Melange – Melange

Una joyada de psicodelia y folk patrio

melange

Mola que en esto de la vida todavía, entre quejas y quejas de lo viejo que estás y de cuánto te la suda todo ya, te lleves sorpresas de cuando en cuando. Y, entre otras cosas, que te las lleves en terrenos en los que crees que estás de vuelta de todo, que poca gente sabe tanto como tú sabes. Está genial que, aunque no caigas de la burra ni así, la vida te recuerde que eres un perfecto gilipollas, un snob de cuidado, y que te pases un buen rato digiriendo la hostia. Otra cosa es que tú, después, con el paso del tiempo, te olvides de la bofetada y vuelvas a tropezar cuantas veces haga falta en las mismas piedras.

Melange: al final todo esto iba de tocar bien

A mí ni dios me puede enseñar nada de música ya. Nadie escucha tantos discos como yo, nadie puede acudir a un concierto con una pose más lograda de “a ver qué nos ofrece esta gente, que su maqueta parecía prometedora, aunque la producción fuese tan mejorable”. Todo ello birra en mano y mirada de condescendencia perfectamente estudiada. Esa era, seguramente, la foto exacta de mi llegada al concierto de Melange hace unos meses en Santiago de Compostela, con motivo del WOS Festival. Entiéndase esto como una hipérbole, ya que uno sí estudia un poco previamente, cuando menos para saber si vale la pena arriesgarse a acudir al concierto, o si no será mejor aprovechar el momento para buscar avituallamiento. Y, cuando investiga, se encuentra que tras el nombre de Melange se esconden antiguos miembros de Lüger. Entonces existe como un impulso casi imperceptible que te lleva a ponerte en posición de firmes, tú, que nunca has hecho la mili, y a darte cuenta de que puede que esto esconda una cosa muy seria.

Y, obviamente, así es. Dejemos claro, antes de nada, que Melange (Discos Tere, 2016), el debut discográfico de los madrileños, vio la luz a mediados de marzo. Y tendréis razón en culparnos por no hablar de ellos antes, pero la cosa es que, por fin, lo hemos hecho. Y entre otras cosas el motivo de no poder permitirnos demorar más la llegada de la reseña de Melange es que se acercan los últimos días del año, para qué engañarnos. Y para el que escribe estas líneas, las trazas folk, psicodélicas, progresivas (dios mío, un disco con elementos prog que ha conseguido gustarme, de aquí a convertirme en Cronopio quedan dos telediarios), y hasta flamencas que contiene este trabajo, lo enomemente bien tocado y producido que está, la inspiración brutal de aquel que ni siquiera se está dando la importancia merecida… todo ello hace que Melange me parezca, sin discusión, uno de los mejores discos españoles del año que está cerca de finalizar.

Las trazas folk, psicodélicas, progresivas, y hasta flamencas que contiene este trabajo, lo enomemente bien tocado y producido que está… hacen que Melange me parezca uno de los mejores discos españoles del año que está cerca de finalizar

Hace diez años os hubiese dicho que Melange es el típico disco que, al escucharlo, piensas que no puede pertenecer a un grupo español. Lo diría porque entonces pensaba que aquí no se podían hacer según qué historias. Y, aunque ahora sepa que sí, es cierto que encuentro pocas comparaciones en el ámbito estatal. Cortes como ese locurón de ‘Solera’ mirarían a cualquier divo de la psicodelia actual a la cara y sin sentimiento de inferioridad alguno. Y sí, en directo alcanza unas cotas de calidad sublimes. Ese aroma retro y lisérgico de ‘Verdiales del encuentro’, el sitar de ‘Viaje a Cenera’ (¿sólo a mí me parece que tiene un mérito enorme meter un sitar en un tema y que no entren ganas de huir sin mirar atrás?), o la bestialidad de toda una manada de búfalos en estampida incontrolable (con breve espacio para la calma), al son de ‘Los ojos negros’. Ingredientes de sobra para, a mitad de disco, caer irremediablemente rendido a los casi incontables encantos de Melange. Llegados aquí, ya solo nos queda una duda por resolver.

8.3/10

Y es que vale, todo muy rico, todo muy bien, pero el disco se va a los 73 minutos. Poniendo a prueba tanto su capacidad para no caer en la rutina y hacerse algo pesado, como la nuestra para no aburrirnos. Y hasta eso lo lleva bien. La intensidad de unas guitarras contenidas en ‘Beti Jai’, los cambios de ritmo e intensidad de ‘Nuevos ritos’, o esas densas capas sonoras de ‘Las olas del mar’, que no podrían tener un título más adecuado. Sumados, componen un disco extraordinariamente ecléctico, sin que ello esté reñido con lo que, a pesar de ser tan solo un debut, parece ser un sonido propio. Un discurso intransferible y con muy poca gente que pueda hacerles sombra en su terreno por estos lares. No sabemos si Melange han llegado para quedarse o si su paso por nuestras vidas va a ser tan efímero como lo fue (salvo que aparezcan noticias pronto) el de Lüger. Pero tanto si se da el primer caso como el segundo, lo que sí está claro es que este disco tardaremos muchísimo en olvidarlo.

  • Arturo Fogerty

    Fresquísimo. No como otros grupos que se enfangan en la psicodelia y dan cosica, vease Corizonas.