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Me comentaba un colega en un humilde garito —en el que puede sonar desde Alasdair Fraser hasta Bob Dylan, pasando por Oystein Sevag o John Williams— que a Muse deberían llamarlos Queen. No soy yo un fan del grupo liderado por el perfeccionista Matthew Bellamy, pero estoy hasta los mismísimos de escuchar semejante comparación, errónea hasta decir basta. Que en ‘United States of Eurasia’ haya ecos y semejanzas de la famosa banda que durante años lideró el tristemente desaparecido Freddie Mercury, no llega para que dicho argumento tenga solidez. Las influencias del señor Bellamy —que no sé porqué llama su grupo Muse, pues Bellamy and Company quedaría mucho mejor, dado el tamaño de su ego— se encuentran en otro lado.

Que al señorito interesado en la vida más allá de las galaxias, en conspiraciones dentro de la nuestra, o en el fin del mundo, le gustaría ser Keith Emerson —y de paso marcarse un discazo como ‘Pictures at an Exhibition‘—, acompañado de los geniales Greg Lake y Carl Palmer en uno de los mejores grupos que la música ha conocido jamás, es algo más que evidente. El concepto que Emerson, Lake & Palmer pusieron de moda en los 70, es tratado casi de la misma forma por Bellamy, Dominic Howard y Christopher Wolstenholme, en estos nuestros tiempos actuales, en los que predominan las locas tarareando canciones de imbéciles salidos de programas de televisión que venden fama efímera.

Muse no son Emerson, Lake & Palmer ni de lejos; pero no nos equivoquemos, los tres son excelentes músicos. Y en Barcelona, el pasado martes 24, lo demostraron.

Con un espectáculo adornado por efectivos juegos de luces, y tres plataformas que casi les roban el protagonismo, los Muse salieron a dar lo mejor de sí mismos e intentar no decepcionar a sus miles de seguidores, a los que les dedicaron poco menos de dos frases bien construidas, en lo que es una falta de respeto hacia aquellos gracias a los cuales tienen tanto éxito. No soy yo adepto a que los músicos se lancen parrafadas encima de un escenario, pero algo más de simpatía por parte de Bellamy y sus dos perritos falderos no estaría de más. Por otro lado, el grupo inglés confía lo suficiente en su producto como para no dárselas de simpáticos ante sus fans. Y es ahí donde Muse pueden brillar con luz propia, alejados de influencias, comparaciones o prejuicios. Los tres disfrutan como enanos haciendo lo que hacen, y dada la respuesta del público, a nadie le importa realmente la falta de tacto de Bellamy y sus dos monaguillos.

Perfección es a lo que aspira Muse con sus temas envolventes y llenos de fuerza sonora —unas veces muy inspirada, otras demasiado cargante—, y perfectos estuvieron dentro de sus límites. El único fallo reprochable del concierto que tuvo lugar en el espectacular Palau Sant Jordi, debería achacarse a una pésima organización y a un técnico de sonido que se jugó su puesto de trabajo durante los primeros 30 minutos de concierto —no podía creerme que en aquel recinto hubiese tan mal sonido—. Tras un cambio de fecha, que hizo que muchos tuvieran que devolver sus entradas y otros tantos cambiar vuelos gastando más dinero por ello —personalmente me vino de perlas, pero eso es otra historia—, se lucieron no permitiendo la bajada al foso a un buen número de personas. Todos pagamos el mismo precio, entonces ¿por qué algunos tuvimos que visionar el concierto desde las gradas? Una simple diferencia de precio hubiera evitado quejas, que incluso se han producido de forma legal.

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‘Uprising’, tema de su tan polémico último álbum ‘The Resistance’, fue el elegido por Muse para abrir un concierto, marcado en su principio por un mal sonido que a más de uno nos estaba poniendo nerviosos. La cima alcanzada en temas como ‘Mk Ultra’, ‘Hysteria’ o ‘United States of Eurasia’ hizo que nos olvidáramos de tan “pequeño” detalle. Hasta que llegó ‘Undiscloses Desires’, en la que un fallo garrafal hizo que Bellamy bajase de su pedestal, perdón, plataforma, y jurase como mínimo en arameo y maldijese a todo el que estaba con él. Al menos, es lo que algunos pensamos, pues a partir de ese instante el concierto fue sobre ruedas sin el más mínimo fallo. Desde que sonó su comercial y simplona ‘Starlight’, desfilaron uno tras otro temas que supusieron todo un éxtasis musical de primera fila, sin el más mínimo desfallecimiento, ni siquiera en su aparentemente calmada ‘Exogenesis, part 1’. Aunque si tuviera que elegir, me quedaría con ‘Plug in Baby’ —no en vano, uno de sus temas más míticos—, ‘Time is Running Out’ —o como dicen por ahí, una canción para follar, y es cierto pues no veáis lo que anima—, y cómo no, ‘Knights of Cydonia’, que fue el colofón perfecto para el concierto; pocos temas como ése se prestan tanto para finalizar una actuación.

Los fans de Muse no quedaron insatisfechos. Tal vez algunos iluminados se quejaron de no escuchar canciones de sus primeros discos, puede que no se enteraran de que la gira es para presentar su último álbum, no para recordar temas anteriores —hasta tal extremo llegan las cortas miras de algunos (lógico, es El Mundo), que incluso protestan porque no tocaron alguno de sus temas favoritos—. Me hubiera gustado que el señorito Bellamy hubiese tocado más el piano —sólo lo hizo en ‘United States of Eurasia’ y ‘Feeling Good‘—, instrumento en el que el líder de la banda puede lucirse como el que más, y menos parafernalia con la guitarra, que no la toca tan bien como se cree.

Ahora sólo queda esperar su próximo trabajo, que dadas las reacciones con ‘The Resistance’ —mejor álbum de lo que algunos creen, le pese a quien le pese—, muchos tendrán su punto de mira en él. Toda una prueba de fuego que Matthew Bellamy y sus dos acólitos, con su habitual chulería —y no digo esto peyorativamente, sino todo lo contrario— pasarán dentro de un tiempo con enorme facilidad. Ya lo veréis.

Agradecimientos a X., por las fotos y alguna cosa más. You are my unintended choice to live my life extended. You are the one I´ll always love.

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