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Daphni Jiaolong

Hace un par de años Dan Snaith, conocido por todos como Caribou, se comió medio mundo gracias a su gran disco Swim, el que acabó de masificarle ante el público. Dos años después, bajo el alias de Daphni, el canadiense afincado en UK, ha editado su primer álbum, Jiaolong (Merge), una detallista píldora bailable de esas que te ayudan a estar toda la noche sudando en tu garito más cercano.

Jiaolong: recoger lo mejor de Caribou y bañarlo en oscuridad

Después de una joven trayectoria repleta de ritmos tribales, sonidos hipnóticos y secciones vocales muy señoriales, Caribou Daphni sorprende ahora con un efectivo disco a mitad de camino entre un techno movidito y más que vistas combinaciones entre el house y el funky. No vamos a obcecarnos porque sea Dan Snaith, este disco no aporta nada nuevo. Y seguramente tampoco lo pretenda. Hemos de tomarlo como una válvula de escape de un tipo muy creativo que quiere explotar todas sus facetas artísticas.

En honor a la verdad pues, hay que reconocer que el de Daphni es un disco efectista, no fácil en su composición pero sí en su concepción. Reúne patrones difícilmente rechazables en la música de baile. Cuando toca el techno, lo hace como pueden hacerlo muchos otros, de hecho este año hemos tenido buenas pruebas de ello, pero este canadiense tiene mucho gusto en prácticamente todo lo que produce. Cuando trasvasa esos graves a un terreno house, en cierta forma a la parte de Caribou, se nota mucho. Lo mismo nos desarma con un tema buenrrollero y colorido que nos embiste con un techno opaco y profundo.

Dicho de otra forma, el canadiense lleva a este nuevo terreno algunas técnicas similares a las de su proyecto más famoso, para así confeccionar cajas de ritmo estándar en el género, melodías profundas con muy buenos detalles y en definitiva, un álbum con mucho groove. Nueve canciones que es mejor poner en fines de semana o cuando no tengas nada importante que hacer, es demasiado adictivo como para poner una y no dejar que el disco continúe sonando.

Sucumbir ante la evidencia

Vayamos ahora al meollo del asunto. Tienes el disco ante ti, le das a play. Empieza a sonar Yes, I Know. Sólo efectos secundarios y un loop que va repitiendo sus patrones. La cosa empieza a electrizarse, a deformarse. De repente entra una voz femenina poderosa, de las que acostumbran las afromujeres. Se vuelve a repetir entrecortadamente junto a los chispazos que emiten esos zarpazos que se deformaban al principio. “Oh vaya, menudo housazo pistero”. Ale, ya te has enganchado.

Descubrir ahora que nuestro amigo canadiense es un tipo con gusto no es nada nuevo. De hecho, en el segundo corte, vaya usted a saber cómo lo encuentra, remixea un éxito de ¡Togo!, Cos-Ber-Zam de Ne Noya. Un poquito de reverberación por aquí, varias ondas luminosos que se difuminan a su final y por supuesto los samples vocales de nuestros amigos togoleses con ese huele-a-rosse. Et voilà. Jitazo rico, que diría Natxo.

A pesar de estos dos ganchos, no perdamos de vista que Jiaolong es un disco de tech house. Canciones como Ye Ye, donde Daphni se transforma en el Reinhard Voigt meticuloso, con sonidos inquietantes, voces oxidadas y un ritmo enfermizo que se va ennegreciendo conforme avanza. La faceta que podría identificar este disco como uno de Caribou, queda relegada y no acaba de destaparse, se queda simplemente implícita. En piezas como Jiao, Light o la tribal Pairs aparecen esos pequeños amagos de Swim. Aun así, el resultado junto a este techno milimetrado es más que satisfactorio.

Queda claro que a pesar de que al señor le dé por meterse en terrenos empantanados que no son los suyos, consigue sacar brillo y seguir rezumando esos ruiditos erráticos que tanto le chiflan. A él y a nosotros. Para cerrar esta efímera aventura, míster Snaith nos regala Long, una buena síntesis de lo que da de sí este ‘debut’. Una base techno housera, a un tempo más lento, que va viendo cómo su progenitor superpone efectos sonoros que tan buen sabor de boca nos han dejado en la trayectoria de Caribou.

Hipersónica vota un 7,5 Jiaolong tiene dos opciones de escucharlo. Una, es la obvia, predispuesta a mover el bullate como buen disco de tech house que es y sin prestar atención a los detalles. La segunda y más interesante, de cara a todos aquellos profanos que no pertenecen a la parroquia del techno, es escuchar el álbum de una forma reposada, acostado y con los auriculares puestos. Poco a poco irán encontrando en cada uno de los recovecos del LP, esos destellos de elegancia de los que Daniel Snaith hace gala. En temas como Ahora obtendrán su particular Bowls. Huele-a-rosse.

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