Scream Chirs Cornell

Premisa 1: Todo músico tiene el derecho a reinventarse, como quería hacer hecho Chris Cornell. Premisa 2: el público tiene la potestad de no comulgar con ruedas de molino que traten de vender un quiero-y-no-puedo como lo más, simplemente por el hecho de ser “diferente a lo anterior”. Primera conclusión con esas dos premisas en la mano: Scream es un fiasco.

Cornell ha sentido la necesidad de situarse lo más lejos posible de su pasado. Para ello se ha agenciado a Timbaland, reputado productor Urban (o R&B, si queréis llamarlo así), con la esperanza de reconvertirse y asaltar las listas de éxitos. El problema está en que, más allá del sonido, a Cornell se le ha olvidado algo fundamental: hacer canciones que mereciesen la pena.

Además, Timbaland lleva ya un tiempo con el piloto automático puesto. Todo lo que lleva su firma acaba por sonar igual, así que sus producciones impactan mucho menos que hace unos cuantos años, cuando parecía el rey de los hits modernos. Hasta a eso ha llegado Chris Cornell tarde.

Así que el principal problema de Scream es que no se sostiene en ninguna de sus ambiciones: no suena nuevo, no tiene gancho y no le valdrá para captar a su nuevo público. Por muy emocionado que parezca ahora con su disco, lo cierto es que la reacción ha sido tan negativa por parte de sus viejos seguidores y tan tibia por parte del mercado al que va dirigido este álbum que parece complicado que hasta él mismo lo vea dentro de poco como algo más que un resbalón.

Scream es aburrido, hinchado, carente de inspiración y por momentos hasta vergonzoso. La garganta de Cornell no consigue brillar sobre las bases que le ha preparado Timbaland y el productor llega incluso a ahogar al cantante bajo sus trucos de estudio. Todo suena a pastiche falto de alma. A “ejercicios de estilo” con muy poca clase.

Scream Chris CornellDe aquí no se salva nada desde la portada hasta el último segundo de música. Scream apesta a “quiero ser una máquina de hacer dinero” y coloca a Cornell como el Rod Stewart del urban-grunge: alguien con un pasado respetable que, por culpa de sus ambiciones, acaba haciendo la música más mediocre que se pudiera imaginar. Un disco al que no hace falta darle demasiadas vueltas y que, por mi parte, ya ha tenido más escuchas de las que eran necesarias. Paren las máquinas, que me bajo.

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