Gracias, Leonard

El canadiense ha muerto esta noche a los 82 años. Había avisado, pero no quisimos entenderlo.

leonard

Cuesta hasta saber cómo empezar un texto cuando la consternación está tan presente todavía. Así que empezaré por lo fácil: lo primero que recuerdas cuando lees que ha muerto Leonard Cohen. En mi caso, aquella noche en el Auditorio de Castrelos, Vigo, hace ya más de siete años, en la que pude, por fin, verlo en directo. Por motivos obvios era una oportunidad que pensé que jamás podría llegar a tener en vida, pero finalmente se me brindó.

Uno acude a ese tipo de eventos, protagonizados por gente ya bastante entrada en años, con la duda de si no matarán un poco al mito que has ido construyendo en tu cerebro y tu supuesta alma a lo largo de los años. Es el riesgo de idealizar a la gente. El peligro de crear mitos, aunque éstos se creen solos. Por este motivo estuve a punto de elegir una foto de aquella noche para encabezar post. Encontrada en facebook sobre la marcha, ampliada porque no tenía el disco duro con la original en mejor calidad a mano. Porque el muy cabrón se ha muerto dando todas las pistas del mundo, pero sin que uno pueda llegar a creerse del todo que Cohen está a punto de morirse. Pero, aunque sirviese para ilustrar la anécdota, el viejo Leonard merece marcharse con otra imagen. La impecable. La que siempre nos regaló.

Aquella noche, lejos de decepcionar, fue absolutamente mágica. Uno de los mejores conciertos que he presenciado nunca. De esos de tres horas y pico. De los que incluyen un descanso para recuperar algo de aliento, la banda y nosotros. De los que enamoraron irremediablemente y para siempre a aquellos, pocos, que acudían dubitativos. Aquella noche fue del tipo de noches en las que uno sale no solo admirando al artista, sino jurándose a sí mismo que quiere ser como él. Aunque solo sea en lo único en lo que podría ser un poco como él. Aunque solo sea prometerse a sí mismo que a partir de esa noche vestiría siempre de traje y sombrero.

Obviamente, no cumplí aquella promesa. Entre otras cosas porque a mí los trajes no me sientan como al señor Cohen.

Esta noche se ha muerto Leonard Cohen. Él ya lo sabía. Decía que estaba preparado. Puede que él sí, pero nosotros no. Empiezo a aborrecer esta costumbre de los genios de pirarse sin pedirme permiso, porque no se lo hubiese dado. No puede ser, de nuevo, que un puto mito saque un disco y se me muera días después. En serio, dejadlo ya. Y Leonard casi menos que nadie. No porque haya sido el más grande, porque seguramente pocos lo pondríamos como el número 1 del siglo pasado. Sino porque hay gente, bueno, gente no, leyendas, que han conseguido la divinidad sin haber coqueteado nunca con ella. Porque sin conocer a Cohen personalmente, su imagen de tipo elegante, entrañable, sencillo, de abuelo abrazable del que aprender durante las sobremesas en comidas familiares… toda esa pose a años luz de lo que uno imagina en una estrellaza, lo hace todavía más inolvidable.

Como Bowie, Cohen se ha ido entregando discos. Tras volver a la música, a los escenarios, sin que seguramente tuviese especiales ganas de ello en un principio, pero haciéndonos creer humildemente que sí. A Cohen, que llevó los cantos al amor hasta su vida personal, le rodea, al menos para mí, una irresistible aura de perdedor. De aquel que, pudiendo coleccionar conquistas con mayor facilidad que muchos coleccionan cromos (que las coleccionó, de hecho, en una dilatada carrera de mujeriego), se enamora perdida y ciegamente, hasta el límite de no darse cuenda de que lo están desplumando. De aquel que, tras cantar a Marianne y llorar su muerte hace apenas cuatro meses, juró seguirla pronto.

Ya podías haberte metido ese juramento en el culo, Leonard.

Consuelos quedan muchos. Por ejemplo, que nosotros también nos hacemos viejos, y tendremos la oportunidad de hacerlo cada cierto tiempo recordándolo. Poniendo una de las canciones que nos suelte una sonrisa, enseñándole a nuestros hijos, aunque les importen una mierda nuestras batallitas, lo fácil que nos puso poder disfrutar de sus letras y su inspiración. La habilidad con la que convertía en popular, en perfectamente asequible, lo excelso de su musa. Incluso bailaremos con ellos, en brazos, o mientras nos pisan los pies, hasta el final del amor.

Seguramente esta muerte podría haber pillado menos por sorpresa, por volver a un ejemplo reciente, que la de David Bowie. El canadiense había dado pistas para que todos adivinásemos entre líneas que su final estaba muy cercano. Pero los peores ciegos somos aquellos que nos negamos a ver. Que no queremos aceptar la realidad de que quien tiene 82 años está, en mayor o menor medida, cercano a la muerte. Y porque sabemos que la pretensión de Cohen era vivir para siempre. Seguramente lo haya conseguido. Se supone que eso tiene que servir de consuelo, aunque en realidad a mí hoy solo me sale sentir una pena enorme.

Entre todas las cosas que compartió con nosotros, entre toda esa elegancia que jamás ha permitido un paso atrás, entre los versos que, como esos que sirvieron a Dylan para llevarse un Nobel que algunos creyeron que se llevaría él, acercaron a lo doméstico el arte más sobresaliente, quedará para siempre la distinción con la que se ha muerto. Porque hasta sobre el lecho de muerte uno se imagina a Cohen absolutamente impecable. Seguramente Cohen morirá como cualquier otro, pero no es fácil dibujarlo así en tu mente. Seguiremos masticando la desgracia, mientras hoy solo exista espacio para sus discos en nuestros reproductores.

So long, Leonard.

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  • Saludos…

    Descanse en paz. No voy a decir que he sido un seguidor de su carrera, porque no sería cierto, pero siempre he sentido respeto y admiración por los músicos que aún no siendo de mi palo me daban la sensación de tener ese aura de legendaria genialidad en lo suyo.

    Nos vemos.

  • Gabriela AbeAlon

    Aquella noche en Castrelos. AQUELLA NOCHE EN CASTRELOS.

  • Siempre ha sido mi cantautor favorito, y lo que comentas, que avisar nos avisó, pero no quisimos escuchar. Y genial cierre: So long, Leonard 🙁

  • Adiós a un gran compositor de canciones y a un gran intérprete que ha sabido y ha podido alargar su carrera con gran dignidad y calidad.

    Like a bird on the wire,

    Like a drunk in a midnight choir

    I have tried in my way to be free.

    Siempre estará con nosotros.

  • Alarch

    Por lo que sea, nunca he explorado su discografía más allá de los dos primeros álbumes, que me encantan. Supongo que este es un momento tan bueno como cualquier otro para hacerlo.

  • diegoh

    En días como éstos, es donde espero que a joey Santiago le funcione el tratamiento por el alcohol y las drogas y black Francis le baje a las calorías. En todo caso, no soy muy de leonard cohed pero siempre me gustó I can’t forget de pixies https://youtu.be/tEWJsYDdW_E