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Deep Time - Crítica de disco y portada

Cometeríamos un error si dejásemos escapar el año sin hablar de Deep Time. Aunque sólo sea por ‘Clouds’, una de las mejores canciones que conocerá este 2012. Y a veces eso es suficiente, una canción, una voz, cómo suena de limpita esa guitarra o esos coros del estribillo. Me ha pasado con multitud de discos, cuyo recuerdo, con el tiempo, es estupendo aunque quizá sólo se sostuviesen en dos o tres aciertos. ¡Pero qué aciertos!

Deep Time, el homónimo disco debut de este dúo de Austin, Texas (se va imponiendo un repaso a esta ciudad de escena creciente, por cierto), sin embargo es bastante más que ‘Clouds’. Es, de entrada, un disco redondo, coherente, que juega a recuperar unos referentes distintos al tsunami de lo-fi, dreampop, shoegaze, distorsión y languidez del que todavía estamos inundados.

En realidad aquí las guías están bastante a la vista: no wave y post punk; Delta 5 y las Bush Tetras; la parquedad de la cara A del primero de Gang of Four; la delicadeza en las melodías de Stereolab y Broadcast; la modernidad malencarada de sus contemporáneas Grass Widow. Como véis, los ingredientes son teta de novicia, y lo mejor es que el cóctel resultante les hace justicia.

Escucha, no pienses

Se trata además de un disco honesto, sin ninguna pretensión de hacer trampa. Pasa aquí lo que con tantos trabajos que creemos menores pero a los que volvemos irremisiblemente: cuando le damos vueltas y vueltas a un álbum del que nos gustan las canciones sin saber mucho por qué y al que no le vemos especiales hallazgos. Lo que está pasando ahí es ese momento mágico que tiene la música, cuando deja de intelectualizarse y caímos rendidos a lo sensorial, al sonido, la armonía.

Y la producción de Deep Time es quizá el ejemplo más claro que me he encontrado de ello en este 2012. Aquí no hay trampa ni cartón: es sonido natural y verdadero, dinámico como en las viejas grabaciones de hace 40 años, delicado o agresivo cuando el grupo quiere serlo.

Hipersónica vota un 7
Quizá por eso me está costando tanto encontrar la línea argumental a esta crítica. Desde que escucho este disco, hace ya unos meses (muy frecuentemente), me parece que no tengo mucho que decir de él, que se mueve en un espacio distinto a mi ya domesticada percepción musical, sedienta de novedad e insensible, qué mierda, a lo exclusivamente sensorial. Y por eso lo disfruto mucho más cuando me lo puedo poner a todo volumen en casa o andando por la calle que ahora, que tengo que escribir de él y, de repente, no quiero escribir nunca más de música.

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