The Smashing Pumpkins: cuando el tamaño sí importaba

Los años dorados en los que el talento sacaba a relucir auténticas perlas de larga duración

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Tonight, Tonight‘, ‘1979‘, ‘Today‘, ‘Disarm‘, ‘Cherub Rock‘, ‘Perfect‘, ‘Ava Adore‘… hubo un tiempo en que Billy Corgan podría haber salido desnudo por la calle y nadie hubiera tenido el derecho a decirle nada. Era justo. Ha compuesto cantidad de letras geniales, era la cabeza pensante de un grupo que cuando estuvo engrasado facturaba canciones tremendas y algunos discos magníficos. La cantidad de himnos creados, que son unos cuantos, seguramente sea proporcional a la de gente para la que haya sido un ídolo o referente, sea uno de la Generación X o no. Sólo es necesario recordar algunos de los temas arriba mencionados y es normal que se te ponga la piel de gallina. No sé si hay un equivalente inverso a que se te erice el vello, pero desde luego es lo que lleva pasando años con Billy y SUS Smashing Pumpkins. De todos los clásicos de los 90s que han aguantado en activo hasta hoy y que han ido entrando en decrepitud musical, quizá Billy sea el máximo exponente. Aún recuerdo al pesado de Billy y sus punteos farragosos de un cuarto de hora hace algunos años en Madrid, cuando les telonearon Ringo Deathstarr con un auténtico conciertazo. Salvo unos poquísimos clásicos, nos condenó a un ejercicio de onanismo guitarrístico de su última etapa con un virtuosismo verdaderamente cansino —ya sabemos que sabes tocar la guitarra, Billy—. Ahí el tamaño importaba, pero para peor.

Sin embargo, hubo un tiempo en que el tamaño importaba para bien. Hasta prácticamente 1996, después ya vendría el cambio estilístico con Adore (Virgin, 1998) un disco infravalorado y que también incluía temas de largo minutaje, sin embargo ya no tenían el punch de los años anteriores. Así que vamos a centrarnos en esos temas largos que generaban todo lo contrario al sentimiento de rechazo y sopor de la época post-Adore —y sobre todo la más reciente—. Repasaremos las que duran más de seis minutos, es decir, según la medida hipersónica de El tamaño sí importa. Precisamente ahora que ronda sobre la nívea cabeza de Corgan la idea de reunir a la formación original para sacarla de gira, sería un buen momento para escuchar en directo esas canciones largas no soporíferas —y las no largas, claro—. Vaya concierto sería ese, ¿eh? Tras los jitazos de cada disco había espacio para los amantes del virtuosismo, las progresiones y el músculo. Hagamos un repaso de ellas.

Psychodelic

Ya que vamos a ir por orden cronológico, mejor empezamos por Moon, la demo en la que tenían el sonido que se espera de una maqueta, pero en el que los cuatro miembros ya enseñaban que había madera —y un gusto raro para el nombre, entonces Thé Småshiñg Pümpkiñs—. Dentro de la misma ya enseñaron la patita en lo que se refiere al gusto por temas largos. ‘Psychodelic‘ es el primero de ellos, un tema simple con una evolución normalita hasta que ya empiezan a retorcer sus guitarras y en el que sobre todo en la segunda mitad se percibe la buena sintonía entre el bajo de D’arcy y la batería de Chamberlin. Al final ya se ve el descaro de este con esos redobles tan molones. Iban a dar que hablar. Y mientras a por el pogo, jóvenes.

Rhinoceros

Rhinoceros‘ es la primera hostia cósmica de larga duración de ese grupo primerizo que ha estado algunos años haciendo ruido para debutar con un disco que contiene la violencia suficiente para que se te pongan los ojos como platos. Una progresión lenta que empieza con un ambiente entre oscuro y lisérgico gracias a la coraza rítmica y a la voz nasal, lánguida, de Corgan, a punto de deshacerse con la pisada del pedal y con esos punteos metaleros que pusieron los puntos sobre las íes. Era el momento de abonar el terreno para lo que vendría después.

Hummer

Dos años después, con Siamese Dream (Virgin, 1993), bajan ligeramente el tonelaje de su música, quitándole esa raíz más metálica y metalera, pero manteniendo la agresividad, lo cual lleva a un álbum que empieza a acercarles a la cresta de la ola. Buenísimos singles para conquistar a la masa y esas canciones infinitas que te sumergían en las enmarañadas guitarras de temas como ‘Hummer‘, que sin muchos preámbulos va ya al grano en el primer minuto. Total protagonismo de las guitarras y Chamberlin soltándole buenas galletas a la batería. Y esta vez, con un tema largo en el que Corgan va más suelto, combinando registros más furiosos con otros más suaves, acordes a la letra, que te llevan con él a un majestuoso final de canción.

Soma

La clásica canción depresiva sobre una relación, pero esta vez con la solemne entrada de toda la distorsión en modo shoegazero en el momento del lamento, generando uno de los momentos de mayor épica del disco y construyendo uno de los temas largos más célebres del grupo. Los punteos que se retuercen, cada vez más agudos, sobre la base lenta y corrosiva de la guitarra rítmica proporcionan de nuevo ese erizamiento. Y a su vez, la sensación de ver cómo un grupo va poco a poco llegando a su perfección, sobrados como lo estaban en ese momento.

Silverfuck

Y después de los momentos de lloriqueo, los minutos de la rabia, de la ira contenida y los disparos en la cabeza. Tremenda aquí la tensión en la que te mantienen todos, tanto las guitarras de Corgan e Iha como la batería de Chamberlin y la gran intensidad del bajo de D’arcy. Eran unos músicos geniales y a la hora de funcionar como conjunto ese virtuosismo les permitía construir estas gloriosas sacudidas como las del estribillo y tocar a altos tempos. Sí, después el manido truco de la calma tensa y la explosión. Pero madre, qué explosión, qué fiereza, qué todo.

Porcelina of the Vast Oceans

Y entonces, ya en la cresta de la ola, Corgan se viene arriba y se pone a escribir canciones como loco, dejando en total un disco doble con 28 temas. Un trabajo bastante versátil en el que por supuesto no faltan los registros grandilocuentes como los que encontramos aquí, con una producción que mima mucho todos los detalles de diferentes capas y en el que una vez más, los Smashing Pumpkins vuelven a atacar desde sonidos afilados que después se tranquilizan y vuelven a golpear. Sonido noventero para definir una década.

Thru the Eyes of Ruby

La segunda de las tres canciones largas del álbum, y esta en el papel de la más pesada, con el sonido característico de guitarras grunge y con un Corgan en estado de gracia de nuevo, perfectamente mimetizado con la coraza instrumental de la que tira. Ruido, punteos estratosféricos con acompañamientos aguerridos y un par de minutos de descanso final para dejar morir la canción en la orilla después de todo el oleaje.

X.Y.U.

Sin duda uno de los aciertos del maremoto que es Mellon Collie and the Infinite Sadness (Virgin, 1995), es su capacidad para jugarse las cartas a baladas de piano y luego soltarse temas iracundos, casi tétricos, como ‘X.Y.U.‘ Es la representación de la parte más violenta y asesina de toda la trayectoria del grupo. Unos riffs cortantes y jodidamente ofensivos que se complementan con ritmos a quemarropa dispuestos a quemarlo todo, a abrir las puertas del infierno como la propia canción dice. Tonteando de nuevo con el metal en la vertiente más dura de la formación.

Starla

Durante sus años dorados, y como tantos otros grupos, se guardan para compilaciones y discos de rarezas algunos temas soberbios, como en Pisces Iscariot (Virgin, 1994). Y dentro de este capítulo especial dedicado a cortes largos, ‘Starla‘ es sin duda uno de los nombres propios. Una letra algo angustiosa que trata de salir adelante en medio de una epopeya de once minutos con riffs majestuosos que se van soltando poco a poco como un muelle, cada tramo, más potencia, más épica, más punteos haciéndote noquear. Escuchando esta —que no ocultaré es de mis preferidas— se ve la enorme diferencia entre las progresiones que hacían entonces y en las que ha caído Corgan en la actualidad. Desde el inicio con esa sección de viento tan psicodélica hasta el final, ya con todos los instrumentos incendiándose, ‘Starla‘ es una auténtica joya.

The Aeroplane Flies High (Turns Left, Looks Right)

Y para finalizar acabamos en otro punto fuerte de la recopilación The Aeroplane Flies High (Virgin, 1996), donde vuelven a enfrentarse a sus letras depresivas, oscuras, luchando contra sus demonios internos con estrofas como Siempre tuve miedo de morir / pero creo que tengo mas miedo de vivir. Para ello, acompañan la lírica con una coraza lenta y de avance lento, donde el bajo lleva el mando hasta que entran las distorsiones para llegar al dolor. Eran otros tiempos. Tiempos donde escuchar los temas largos de los Smashing era sudar. Sudar y disfrutar.

Repaso discográfico | The Smashing Pumpkins

Me gusta el chunda-chunda.

  • Saludos…

    Ummmhh, joder, que buenos eran y cuanta nostalgia. Y esa caja del ‘The Aeroplanes Flies High’ era un gran festín para los adictos. Muchos de los temas que se suponen como descartes o caras B no tienen nada que envidiar a los titulares. O a mi me lo parecía.

    Nos vemos.

    • En absoluto, las dos últimas, titularísimas.

  • Sebastian Diaz

    Porcelina Of The Vast Oceans fue prácticamente la canción que me convenció de seguir escuchando a los Pumpkins. Cuando descubrí su discografía, los primeros discos no me engancharon y el Mellon Collie me tomó un tiempo para darme cuenta que para mí es el mejor disco de los ’90. La forma de destruir mis barreras fue a través de Porcelina.

    Lástima que Billy ya no haga siquiera temas como los de Machina, en ambas partes. Ojalá se dé esa reunión, y los demás le aclaren las ideas, con golpes incluidos si correspondiera.

    • Habrá que cruzar los dedos, esa reunión podría dar mucho de sí, pero mejor no esperar mucho por si acaso. Eso sí, si es sólo reunión para clásicos, que se lo lógico, OJO.

  • Esteban Martínez

    Gran nota pero siempre que se habla de los Pumpkins en Hipersónica lamento tanto el menosprecio hacia Machina: The Machines of God, que es un disco fabuloso pero que claro, no conectaba en absoluto con lo que a comienzos de Siglo “se llevaba”, nadaba en la burbuja Pumpkins (lo cual no era en absoluto malo) y nadie lo acabó entendiendo. Incluso las canciones del Machina II eran buenísimas! Recuperaban las atmósferas oscuras de los primeros años de la banda. Es una lástima el que ese proyecto no haya finalizado como correspondía.

    De ahí en adelante todo ha sido lamentable. En Oceania hay dos o tres buenas canciones, incluso en Zeigeist, pero por sobre aquello está la maldita actitud de un Corgan acabado, empeñado en sostener la marca “smashing pumpkins” unicamente por dinero + ego, pero jamás consiguiendo el sonido que Iha le ayudaba a construir, por más imitadores que contrató. Y es que la rabia ya no estaba, sin los chicos feos del salón los Pumpkins no son nada.

    En fin, gran artículo, Corgan tenía la pasta para hacer historia. Una máquina de componer grandes canciones, y Mellon Collie, el mejor disco de la década sin ninguna duda. De los grandes de la historia.
    Saludos!