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Dead Can Dance_Anastasis

Anastasis es sin duda alguna uno de los grandes discos que se publicarán en 2012. Supone el regreso de Dead Can Dance después de dieciséis años sin un álbum de estudio, el último fue Spiritchaser y de aquello parece que ha pasado una eternidad. Brendan Perry y Lisa Gerrard han unido sus fuerzas de nuevo para dar a luz una obra a todas luces magnífica.

Anastasis, el cerebro del dúo es Brendan Perry

Un extraordinario álbum de ocho temas del que ya hace semanas nos permitieron escuchar ‘Amnesia’, un corte que bien parece un tema extra de las sesiones de Ark, el último álbum de estudio de Brendan Perry, una nueva genialidad de quien es el cerebro de un dúo que comienza su gira mundial en Vancouver el 9 de agosto coincidiendo con la publicación del disco.

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Mucho bueno nos han dado Dead Can Dance desde que comenzaran su andadura en 1981 en Melbourne (Australia). Siete trabajos de estudio y un álbum en vivo al que hay que sumar esta nueva referencia, cuyo título hace referencia al término griego de resurrección, aunque también se refiere a estar entre dos estados.

Brendan Perry dice que la regeneración llegará en la próxima temporada. En este nuevo cancionero se vuelve a poner patente la dicotomía del dúo; por un lado están los temas que canta Brendan Perry, severos, nostálgicos, melancólicos, oscuros y mágicos, y los interpretados por Lisa Gerrard, operísticos, excesivos, líricos, barrocos y ensoñadores.

No hay nada nuevo en Anastasis respecto a sus anteriores entregas. Lo único que cambia y para bien es el espectacular sonido que Brendan Perry ha trabajado y que te deja muchas veces perplejo. Encontramos referencias en álbumes pasados, por citar Within The Realm of a Dying Sun o Towards The Within, pero esa sabiduría que solo podemos encontrar en las obras de Dead Can Dance está presente en cada uno de los temas. World Music, sí, recogiendo herencias musicales desde Grecia a Turquía y volviendo por el norte de África. Un recorrido singular con el que el dúo nos vuelve a dejar con la boca abierta.

Perry y Gerrard se dividen el álbum en cuatro temas por cabeza, y si hay que elegir yo me quedo con los de él, cuyas letras hablan de la fe y esperanza del ser humano, su devenir, la narcotización de la sociedad o la esperanza en un mundo mejor. Se abre Anastasis con ‘Children of The Sun’, el mejor reencuentro con Dead Can Dance y según Brendan Perry es una especie de “bienvenida al show. La letra se refiere a la evolución del ser humano y cómo el código genético está fusionado con la memoria del pasado, justo hasta el presente”. Instrumentalmente es un corte majestuoso, épico, ideal para abrir uno de sus próximos conciertos.

La fascinación que provoca el nuevo material de Dead Can Dance no desaparece en ningún momento. Lisa Gerrard en ‘Anabasis’ nos transporta a un lugar ignoto y misterioso de Oriente Medio con su solemne glosolalia. Una especie de canto de sirenas que te envuelve y narcotiza sin apenas tiempo a darte cuenta de que una vez adentrado en los terrenos del dúo no podrás escapar. Eso mismo ocurre con el siguiente tema, ‘Agape’, tejido a base de percusión electrónica y cuerdas orientales. La fascinación por sus canciones no es gratuita. Brendan Perry ha sabido crear en su estudio privado en Quivvy el envoltorio perfecto para esta lírica exuberante.

‘Kiko’ (Souncloud) es otra pieza que resultará familiar a los fans del dúo. Lisa Gerrard le da ese matiz de clásico que tiene este inquietante corte. Volvemos a Oriente, acaso a esa maravilla del mundo desaparecida que eran los Jardines de Babilonia. Las huríes bailan al son de esta pieza catártica, pagana, que bien parece una acción de gracias al cielo que nos soporta. La cantante imprime su característico chorro de voz a una canción de ocho minutos que será obligada en el set list de su inminente gira mundial en la que Dead Can Dance estarán acompañados por Astrid Williamson, David Kuchermann, Jules Maxwell y el percusionista Dan Gresson.

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En este calidoscópico crisol de sonidos, ‘Opium’ supone el momento más nihilista del conjunto. Un título que Perry dice que habla de “ese estado de ánimo opiáceo, una forma de depresión que te atrapa, que puede ser adicción o circunstancias. Musicalmente se basa en un ritmo sufí procedente de Marruecos de 6/8. Es otro los grandes temas de este disco que se cierra con ‘All in Good Time’, un final más optimista obrado por Brendan Perry, más lírico e introspectivo.

Antes, Lisa Gerrard volvía a maravillarnos en ‘Return of The She-King’, que supone un encuentro entre el mundo celta, la herencia de Clannad, y el de las costas asiáticas que baña el Mediterráneo. Podría sonar perfectamente como final de sus conciertos y como score de una serie ambientada en tiempos lejanos como War of Thrones.

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