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Dead Gaze

Cole Furlow es uno de tantos jóvenes norteamericanos que, propulsado por las posibilidades que ofrece la red y la tecnología, ha publicado durante los últimos años una interesante colección de canciones entendidas desde la más baja fidelidad y el espíritu DIY. Proliferan proyectos de similares características en cada esquina y no nos opondremos aquí a ello. Tienen mucho de imperfección e ingenuidad adolescente, pero también de sincera emoción y naturalidad. Dead Gaze, el sobrenombre bajo el que se oculta Furlow, es al mismo tiempo el nombre de una recopilación de sus mejores canciones publicada por el sello Fat Cat Records. Es también, suponemos, un resumen propicio, por lo disfrutable, para acercarse a la ya extensa discografía de Furlow, siempre al amparo de discográficas minúsculas del continente americano.

Dead Gaze: un poco más de ruido

Como es de esperar en un proyecto de estas características, la música y la temática lírica de Cole Furlow parte de la soledad adolescente y de la necesidad de encontrar en un mundo a menudo incomprensible. Se trata de un cliché que se repite con frecuencia desde los orígenes del indie pop, y que en lo que habitualmente se ha venido conociendo como lo-fi se ha exacerbado hasta el paroxismo. No es el caso de Dead Gaze, proyecto que a tenor del recopilatorio editado por Fat Cat Records va más allá, al menos, de la languidez y los aires dream pop que se han impuesto con tiranía en el indie pop de los últimos dos o tres años. Es cierto que las letras de Furlow caminan por los mismos derroteros —“Are you down? Are you feeling well? Should I ask, I just need to know”, se pregunta en ‘Remember What Brought Us Here’—, pero lo hace con mayor energía e impulso vitalista que otros compañeros de generación.

Y es de agradecer que así sea. A Furlow se le adivinan diferentes influencias que a proyectos más canónicos, por decirlo de algún modo, como Ginnels, Cemeteries o Beach Fossils. Las canciones de Dead Gaze se sumergen en un profundo mar de fuzz, al modo del In The Aeroplane Over The Sea. Por momentos se ahogan, pero en términos genéricos salen bien paradas. Furlow está más interesado por la psicodelia de los sesenta que por las guitarras hipnóticas de Echo and the Bunnymen, y temas como ‘You’ll Carry On Real Nice’ se recrean con cierta gracia en la fiesta fúnebre, trastabillada y cacharrera de Neutral Milk Hotel. Dead Gaze es un proyecto de habitación, pero no se ensimisma en su propia condición solitaria y existencialmente atormentada. Afortunadamente, Furlow abre las ventanas. Y por ellas se cuela el lo-fi que quiere sonar grande desde cuatro mimbres mal colocados. Y que, en toda una oda al desastre consumado de antemano, suena fabuloso.

Algunas líneas rojas

Esta euforia sonora de Dead Gaze tiene su correspondencia con lo que teóricamente supone ser joven: alegría. Furlow también compone “en cualquier lugar donde pueda estar solo”, pero él, lejos de recrearse en su solitaria condición, decide que las canciones llenen todo el espacio que los demás no son capaces de llenar. Esto se traduce en canciones rimbombantes, que se recubren de todo tipo de distorsiones, efectos sonoros y ganancias al máximo. Furlow rasga las guitarras con energía y furia. Dead Gaze a ratos bebe incluso del punk, o del garage, o de cualquier otro género ruidoso. ‘This Big World’ está más cerca de la psicodelia veraniega que tan bien practicaron Mrs. Magician el año pasado que de Daniel Johnston. Dead Gaze se pierde en los recovecos efectistas, sobregarcados y fabulosos de The Flaming Lips, y nadie debería oponerse a The Flaming Lips.

6El recopilatorio, no obstante, dista de ser una obra homogénea. Es uno de los riesgos que cualquier conjunto de canciones seleccionadas arbitrariamente tiene que afrontar. Hay muchas canciones en este pequeño resumen de lo que Furlow es capaz de hacer que se pierden en su propia fórmula, incapaces de emocionar tanto como las mejores. Dead Gaze pierde fuelle conforme se acerca su final, y resulta plausible pensar que proyectos así, ideas concebidas desde una perspectiva tan casera y personal, funcionan mejor en dosis cortas. Alargadas terminan siendo repetitivas. E incluso ligeramente ñoñas, aunque por fortuna Furlow no atraviesa esa peligrosa línea roja. En fin, Dead Gaze es el camino que el lo-fi casero, tan en boga, debería tomar más a menudo. Más fuzz, más psicodelia y menos gravedad emocional.

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