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Sería prematuro tirar ahora por la borda el revival jangle pop que a ratos es fantástico y a ratos un suplicio, pero a no ser que Real Estate o los grupos australianos (Boomgates, Twerps) decidan salvar el universo en su siguiente disco parece claro que las ideas comienzan a agotarse. Ducktails es el mejor ejemplo de ello: proyecto en solitario del guitarrista de Real Estate, Matthew Mondanile, ha tomado el camino Wild Nothing y se ha embarcado en las peores evocaciones ochenteras y en canciones insípidas que no tienen alma ni alegría. The Flower Lane podría resumir todos los males del revival, que en realidad es uno solo: se dota de una trascendencia horrible y redundante.

Un disco hipertrofiado

Hay esperanza, no obstante, pero gran parte de ella queda en manos de lo que el propio Mondanile pueda hacer junto al resto de sus compañeros con Real Estate. También debemos mirar a Australia, que a su vez se remite al Dunedin Sound y a un sentimiento pop mucho más ingenuo y natural para cuadrar grandes canciones. Y, bueno, luego tenemos por ahí a Lotus Plaza, Exlovers, la reciente deriva de The Fresh & Onlys o lo que puedan dar de sí Literature. Y ya, porque algunas de las bandas más reconocibles del movimiento, como Beach Fossils o Motorama, no quieren salir de su monotonía post-punk. Y quienes lo hacen, como Jack Tatum o ahora Mondanile, se estrellan.

Y es una lástima, la verdad, porque Mondanile había publicado ya algún que otro trabajo estupendo. Es el caso de Ducktails III: Arcade Dynamics, editado por Woodsist, donde Mondanile se empapaba de la psicodelia de San Francisco, en el lo-fi de habitación y en el pop excelente y fresco que nace de quien sólo quiere pasar un buen rato. Ducktails ya no es un proyecto para vivir un eterno verano de juventud y quién sabe si la metamorfosis tiene que ver con que The Flower Lane esté editado por Domino y no por el inagotable Woodsist, sello de Jeremy Earl, del que surgen invariablemente los discos más veraniegos de todos los años.

En realidad, el problema de Ducktails es que el proyecto haya creído ser más de lo que podía ser. Y mientras en Ducktails III: Arcade Dynamics había anárquicas improvisaciones instrumentales que buscaban las esquinas más intrincadas del pop, en The Flower Lane sólo hay lugares comunes y monótonos ejercicios de estilo (‘Assistant Director’). Mondanile ha buscado un estilo más formal, menos arriesgado, anclado en la autocomplacencia, en el que apenas caben dos o tres canciones dignas de single: sólo ‘Ivy Covered House’ se acerca remotamente a auténticas delicias pop como ‘Hamilton Road’ o ‘Killin The Vibe’, seguramente las dos mejores canciones que Mondanile ha compuesto para Ducktails.

Ni rastro de la psicodelia veraniega

‘Ivy Covered House’ también es lo más parecido a Real Estate que hay en The Flower Lane. A partir de ahí, Ducktails torna en un Wild Nothing insustancial que hace de DIIV un grupo emocionante y superdotado para el moderno indie pop. El reverb y el órgano que acompaña a gran parte de las canciones de The Flower Lane, como ‘The Flower Lane’ o ‘Under Cover’, empalagan y hacen más complicado un género que debería ser lo más simple del mundo. El aire ochentero, como ya decía más arriba, tampoco es un acierto. Mondanile ha quemado sus discos de psicodelia ligera y ha esparcido sus cenizas por The Flower Lane hasta el punto de pasar totalmente desapercibidos.

Hay algún momento más inspirado, como el aire kraut de ‘International Dateline’ o la quietud mundana y repetitiva de ‘Planet Phrom’. Como ya era habitual en sus trabajos anteriores, Mondanile suena más cercano y auténtico cuanto menos se complica la vida. Esto también es aplicable a Real Estate. Por supuesto, tendremos un problema si Mondanile se empeña en llevar a Real Estate al vergonzoso registro disco de ‘Letter Of Intent’. Porque la mezcla de jangle, psicodelia, sintetizadores y diálogos hombre-mujer que ha ideado en ‘Letter Of Intent’ es capaz de destrozar para siempre el, hasta ahora, buen hacer de Real Estate.

3,5Así que conviene mirar ahora a Ducktails como el proyecto donde Mondanile depositará sus idas y venidas artísticas al margen de su matriz principal, cuyo Days aún resuena con holgada frecuencia en mi reproductor musical. Visto así, The Flower Lane al menos cumple una función. Es más de lo que otros grupos pueden decir. Pero ni siquiera una perspectiva tan optimista contribuye a olvidar el desgraciado cambio de registro de Ducktails, canciones tan soporíferas y desafortunadas y el futuro severamente comprometido de un revival que necesita ideas menos anquilosadas.

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