The Hotelier – Goodness

Dos años después, a The Hotelier se les quedaban pequeñas las canciones.

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“Al parecer ahora somos emo”, contaba Christian Holden hace dos años, no sin cierta sorna, con motivo de la publicación de su segundo disco, Home, Like Noplace Is There (Tiny Enignes, 2014). A Holden le sentaba extraña la etiqueta, pese a que el sonido de The Hotelier pudiera englobarse con facilidad en aquello que algunos medios llaman desde hace algún tiempo la cuarta ola del Emo, una vaga e imprecisa etiqueta en la que se mezclan grupos como Modern Baseball o The World Is a Beautiful Place & I Am No Longer Afraid to Die. Marejada o continuo vaivén de las olas desde 1995, lo cierto es que The Hotelier, allí, por arco narrativo y dejes sonoros, cabían en el “Emo”, en ese Post-hardcore llevado a un terreno más pop, más intenso, más sentimental.

Holden, sin embargo, desdeñaba la etiqueta con el habitual escepticismo que la rodea desde que fuera usurpada y malinterpretada a principios de la década pasada. Si The Hotelier eran Emo, desde luego, no lo era por voluntad expresa de Holden, pese a que en ‘In Framing’ se le colaran los mismos recursos compositivos y letras “muy oscuras”, “complicadas, tóxicas y abusivas”. Es cierto que Home, Like Noplace Is There, con su portada tan midwest teen, se explicaba dentro del universo referencial de Cap’n Jazz, Joyce Manor, The Promise Ring y compañía, pero también que en sus canciones había propuestas más transversales al Punk en general, casi al Rock. Véase la propia presentación del disco, ‘An Introduction to The Album’, un crescendo de alta carga melódica.

Si The Hotelier eran Emo, ahora se esfuerzan en disimularlo.

The Hotelier o crecer hacia la luz

Dos años después, Holden ha comprendido que la vía del exceso autodestructivo es imposible de seguir una vez se ha alcanzado la plena catarsis emocional. La narrativa que articulaba su segundo y muy aplaudido disco consistía en historias de vidas derruidas y desprovistas de esperanza, de pequeños cabos a los que aferrarse en “el enfoque de toda esta reconstrucción”. Si aquello era el punto de no retorno, hacia adelante sólo podía entreverse un reverso más luminoso. Lo es Goodness (Tiny Engines, 2016), la continuación, ya lo decimos, excelente de aquel trabajo, y también más orientada hacia otros géneros. The Hotelier ya no son Emo, o al menos lo disimulan mejor, y en su paleta de colores hay espacio para un montón de registros distintos.

Siempre desde los mismos fundamentos, claro. No hay aquí un giro radical ni nada estridente: The Hotelier siguen fundamentando su sonido en torno a la intensidad emocional, a la riqueza lírica y a la estridencia de sus guitarras. Pero se deja entrever algo distinto desde los primeros compases de batería de ‘Goodness, Pt. 2’, cuando la carga de las guitarras se retrasa mucho en el minutaje y el medio tiempo cargado de tintes rockistas tiene poca comparación con lo desplegado en Home, Like Noplace Is There. Lo mismo vale para ‘Piano Player’, uno de los cortes más inspirados del disco y un espacio donde experimentan desde la producción y dejan a un lado, casi definitivamente, la carga frenética del Hardcore.

Lo que va desde la introducción de Goodness hasta el clímax del álbum, ‘Two Deliverances’, es de lo mejor que el Indie Rock ha facturado en este 2016. Es esta última canción, por encima de todas las demás, el gancho más evidente: el punto de fusión entre ‘Housebroken’ y ‘Piano Player’, y una historia lírica tan rica como pasada por un filtro menos desesperanzado. Si en sus anteriores encarnaciones Holden hablaba desde la ruptura definitiva y los mundos desvaídos, en Goodness rebusca en su interior y encuentra historias más optimistas, más románticas, menos autocompasivas. Pervive el pulso adolescente, el melodrama subido de poética, pero lo hace en torno a temáticas que permiten no arrancarse el corazón a garrotazos.

A nivel sonoro, el resto del disco continúa dominado por medios tiempos, y todos, en ocasiones, parecen el mismo: el encadenado de que va de ‘Soft Animal’ a ‘You In This Light’ es maravilloso, muy especialmente ‘Sun’, y surge del mismo volcán compositivo de Holden, que ha escatimado en matices en ocasiones. Y sí, es Emo, o al menos resuenan los ecos de toda la vida, pero también es un paso más allá hacia un género menos definido pero más universal, menos guetto y más capaz de tocar la fibra de nichos más diversos. Es en ‘Sun’ donde The Hotelier vuelven a tocar su cima: en la cadencia pausada de sus primeros compases, en las estrofas encadenadas al inicio y en la pausa instrumental posterior, ese puente preñado de tensión que, después, se revela en forma de susurro y más tarde de estallido final. Casi siete minutos de clímax perfecto.

Al cierre, The Hotelier, incluyendo varios inteludios que hablan de un disco largo y ambicioso, se dejan llevar al pull off tan característico del Midwest Emo. ‘End of Reel’ es un guiño a los orígenes de siempre y al grupo que The Hotelier nunca han dejado de ser. Pero también un cierre coherente al sonido de Goodness, a la evolución del grupo. El mejor broche a un trabajo soberbio.

8.1/10

Hardcore will never die, but you will.

  • Diego Duarte R

    De mis discos del año, una joya total!

  • SoLiD

    ¿Alguna posibilidad de que se pasen por España?