MIRA Festival 2016, jueves y viernes: el dominio del ambient y el talento de los clásicos

También conocido como la fiesta del loop

alessandro-cortini

Cada vez nacen más festivales pequeños frente a las hordas ingentes que masifican los grandes festivales, y lo vemos perfectamente en el combo de Primavera Sound y Sónar que tiene lugar en un lapso de apenas dos semanas. Frente a eso, precisamente en Barcelona, cada vez hay más eventos electrónicos de pequeño aforo, más cercanos e incluso con posibilidad de tomar un poco de oxígeno. Uno de los más ‘veteranos’ en esto es el MIRA Festival, que este pasado fin de semana celebró su sexta edición. Y lo hizo, una vez más, con un cartel de bastante calidad, cubriendo el espacio que precisamente los dos gigantes mencionados anteriormente no han ocupado, al menos este año. Un festival que aúna la creación de arte digital y visual con nuevas tecnologías y que es capaz de traer a clásicos de siempre junto a nuevos valores de la electrónica.

Un festival que empezó el jueves, abriendo sus puertas de forma gratuita, y acogiendo unas pocas actuaciones que estuvieron complementadas con varias conferencias, además de las instalaciones artísticas. Una de las cosas que nos perdimos, cosas de llegar el mismo día, fue la de Pauk, que presentaba su nuevo disco, Melancholic Anger (Discontinuu, 2016) y que actuó en el escenario Dome, una cúpula para ver proyecciones en 360º. Así que lo primero que vimos en condiciones fue a Konx-om-Pax, que empezó ambiental pero después fue subiendo hasta ritmos más bailongos como los de su disco de este año, Caramel (Planet Mu, 2016), repleto de melodía y beats evocadores. Jugó con sonidos elocuentes y transmitió buenas vibraciones en el ambiente con temas como ‘Caramel‘. Y buenas vibraciones, más bien cachondas, las de Jankenppop con los visuales de Zombectro. Presentaron su proyecto de Windows 93, repleto de errores con su pantalla azul y todo, mientras Jankenppop se encargaba de soltar berridos y cantar al ritmo de un noise contundente que también tiraba por salidas más bailables. Una actuación hedonista y gamberril ideal para cerrar la jornada de calentamiento. Aprovechó para homenajear a Meneo y en la pantalla vimos los iconos del Doom, del Half Life 3 (ojo) y la pantalla azul de cuando petas el ordenador.

Y tras esa primera jornada llegó al fin el viernes con algunos de los pesos pesados del cartel, y la primera actuación que vimos fue la del italiano Alessandro Cortini, que empezó a lo drone con un ambient lento, tirando de frecuencias que se desarrollaban despacio, logrando así generar una atmósfera evocadora que se veía potenciada por las imágenes antiguas que proyectaban tras de sí las tres pantallas. En vez de tirar por trabajos más recientes como Risveglio (Hospital, 2015) se sumió en ese mar de recuerdos, capas y frecuencias que a mitad del directo fueron aumentando de intensidad. Y lo que en un momento era más envolvente se fue convirtiendo en una línea ambiental de mayor envergadura, provocando los primeros aplausos. Y con esa atmósfera más gruesa e intensa se despidió, dejando un buen sabor de boca por la evolución de menos a más que tuvo su live, acabando con decibelios para dejarte sordo.

Acto seguido fue el turno de Lee Gamble con las proyecciones de Dave Gaskarth. Y los suyos fueron sin duda de las mejores de la jornada, acompañando formidablemente al ambient techno de Lee Gamble. Su trabajo visual contemplaba varios escenarios, ciudades futuristas, parajes naturales y figuras abstractas en medio del espacio. Buena recreaciones que se complementaban con los bombos regios y secos a los que apela Gamble en sus sesiones. Iba compaginándolos con más ambient, aunque este más movido que el de la sesión anterior. De hecho, había momentos en los que Gamble ponía una marcha más y acelerando el tempo empezaba a incitar al baile. Bastante bien, en general, el tándem. Y sólo con un pequeño amago de que se fuera a ir todo al garete —como pasó en el Sónar—, pero sólo fue eso, un amago.

Y amagados aparecieron Plaid, detrás de un panel de triángulos, acorde al artwork de su nuevo disco. Sin duda, una de las actuaciones más esperadas del festival, clásicos de la IDM. Los veteranos escuderos de Warp construyeron su sesión a partir de ese sonido tan característico suyo, una IDM de raigambre bastante melódica, provocando los primeros bailes al poco tiempo y no pocos gritos de euforia cuando empezaban a sonar algunos temas conocidos. Entre tanto, el panel se iba iluminando y creando figuras, con algún Pikachu silvestre de por medio. A su lado, The Bee, el guitarrista Benet Walsh que aprovechaba para dar más enjundia y distorsión a un set de por sí bastante elegante, por lo que vino a jalonarlo más aún. Aunque no tiraron tanto de clásicos y sí más de cortes más recientes, que fue con los que se despidieron, con temas como ‘Clock‘. Aunaron la elegancia que les caracteriza, conectaron con un público que desde el primer minuto empezó a bailar y a silbar cuando venían momentos de auge. Un gran sabor de boca y otro de los motivos por los que hay que visitar festivales como el MIRA.

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Porque si algo traía el MIRA era un chorro de grandes nombres, unos seguidores de otros. Y de uno de los clásicos de Warp pasamos a Death In Vegas, que venían a presentar en directo Transmission (Drone, 2016), uno de los mejores discos de electrónica de 2016. Con varios teclados analógicos y ninguna proyección, sólo juegos de luces para centrarse en lo importante, la música, tenían al personal entregado. Se notaba que había ganas de verles. Lógico, viendo también que es uno de esos nombres que hace tiempo que no pisan nuestras tierras. Así que se puso manos a la obra y fue presentando algunos de los mejores temas del álbum, soltando en poco tiempo un ‘Mind Control’ y al rato otras como, ‘Consequences of Love‘, siempre compaginándolas con algunos momentos en los que simplemente tiraban del sonido del Death In Vegas actual. Convirtieron el escenario principal en una buena pista de baile, aunque después de tirar de un par de hits entraban en algún momento de demasiada calma, haciendo un coitus interruptus que bajó el ritmo de la actuación. Aunque después poco importaba porque volvían a la carga, y lo hacían para despedirse con ese ‘Your Loft My Acid’ del disco anterior y que tenía que sonar obligatoriamente. Su carácter lisérgico y su base echa para bailar hasta la muerte, hizo lo propio, generando gritos de quienes la reconocieron y luego ese toque psicdélico de la voz dispersada entre los sonidos arpegiados del tema (como pasó con el resto de cortes con vocales). Al final, un notable sabor de boca.

Y ya que estaba el bailoteo fluyendo en el ambiente y se hacía tarde, era el momento de ver qué traía Throwing Snow. De él se esperaba que fuera una de las actuaciones para disfrutar la noche, y así fue. Su sonido eléctrico, dedicado a rendir homenaje a la pista de baile pero también hecho para disfrutarlo pro los matices que ofrece, fue de lo mejor del día. Junto a los copos de nieve que se fusionaban como un caleidoscopio en las tres pantallas, generaba un aura de comunión y baile entre el público. Manejó muy bien los tiempos y aprovechó también para recrearse en su propio sonido, modificando como buen directo que era, sus propios temas; retorciéndolos, aguantando subidones, bajando los bpms cuando era necesario para después golpear fuerte. Y con ese sonido característico y los mejores temas de su EP recopilado de este año, como cuando sonó ‘Clasp‘, Axioms, le bastó para petarlo. Se le notaba muy a gusto sobre el escenario, de hecho tuvo que venir el señor de los tiempos a decirle que ya tal.

Y cuando parecía que no se podía mantener el ritmo y la marcha de Throwing, llegó el bueno de Gesloten Cirkel para darnos en la cara. Ritmazos oscuros, crudos y acidorros a la vez. Entró a saco y de ahí no salió en toda la actuación. Con proyecciones de juegos vintage de las recreativas que quemar hoy en el MAME, a pantallas de MS-DOS, repartió estopa a diestro y siniestro, yendo directo al grano apelando a un acid musculoso, poco agudo, que le daba un efecto de corrosión a los ritmos claustrofóbicos que salían de su controladora. Y sin renunciar a la melodía, pero nos gusta la mandanga y sus postulados agresivos y tan dark fueron de agradecer. Salir aturdido del festival siempre está bien.

FOTOS | REFUGI FILMS

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