Enric Montefusco – Meridiana

El barcelonés supera con nota el examen de su debut en solitario

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La mayoría de los discos que mencionamos aquí serán olvidados antes o después. Los motivos serían inabarcables. Por no comentar que, directamente, muchos de ellos ni siquiera serán escuchados jamás por una minoría de la población. No quiero meterme en el lodo de la música minoritaria ni la superioridad moral que suele acompañar a ese discurso. Simplemente es así. Los que acapararán, por ejemplo, los puestos altos de la lista de mejores discos nacionales a final de año jamás podrán vivir de esto. Quizás muchos ni siquiera vuelvan a sacar otro disco.

Meridiana: ¿has probado a apagar y volver a encender?

Es por eso, por lo del engañoso encanto de lo minoritario, que extraña lo que algunos deciden de cuando en cuando. Al menos, interprentando decisiones en clave de audiencia. La necesidad de reinventarse, de regenerarse y empezar casi de cero cuando, por fin, tras dos décadas entregando tus propuestas, variopintas hasta el exceso, se había alcanzado una repercusión la mar de decente.

La decisión de Enric Montefusco fue, hace unos cuantos meses, la de dar muerte a Standstill. La banda barcelonesa había acaparado grandes críticas, tanto en su etapa post-hardcore como en la mucho más recogida que vino a continuación, y que además trajo consigo un relativo éxito de público, y les sirvió últimamente para que su nombre apareciese en letras bien grandes en carteles de festivales de cierta enjundia, además de para llenar repetidamente salas de aforo considerable (si bien es cierto que el concepto “gira de despedida” siempre arranca una atención superior). Y, justo ahí, se manda todo, intuímos que por decisión de Montefusco, a tomar por culo.

La decisión no está exenta de valentía. Y esa valentía debe ser, a priori, aplaudida, incluso cuando a servidor la notica le sentó como un tiro. Ahora la cuestión era trazar un camino en solitario que estuviese a la altura de unas expectativas que, disco tras disco de Standstill, se habían puesto muy altas. Y el resultado final de Meridiana (Buena Suerte, 2016) ha resultado ser bastante digno, a pesar de lo que nos había preocupado el adelanto en forma de ‘Flauta Man’ (¿en qué momento nos pareció buena idea ponernos a pitufar, Enric? ¿en qué momento?).

La propuesta en solitario de Montefusco está protagonizada por instrumentaciones más básicas, aunque muy plurales, y una mayor querencia por el folk y la música popular

Pero el temor se ha disipado, y nos hemos encontrado con un Meridiana notable. Un trabajo en el que Montefusco ha continuado, a grandes rasgos, la senda marcada en los últimos discos de Standstill, y, más concretamente, en Dentro de la luz. Digo a grandes rasgos porque su propuesta en solitario está desprovista de tanta ornamentación, coros (que haberlos, haylos), y da un paso más hacia lo sencillo. Instrumentaciones más básicas, aunque muy plurales, con sus vientos, sus acordeones y sus cosas, y una mayor querencia por el folk y la música popular.

Entonces, ¿el disco va a hacer olvidar a Standstill y a, simplemente, aceptar que la vida sigue? Pues no, no diría yo tanto. Meridiana abre con el tema homónimo, un corte que empieza con sutilidad casi onírica para ir caminando hacia esos crescendos entregados a las cuerdas, que tan bien maneja el catalán, y a partir de ahí se suceden una cantidad de temas lo suficientemente meritorios como para abrazar el álbum sin demasiados miramientos. Pero de momento la sombra de Falkner, Lavado y Elvira es todavía alargada.

Quizás sea una mera cuestión de tiempo. De aceptar el presente y no regodearse en la nostalgia. Desde luego, Meridiana hace el esfuerzo preciso para obligarnos a avanzar. Con temas tan reconocibles como ‘Todo para todos’, marca inequívoca de la casa, o el incontestable vigor de ‘Uno de nosotros’, sin duda la mejor canción de este Meridiana, escarbando en lo más siniestro de nuestras entrañas, dejándose llevar por el caos, lo siniestro y lo teatral. Una maravilla de esas que justifica, casi por sí misma, todo un proyecto.

7.7/10

Hay hueco para ese abrazo inequívoco a la vena más popular de Montefusco, acordeón mediante, en ‘El rui de l’oblit’, un vals doméstico de cierto encanto. O para, esta vez sí, un adelanto enormemente más acertado que aquel ‘Flauta Man’, ‘Obra maestra’, que consigue establecer un pequeño hueco dentro de ti en el que resuenen continuamente y si el duende sale del dolor, esto será una obra maestra. Incluso para una intensidad algo revisitada ya, pero bien entendida, en el piano de ‘Lo poco que sé’.

Meridiana toca al final sin saber muy bien todavía si es el debut de Enric Montefusco o un octavo disco inalcanzable de Standstill. Elementos como ese tropicalismo latente en ‘Adiós’, no demasiado lucido, nos inclinan irremediablemente a pensar que lo primero. Que la morriña no nos impida ver lo que parece un futuro prometedor.

  • Alarch

    Tenía un poco de miedo… pero los dos temas que enlazas me han gustado bastante. Bien, me sigue molando el estilo de este pavo; voy a ver qué tal el disco.