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Depeche Mode en Madrid

Posiblemente llega un momento en la vida de los grupos longevos en el que se hacen más y más impenetrables para aquellos que no cayeron en sus redes antes. Puede que coincida también con el momento en que la creatividad empieza a decaer y las musas no están de su lado. ¿Cómo enamorarse de alguien hoy en día cuando fue hace años cuando estuvo en su mejor momento, cuando de aquella belleza sólo quedan algunos signos entre demasiados rastros de vejez? El concierto que Depeche Mode dieron en Madrid el pasado martes (el segundo de su nueva visita a la capital española) me plantea ésta y otras dudas.

Y no me las plantea porque yo no disfrutase. Al contrario, fue, para mí y para muchos, un concierto vibrante, con un repertorio enorme y con sólo unos pocos momentos bajos que no enturbiaron la sensación final de estar viviendo un gran momento de comunión masiva. Que, al fin y al cabo, es a lo que se va a determinados conciertos: sobreanalizar algo en lo que a tu alrededor hay lágrimas, gritos de “Gracias, Dios” y otras emocionantes y (sin duda) exageradas reacciones de fans cuando a uno también le gusta lo que suena queda… feo.

Vale, los escépticos diréis que no hay mucha diferencia entre eso y un concierto de los Jonas Brothers, y en parte es verdad, pero también es cierto que las diferencias son obvias: por un lado, la música; por otro, el hecho de que haya con ellos conexión de hueso (a gran parte de los que allí estábamos Depeche Mode no sólo nos tocaron canciones, sino también recuerdos de cada una de nuestras vidas); y finalmente, el precio: Los Jonas Brothers eran bastante más caros.

Así que ¿por qué me planteo estas dudas? Pues porque del mismo concierto y del día anterior salieron conocidos míos diciendo que “bah, pelín aburrido, sólo para fans”. Y quizás tengan razón: salvo dos o tres momentos estelares y desatados, es difícil que estos Depeche Mode en directo cautiven al no convencido: son tremendamente profesionales, claro, pero también demasiado funcionales, muy poco dados a lo imprevisto y están demasiado atados a “su” guión, a “su” concierto.

La reacción de la gente, en cierto modo, no importa demasiado, porque ya saben que la mayoría de los que vayamos les vamos a aplaudir y a vivir con todas nuestras ganas. Ellos ya se lo esperan, no hace falta esforzarse demasiado. No es que escatimen esfuerzo, ojo, pero no es la entrega del 101, capaz de arrodillar al más alejado de ellos.

Dicho esto, para quienes ya íbamos con todas las lecciones aprendidas, el concierto tuvo grandísimos momento. Quizás ni ‘In Chains‘ ni ‘Wrong‘ fueran como para enmarcar, pero ‘Walking in My Shoes‘ puso las cosas en su sitio: pelos de punta y una gran (GRAN) canción directa al corazón de la mayoría de los asistentes al concierto. Fue la primera para tener los pelos de punta en un concierto de escenografía sobria (no pobre, pero tampoco megalómana) y en el que Dave Gahan fue de menos (‘In Chains’ le quedó algo deslucida) a mucho más (el bis final, tremendo).

De entre los pocos puntos flacos, sólo se puede destacar a ‘Precious‘, que en vivo aparece despojada de los matices que la han convertido en un clásico desde que fue el primer single de Playing The Angel, y, sin duda, las apariciones de Martin L. Gore con sus baladas, con las que se parten en dos algunos de los mejores momentos del directo de Depeche Mode. Es el peaje que hay que pagar: Gore necesita su momento de gloria, pero si lo redujese a ‘Home‘ y a ‘One Caress‘ nadie se lo reprocharía. Es más, es posible que le luciera bastante mejor.

En fin, es una pega menor para un concierto con momentazos como la secuencia final antes del bis (’I Feel You‘/’Enjoy The Silence‘/’Never Let Me Down Again‘), Martin dirigiendo el coreo del público en el final de ‘Home‘ (y el público volviéndolo a cantar todo, por iniciativa propia, cuando Dave Gahan ya había vuelto al escenario) o la traca final, con ‘Behind The Wheel’ y una enorme ‘Personal Jesus‘. Fue divertido, apasionante y con la emoción a flor de piel para quienes hemos convivido con ellos. Pero puede que sólo para nosotros.

No importa. Da igual que ya no convenzan a casi nadie nuevo y que para sacar lo mejor de sí prefieran obviar gran parte de sus últimos discos. Es el sino de la mayoría de los grupos con una trayectoria muy larga y, posiblemente, entre dentro de la genética del pop. También nosotros nos hacemos mayores y nos conformamos con dar consejos porque ya no podemos dar mal ejemplo. Pero ojalá pudiéramos provocar la emoción como ellos en un público como el del Palacio de Deportes madrileño.

Fotos | Jonzeta en Flickr
En Noctamina | Crónica del concierto de Depeche Mode

Ver galeria completa » Depeche Mode en Madrid, 17 de noviembre de 2007 (7 fotos)

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