Viva Belgrado – Ulises

Un disco de contrastes, de cambios, de matices.

Ulises

Nos topamos con otro de esos odiosos casos de “el siempre difícil segundo disco”. Las cosas como son, tras el impacto de un disco como Flores, Carne (Tokyo Jupiter, 2014), el próximo trabajo de este cuarteto cordobés iba a ser mirado con lupa, viendo si iban a ser capaces de mantenerse interesantes y no sucumben por la presión. Con un “éxito” inusitado para una banda de post-hardcore, Viva Belgrado han pasado a una posición con muchos focos apuntándoles, algo que ha llegado a derribar miles de grupos que no han sabido estar a la altura.

Casi por sorpresa han lanzado su segundo álbum, Ulises (Aloud Music, 2016), y nos muestra que la banda no se ha acomodado. Se va apreciando la evolución con respecto a las maquetas, ya iniciada con su anterior disco, mostrando que tienen bastante claro que tipo de banda quieren ser y hacia dónde se quieren dirigir. El disco se postula como un punto de inflexión y las diferencias con respecto a su trabajo previo son bastante notorias, sin llegar al punto de estar escuchando otra banda distinta. Por eso mismo me ha parecido más interesante centrar el análisis en esas diferencias, con el fin de comprender mejor lo que significa este álbum en su carrera y lo que puede llegar después. Para darle un toque más ameno y ágil, lo he planteado como una de esas secciones de “Sube/Baja” tan clásicas.

Sube: La inmediatez. Las canciones van más al grano. Incluso aunque las canciones no sean más cortas (el disco dura casi lo mismo que su predecesor), sí que se aprecian más directas.

Baja: El oxígeno. Desde que inicia el disco, este no te suelta, y no deja mucho tiempo al descanso (incluso teniendo interludios inteligentemente colocados) por mantener tanto la actividad. Llega a pasar tan deprisa que antes de darte cuenta ya ha terminado.

Sube: La fluidez. El disco está lleno de contrastes, tanto en sonido como en tono, pero pasa de uno a otro con facilidad y sin tropezar. Uno de los factores que hacen que se pase tan rápida la escucha.

Baja: El reposo. Como ya he dicho antes, antes de darte cuenta se te ha pasado el disco. Pestañeas y ya has escuchado cuatro canciones. El disco presenta una gran fluidez, pasando bien de tema a tema, pero a veces se acelera demasiado y es más fácil que uno se pierda.

Sube: La potencia. Desde el primer tema están entrando a machete y con las guitarras llegan a muchos puntos de energía desatada por doquier. Por suerte, la canalizan bien.

Baja: La personalidad. A veces, llegan a recordar más a otra gente –La Dispute se asoman mucho por el disco- y no sacan tanto a relucir la identidad que habían llegado a forjar con Flores, Carne.

Sube: Post-Harcore. Estamos, casi con total seguridad, ante su obra que más se ajusta a los patrones del género, mostrando también más matices emo que nunca. Las referencias a gente como La Dispute son evidentes, incluso a la versión más reciente de estos donde coquetean con el Indie Rock -¿se dirigirán los cordobeses hasta esos terrenos?-.

Baja: Post-Rock. El poso de este es menor que nunca. Siendo un componente de gran importancia en el pasado, aquí ve bajada drásticamente su presencia. Eso termina marcando la falta de reposo que presenta el trabajo.

Sube: El concepto detrás del disco. Cogiendo de base el libro del irlandés James Joyce de mismo nombre, los cordobeses logran trasladar la travesía del protagonista a la lucha contra las emociones del día a día.

Baja: Las letras. Se hacen más simplonas y cuesta más conectar con ellas. Aunque, ¿centraríamos tanto el debate en ellas si estuvieran escritas en inglés o incluso en catalán?

Sube: La voz de Cándido. Se le nota más cómodo que antes cuando se salía de los registros más screamo. En ocasiones se llega a soltar bastante en un tono más calmado incluso aunque el caos sonoro le rodee.

Baja: Las partes calmadas. Ya no son tan sugerentes y satisfactorias, puesto que se usan menos para darle más profundidad a los temas, sino que se hacen temas enteros así para crear contrastes. Y esos temas puramente calmados son menos interesantes.

Sube: Las canciones. Aunque este sea un trabajo que podríamos denominar como conceptual, las partes que lo componen, los temas, presentan ciertas características que resaltan su individualidad y que las hacen funcionar incluso alejadas de su contexto. Por eso mismo podemos hablar aquí de su “disco de canciones”.

Baja: La regularidad. Ulises no presenta la constancia de Flores, Carne, así que las piezas nos van dibujando una especie de montaña rusa de calidad, algunos picos muy altos y otros que son casi una bajada vertiginosa. La solidez aquí está más comprometida y eso desluce el resultado final observado en su globalidad.

Sube: ‘Transatlántica’. Si se hace un top de sus mejores canciones en el futuro, esta tiene que estar bien arriba.

Baja: ‘Por la mañana, temprano’. Me recuerda demasiado a Carlos Sadness. Y no me gusta Carlos Sadness.

7/10

Muchas sensaciones mezcladas, muchas cosas con las que ilusionarse y otras con las que arquear ligeramente una ceja. ¿Tropezón? Quizá no llegue a tal extremo, pero sí que queda la sensación de que Ulises podría haber sido más de lo que actualmente es. Aunque marca una interesante evolución con respecto a su anterior disco, se queda un escalón por debajo de él. Pero Viva Belgrado siguen funcionando, siguen dejando ramalazos de calidad y siguen mostrando que sí, que aquí hay banda. No es seguro lo que nos puedan deparar en el futuro, pero tiene pinta de que puede merecer bastante nuestra atención.

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