Wovenhand – Star Treatment

De mirar en el interior de uno mismo a posar la vista en las estrellas.

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No encajamos en ningún lado. Eso es así. No es el objetivo y no importa si encajas o no. En muchos aspectos yo soy muy lo que la gente llamaría “beato” para el mundo en general y muy “mundano” para la iglesia. Por tanto, yo tampoco encajo con la visión que cada uno tiene del otro grupo. Pero no es nada nuevo, así ha sido siempre con lo que hago. No es que sea mejor ni nada, es como es. No intento conciliar ninguna dualidad. Creo que todas las cosas ya están conciliadas. No necesito reconciliar nada, sólo dejo que la música que sale, salga, y simplemente hablo de las cosas que están en mi mente. (David Eugene Edwards).

En la teoría de la jerarquía de las necesidades humanas, más conocida comúnmente como la pirámide de Maslow, se expone cómo antes de llegar a satisfacer los deseos más profundos y elevados, tales como el reconocimiento y la autorrealización, antes hay que cubrir una serie de necesidades más básicas, yendo de lo fisiológico a lo social. Conseguir la aceptación social, la pertenencia a una comunidad, es un requisito a adquirir antes de poder centrar la atención en la necesidad más elevada, en la búsqueda y aceptación de uno mismo.

Algo que resulta complicado para aquel al que le cuesta ser aceptado por cualquiera.

Demasiado religioso para un mundo de rebeldes y demasiado rebelde para un mundo religioso. Demasiado folklórico y místico para el mundo del rock y, al mismo tiempo, demasiado oscuro y rockero para el mundo del country. La historia de David Eugene Edwards ha sido una constante búsqueda en pos de encontrar una comunidad capaz de aceptarle por completo tal cómo es. Su historia también ha sido una constante búsqueda personal, de intentar descubrir cómo es él realmente. ¿Un macarra espiritual o un predicador desatado? Una larga travesía por el desierto, en forma de carrera musical al mando tanto de 16 Horsepower como de Wovenhand, que parecía haber encontrado destino con un disco tan magnífico como Refractory Obdurate (Deathwish, 2014).

Wovenhand encontrando su lugar en el universo

Inesperadamente, parece que la comunidad metal ha sido la que ha terminado por acoger y admirar la figura de Edwards con todas sus aristas y facetas. Todo ello a pesar de que la música del propio Edwards nunca se ha colocado en las coordenadas del metal, ni siquiera en sus versión más dura. Pero eso no fue impedimento para que un sello como Deathwish haya terminado editando su obra. No resulta ni mucho menos casual que el artista terminase firmando uno de sus mejores trabajos con esta casa. Una vez encontrada la aceptación de una comunidad, ha podido terminar de encontrarse a sí mismo artísticamente. Incluso aunque las diferencias de su yo actual con su yo de 1996 no sean tan pronunciadas, al menos formalmente.

Una vez encontrada la aceptación de una comunidad, Edwards ha podido terminar de encontrarse a sí mismo artísticamente

Acertadamente entonces describió Cronopio aquel trabajo como un nuevo inicio. Lo cual implica que un disco como Star Treatment (Sargent House, 2016) debe significar el siguiente paso de un Edwards ya plenamente consciente de quién es y hacia dónde quiere dirigirse, teniendo en cuenta que retornar hacia atrás ya no es una opción. Y cierto es que, una vez escuchado, la sensación que transmite es de cierto -moderado- avance, por no decir reafirmación con la dirección escogida.

Come Brave’ retoma esa senda hard rock donde nos dejó Refractory Obdurate. A partir de ahí, el disco va tomando su propio color y las similitudes con lo anterior son las correspondientes con la coherencia estilística y las diferencias residen en los matices. Una vez ha logrado comprenderse a sí mismo, Edwards ha decidido poner su punto de mira más allá de la estratosfera, fijándose en las estrellas. Eso se refleja bastante en unos teclados que se cuelan a lo largo del disco y que acercan esos momentos más místicos -lo más duros también incluso- a un sonido más espacial, dentro de lo que permite el sonido de Wovenhand.

Edwards ha decidido poner su punto de mira más allá de la estratosfera, fijándose en las estrellas

Coged mismo ‘The Hired Hand’, uno de los temas con más punch, una especie de ‘Long Horn’ más marciana. Pero como ya digo, la diferencia sonora está más en matices que en un giro de guión. El disco continúa bastante por ese sendero que su líder decidió recorrer desde hace un par de discos. La diferencia más sustancial se puede situar a nivel de canciones, presentando un poco más de irregularidad, con algunos valles de atención que dificultan la completa conexión con la obra. Algunos temas no llegan a enganchar tanto como antes y eso le resta solidez, aunque Edwards sigue entregando muestras de talento envidiable como en la citada ‘The Hired Hand’, la exquisita ‘Crook and Flail’, la inmensa ‘All Your Waves’, la emotiva balada ‘Golden Blossom’ o la tremenda ‘Go Ye Light’.

7.8/10

Se puede decir que Star Treatment se coloca en un escalón por debajo de los dos discos que le preceden, aquellos que forman una de las mejores etapas (¿la mejor?) de Wovenhand, y todo es debido a una serie de canciones que no terminan de transmitir o de llegar al nivel tan espectacular al que nos tienen acostumbrados. Aun así, estamos ante un disco con numerosos aciertos, tanto en el cancionero como en la manera de seguir dando pasos adelante para una banda que se niega a anquilosarse. A mí, por lo menos, me sigue interesando mucho lo que Eugene Edwards tenga que contarme aquí y, sobre todo, lo que me tenga que contar más adelante.

  • Saludos…

    Me gustaron bastante esos 16 Horsepower que descubrí aquí y el anterior de Wovenhand, o sea que este habrá que atacarlo.

    Nos vemos.

  • En una primera escucha me dejó algo frío, pero en las siguientes me fue gustando más. Aún así, también lo considero por debajo de sus anteriores discos.

    Me flipa Crystal Palace. Pero a lo loco, además: