano: The Get Down

Una fábula sobre el nacimiento del Hip Hop

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En esta temporada estival de 2016 parece que sólo ha habido una serie y que sólo se habla de (la fantástica) Stranger Things. Pero en la parrilla veraniega ha habido espacio para más propuestas interesantes, aunque también han venido de la mano de Netflix. Hablamos de The Get Down, que ha estado incluso por encima de la serie estrella del verano en el aspecto musical.

The Get Down, más que una serie con una buena banda sonora es directamente una serie sobre la música en sí. La historia está ambientada en el neoyorquino Bronx de y la época son los finales de los años 70. O sea: el lugar y el momento donde habitualmente se sitúa el nacimiento del Hip Hop. Digo habitualmente porque al haber sido un género con unos orígenes tan al margen de la industria es difícil poner una fecha exacta. Y sobre el lugar también hay quién discrepa con la teoría mayoritaria, como se puede ver en el documental Founding Fathers: The Untold Story of Hip Hop.

Polémicas aparte, la importancia del Bronx en este surgimiento y que el género ya se había configurado hacia 1977 son hechos innegables. Y es en este ambiente donde vamos a ver cómo un grupo de chavales que, incluso viviendo en el mismo barrio, se van a dar de bruces con un tsunami que ha crecido a su alrededor sin que ellos fueran conscientes hasta entonces.

Estas coordenadas espacio-temporales enmarcan un momento que encaja a la perfección con la teoría que Tony Wilson expone en la película 24 Hours Party People (minuto 51:06) en la que afirma que la historia de la música popular es como una doble hélice. “Son dos olas que se entrecruzan, cuándo una ola hace así (señal de ir hacia abajo), la otra hace así (señal de ir hacia arriba) […] básicamente cuando un movimiento musical desciende otro nuevo asciende. Ahora mismo estamos en un cruce, en un hiato”.

Eso, que valía para Manchester unos años después, también valía para el Bronx en 1977. Aquí la dicotomía está encarnada a través del protagonista de la trama y por la chica de la que éste está enamorado. Esta pareja comparte su deseo por escapar de un barrio que era literalmente zona de guerra entre las decenas de bandas que lo poblaban y ambos quieren usar la música como herramienta para conseguir este objetivo. La diferencia está en que cada uno elegirá una de las dos olas de la “doble hélice”.

La chica tiene las cosas claras y se ha decantado ya por la ola que en ese momento está en pleno auge y domina los clubs y las listas de éxitos, pero que a la vez va a comenzar su bajada: la música disco. El chico, que está más perdido, encontrará un aliado inesperado en algo que todavía no tiene ni un nombre definido pero que se lleva cocinando desde hace tiempo en las fiestas callejeras del barrio. Esta es la ola ascendente que nadie entonces podía imaginar hasta dónde llegaría.

Además, alrededor de esta pareja se muestra todo el entorno político-social de la época. Aparecen el tráfico de drogas (una de las pocas salidas laborales del barrio y una de las más lucrativas), la violencia que asolaba el Bronx (en gran parte como consecuencia del anterior) y unas elecciones que llevaron a un adalid de la mano dura como Ed Koch, y enemigo declarado del graffiti, a la alcaldía de la mayor ciudad de Estados Unidos.

El tono usado en la narración es contradictorio, realista y naif a la vez. Por una parte, se tocan los temas más peliagudos y se usan gran cantidad de imágenes de archivo de la época que dan verosimilitud a la trama. Pero por otra, los protagonistas de la historia son un grupo de chavales que que dan un aire bastante inocente a la historia. Incluso cuando se tocan los temas más desagradables, como la violencia o el abuso de las drogas, estos son suavizados con herramientas como el humor. Así, el resultado parece un remedo de los Goonies versión callejera.

Pero en el apartado estrictamente musical la serie es bastante acertada. Por una parte se muestra el ambiente de los exclusivos clubes de la época al estilo del Studio 54, donde la música disco era la reina de las pistas de baile. Y por otra, y quizá sea el principal interés de la serie, las fiestas callejeras donde nació el Hip Hop. En este aspecto se nota la asesoría de testigos directos, algunos tan importantes en el proceso como Grandmaster Flash. Éste incluso cuenta con un personaje que le encarna en la trama y hay más apariciones similares Y se agradece también la fuerte vena didáctica con la que se llega a explicar en pantalla cuál es el proceso básico en el que consiste el turntablism.

La serie, aunque es de gran calidad, tomó decisiones en su creación bastante desconcertantes, unas para bien, otras para mal y otras que ni sabría decirlo. Entre estas últimas está que para dirigir un proyecto sobre el nacimiento del Hip Hop en el depauperado Bronx de finales de los 70 se escogiera al australiano Baz Luhrmann, conocido por películas como Moulin Rouge. Entre las más desafortunadas está que en un elenco con actores tan solventes como Jimmy Smits, por ejemplo, se incluyera a Jaden Smith que cuenta con la expresividad de, no sé, pongamos una caja de zapatos. Pero no vayamos a ser malpensados y achacar su fichaje a su apellido. Y entre las sorpresas más inesperadas está el uso recurrente de la canción ‘Vitamin C‘ del grupo alemán Can, que a pesar del origen tan lejano encaja sorprendentemente bien con el aire de la historia.

A pesar de que ésta no será la serie definitiva sobre el nacimiento del Hip Hop, y que sería necesario un proyecto con un punto de vista más adulto sobre el tema, es muy recomendable si se tiene interés en la cuestión. Y sólo puedo terminar diciendo que ya espero ver la segunda temporada que Netflix ha confirmado. Mientras tanto, para soportar la espera, en Spotify es posible encontrar las canciones que aparecen en cada capítulo.