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Crystal Castles III

Podemos decir sin tapujos que el de Crystal Castles es uno de los regresos más esperados del año. Su terrible éxito y su simpatía despertada en amplios públicos, más o menos sibaritas en el género, así lo atestiguan. De hecho, se han convertido en el gran fenómeno electrónico de masas de los últimos cinco años. Como no podía ser de otra forma, III está dando y dará que hablar

Crystal Castles reduciendo la pegada

Frente al uso abusivo de los ocho bits en su debut, Alice Glass y Ethan Kath tejieron una red con un sonido más vigoroso sobre el que cimentar su propuesta para II, la secuela. Ahora se nos presentan con III, un disco muy esperado para los acérrimos por las expectativas, y también esperado para los detractores, con muchas ganas de ver qué ve en ellos la mayoría de gente.

El dúo canadiense ha querido moldear su sonido de una forma diferente para esta tercera entrega de su discografía, pisando el freno y desinflando toda la maquinaria ofensiva y noqueadora que albergaba II. De hecho, se puede decir que III adolece de pegada, se han dejado en el tintero todo ese sudor y esa actitud punkarra y desenfrenada que rezumaba su anterior disco.

Lo que han hecho esta vez es intentar abrir sus puertas de una forma muy tímida al pop, aunque en realidad, lo que han llevado a cabo es apelar a su faceta más liviana, la que se manifiesta en II mediante temas como Celestica o joyas como Empathy. Para ver una evolución de verdad hacia el pop, habría que echarle un vistazo a la discografía de Matthew Dear.

No hay una nueva propuesta por parte de Crystal Castles, simplemente dentro de las diferentes ramas que vertebran su música, se han decantado claramente por la menos cañera, pero el ensamblaje sigue siendo el mismo. Aquí encontramos tanto a la Alice Glass más afligida como a la que se deja atrapar por los claustrofóbicos parajes witch house. El dúo canadiense no ha hecho más que refutar lo que dijo Pitágoras hace varios siglos: el orden de los factores no altera el producto.

En este sentido, se echan de menos los postulados más agresivos, aunque no se le hacen ascos a un disco más centrado, sin la anarquía que en ocasiones poblaba sus dos anteriores álbumes. Sabíamos que el perfil compositivo era un poco catárquico, pero aunque el hecho de que hayan ordenado sus ideas hay que tenerlo en cuenta, ha acabado por aminorar una de sus piedras de toque: esa locura que te arrojaba al vacío.

Alice Glass se ha vuelto una chica recatada que susurra y no grita

Crystal Castles no es un dúo para sentarse a escucharlo; en sus dos discos, lo que más abundaban eran temas para desfogarse en la pista. Hasta hoy. III tiene un contenido emocional que no encontrábamos antes. Ahora Alice Glass suena delicadamente mística nada más darle al play, con Plague y su correspondiente tormenta digital. Han explotado otras cualidades del dúo a las que antes se les prestaba menos atención. Entre ellas, la voz de Alice. El resultado está en temas de buena ambientación witchousera como Transgender.

Acostumbrados a tanto misil sonoro dirigido a los tímpanos, resulta un poco extraño que pongan más énfasis en la ingeniería vocal, que por otra parte, no hace más que potenciar ese paisaje mental que proyecta nuestra mente al escuchar Pale Flesh, que parece ambientada en un cementerio escocés rodeado de niebla. Dentro de ese ensamblaje que conforma el sonido de Crystal Castles, han renunciado a esos aguijonazos similares a los ocho bits de II, para utilizar como base sobre la que trabajar una capa de ruido distorsionado, perfectamente identificable en Mercenary.

Son canciones interesantes y en cierto modo nuevas dentro de su discografía. Hasta ahora no se les había visto en general tan inmiscuidos en las alcantarillas del witch house, ni tan delicada, Alice en particular. En esta nueva faceta protagonista, hemos de destacar dos cortes, el adictivo e hipnótico Kerosene; con esos coros fantasmagóricos en segunda línea, e Insulin; el momento caótico del disco que parece ser el nuevo Doe Deer de III, una pequeña ráfaga de caos.

A pesar de todo, este trabajo sigue teniendo uno de los problemas de sus dos hermanos mayores, y es el metraje. Aunque es el disco más corto que han elaborado hasta la fecha, podrían haber eliminado alguna de las canciones, evitándose temas que no aportan nada y cuyas fórmulas ya tenemos machacadas: Wrath Of God, Affection, Telepath… Mientras no corten por lo sano o hagan cambios de verdad notorios, seguirán cayendo en discos que en ocasiones pueden tener la tentación de caer en lo repetitivo y monótono.

Dicho esto, el mejor disco del dúo canadiense me sigue resultando II. A Crystal Castles no vamos a pedirles que sean la vanguardia del género, porque ese no es su objetivo. Sin embargo, sí que cumple bien ese papel de propuesta rompepistas que no cae en lo vulgar, con un cierto toque escapista. Su segundo desempeñaba perfectamente ese rol, con hits noqueadores y momentos de locura que aquí se echan en falta.

Quizá su mejor trabajo llegue en un disco más corto que logre un equilibrio, conjugando el músculo de II con la Alice Glass en el papel de ingenua Caperucita que se postula en III. Esa faceta más íntima y oscura a la vez la representa muy bien la portada, inspirada en la foto que el español Samuel Aranda captó en la Primavera Árabe.

Hipersónica vota un 7,50 Venga Crystal, podéis hacerlo mejor. Aquí hay más coherencia, pero también queremos caos. Exigimos volver a ver a la Alice Glass que nos hace sudar y que llega al final de las canciones en los directos. Los susurros están bien, pero preferimos mordiscos.

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Tracklist de ‘III

  • 01. Plague
  • 02. Kerosene
  • 03. Wrath Of God
  • 04. Affection
  • 05. Pale Flesh
  • 06. Sad Eyes
  • 07. Insulin
  • 08. Transgender
  • 09. Violent Youth
  • 10. Telepath
  • 11. Mercenary
  • 12. Child I Will Hurt You

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