Opeth – Sorceress (en contra)

Opeth tan tardado 20 años en lanzar un disco mediocre. Tiene mérito, pero no deja de ser doloroso

sorceress

Hola, mi seudónimo en internet es Cronopio y voy a hablar “mal” de Opeth por primera vez en 20 años.

Reid, pero esto que suena a confesión en plan “Progs Anónimos” es algo que jamás había pensado que podría hacer en mi vida, algo que ni he deseado ni me he imaginado nunca, algo que me provoca dolor con solo planteármelo.

Bueno, venga, vamos allá. El decimosegundo disco de Opeth no me ha gustado, pero me ha gustado menos aún lo que dice sin hablar de la situación y el porvenir de la banda sueca (lo sé, suena agorero, pero es que ante este conjunto de canciones me es imposible ser optimista).

Y este no es un enésimo capítulo de ese debate entre “Metal sí” y “Metal no” en el que se han enfrascado fans y publicaciones de medio mundo, este no es un texto escrito desde el rencor reduccionista del fan desdichado porque su banda favorita se ha salido por la tangente y ha abandonado su zona de confort. Este es un artículo de alguien decepcionado porque ésta es la primera vez en 20 años que una de sus bandas favoritas no le dice absolutamente nada con última producción, que un disco de Opeth acaba sin encontrar ni un solo momento de esos de levantarse de la silla y aplaudir. Y ahí es donde está el verdadero drama, pues lo de levantarse de la silla y aplaudir, como reacción espontánea, para mí ha sido una constante en toda la discografía de la banda sueca, desde que les conocí con el inolvidable Morningrise (Candlelight, 1996).

Opeth, ¿que nos está pasando?

Hago esta pregunta utilizando la primera persona del plural para que entendáis la envergadura del problema: una banda como Opeth no saca un disco mediocre todos los días, y éste es un acontecimiento que no sólo puede cambiar cierto panorama musical actual, sino que también debe acabar provocando una transformación en nosotros mismos. O más bien, nos hará sentir de forma parecida a aquel que se despide de un miembro amputado, aquel que dice adiós (ojalá hasta luego) a un amigo de toda la vida.

El caso es que si lo analizamos fríamente y en perspectiva, lo de Sorceress (Roadrunner, 2016) es algo que se veía venir, incluso cuando el Death Metal aún era santo y seña, cuando representaba los cimientos de un edificio que parecía imposible de derrivar por su consistencia allá por la década pasada. Watershed (Roadrunner, 2008) fue la primera vez en la que a Opeth se les vieron las costuras, y Heritage (Roadrunner, 2011) fue un movimiento lógico, brillante pero imperfecto, y materializó la primera vez en la carrera de la banda que encadenaban dos discos que no alcanzaban el sobresaliente. Y Pale Communion (Roadrunner, 2014) disimuló la tendencia desde su barroquismo y lo brillante de sus composiciones, pero no logró disipar las dudas que, en perspectiva, ya muchos comenzábamos a fraguar al respecto de la carrera de Opeth: los suecos estaban encerrándose en una prisión inquebrantable, y de su próximo disco iba a depender si escapaban o quedaban encerrados para siempre.

Todo esto se veía venir desde 2008, año en el que Opeth comenzaron su deriva hacia el prog clásico y primera vez en que se alejaban del sobresaliente

2016 llega y tras la ilusión lógica con Pale Communion llega el lógico escepticismo (o puede que algo más). La fanaticada ya está resignada a no volver a escuchar growls ni riffs revientacervicales, pero el problema no está ahí, o al menos no directamente. Y es que en 2016 Opeth se han convertido, de pronto, en una banda con 20 años de carrera, en una banda de esas bandas que llegado un punto empiezan a sacar discos con el piloto automático. Sorceress representa ese momento en el caso de una banda a la que no creíamos jamás ver así, el decimosegundo disco de la banda de Akerfeldt y compañía nos ha demostrado que Opeth son humanos, que no siempre tienen por qué estar inspirados, que envejecen, que fallan… y yo personalmente no sé si podré aceptarlo.

¿La culpa es del prog?

La respuesta es clara y tajante: NO.

Y lo es porque el prog clásico no es la causa de los problemas de Opeth, sino más bien la consecuencia. Los suecos siempre se han movido con inusitada soltura acoplando estructuras progresivas al Death Metal, por lo que llegado el año 2011 y conocida la experiencia del inolvidable Damnation (Koch, 2003) es lógica que la evolución de la banda tomase esos derroteros, como es lógico que no los abandonasen tras la brillantez de Pale Communion.

El prog no es la causa de los problemas de Sorceress, es la consecuencia de algo que los suecos llevan disimulando desde 2008: fórmula agotada

Quién sabe si fue la desidia, problemas en la garganta de Akerfeldt, simple ansia expansiva o un poco de los tres, pero el prog llegó cuando tenía que llegar y lo hizo de forma natural y hoy cada vez tengo más claro que lo hizo para salvar la vida de la banda o al menos para alargarla por unos años más. El desembarco setentero en su momento fue acertado, arriesgado, rompedor a pesar de los elementos clásicos, pero cinco años después, desvanecida la sorpresa, nos muestra a una banda con una colección anodina que ha convertido al que antaño era un recurso en una especie de leitmotif. Esto no es un problema de por sí, pero el matiz junto a la circunstancia nos ha ofrecido a una banda que, por primera vez en su carrera, pide un descanso a gritos.

La culpa no es del prog, en eso estamos de acuerdo, pero en su tercer disco consecutivo púramente progesivo, Opeth han sonado apagados, huecos, CONSERVADORES. Y el prog no es la causa, pero sí es la consecuencia: los suecos comienzan a agotar la fórmula.

Sorceress: un disco de género, sin más

Estructura conservadora, ideas conservadoras, Sorceress es un disco totalmente predecible que no hace sino replicar la estructura de lo que ya nos ofrecieron en Heritage, sin encerrar la menor de las sorpresas. Claro, las canciones no parecen incompletas como sí sucedía con las de la segunda parte del disco de 2011 y eso es de agradecer, pero carecen de la magia, de la inspiración de corte jazzística que marcó canciones como ‘Folklore‘ o ‘Nepenthe‘.

Esta no es una cuestión de expectativas. Opeth pueden dar más, los que les seguimos desde 1996 lo sabemos y podemos exigirlo

Sorceress tiene elementos suficientes como para satisfacer al fan ocasional, o a aquel que se ha subido al barco en los últimos tres discos, desconocedor del inabarcable legado de la banda sueca. Pero es un disco que analizado en perspectiva carece de todo aquello que había convertido a Opeth en la, quizás, banda más constante e importante en el mundo del Metal en los últimos 20 años. Y ese algo no era una cuestión de agresividad, oscuridad ni melancolía, era simple y llanamente magia. Y el decimosegundo disco de la banda sueca no la tiene por ningún lado, a pesar de la apañada ‘Will O the Wisp‘.

¿Son Opeth una banda agotada? Quizás sea un poco apresurado afirmar que necesiten separarse o directamente poner punto y final, pero sí podemos ya afirmar que el prog, esa senda que comenzaron a recorrer buscando libertad, está convirtiéndose, irónicamente, en una cárcel de la que quién sabe si podrán salir.

5/10

Decía Black Gallego hace unos días que Opeth deben pensar en innovar de cara al futuro. Yo personalmente lo veo complicado, ya que los suecos no son una banda acostumbrada a ofrecer sorpresas sino a evolucionar de forma pausada, sin puntos de inflexión. Su carrera hoy les pide un cambio radical o una pausa, un descanso desde el que rearmarse y quién sabe si virar el rumbo en pos de un nuevo destino al que dirigirse lenta e imparablemente. Cualquiera de las dos opciones será dolorosa, pero dolerá aún más ver a Akerfeldt y compañía dirigirse lenta e imparablemente hacia la irrelevancia. Es lo único que no podemos aceptarles.

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Esas bombas nucleares están cogiendo polvo.

  • Cliff Burton

    Para mi no es ni mejor ni peor que el Pale Communion.

  • Alarch

    Joder… podría haber firmado tu artículo punto por punto la primera vez que escuché el disco completo. Aún concuerdo con muchas de las reflexiones que expones, pero ha pasado una cosa… que sin saber muy bien cómo, ese álbum estandarizado y poco inspirado me llamó a darle al play una vez más, y luego otra y otra. Y me di cuenta de que disfrutaba cada vez más de sus reproducciones.

    Soy consciente de que no soy nada objetivo con estos pavos, porque llevo muchos años amándoles. Por eso también me obligo a mirar este producto desde un punto de vista más racional. Y sí, en él hay demasiado piloto automático y demasiada referencia externa. Y bajo la fachada estética más puramente orientada al prog, las canciones actuales de Opeth están bastante menos trabajadas en las estructuras, los desarrollos, los riffs… que las que hacían antes. Y eso me jode bastante, porque a veces me da la impresión de que Akerfeldt está “menos dentro” de su propia música. Y yo quiero que, el que es uno de mis compositores favoritos, esté bien entregado a su curro.

    Pero vaya, como he dicho, luego me pongo el disco y me mola. Así que, pese a todas las suspicacias que merece el tema y a la tristeza que me genera cuando lo pienso a fondo, que todas las decepciones en la vida sean como esta.

    • La objetividad está sobrevalorada, si te ha acabado gustando disfrútalo, otros no hemos tenido la misma suerte 🙂