
Kelly Rowland ha tenido una carrera tremendamente irregular desde que la formación de Destiny’s Child se disolviera. Tuvo momentos en los que parecía dispuesta a continuar y progresar sobre el estilo de la mítica banda femenina de R&B, como en su debut, Simply Deep, pero ya entonces, aunque de manera muy tímida, empezó a coquetear con el lado más dance del mainstream por el que apostó desde el principio.
Los que esperamos, alentados por temas más recientes como ‘Motivation‘, que retornara al estilo que mejor se le daba y del que nunca debió salir salvo para la eventual y económicamente beneficiosa colaboración de turno, podemos empezar a abandonar por completo la esperanza. No era difícil olerse que Kelly Rowland quería convertirse en una especie de nueva Donna Summer rediviva. El problema es que ni estamos en los ochenta ni andamos escasas de divas con más fortuna que Kelly. Rihanna, sin ir más lejos.



