Síguenos

Esben and The Witch

Los ingleses Esben and The Witch debutaron en el pasado 2011 con Violet Cries, un debut que venía de la mano de Matador y que estaba a mitad de camino entre unos Coctaeu Twins poseídos por la sombra y la versión más acongojante de The Cure. Dos años después, en este mes de enero nos muestran la secuela de aquél trabajo: Wash The Sins Not Only The Face.

Wash The Sins Not Only The Face, adiós densidad

Lo que me atrajo del debut de este grupo fueron principalmente las sensaciones que trasmitía, un álbum denso, vigorosamente oscuro y claustrofóbico, tétrico por momentos. Un disco en el que fácilmente caer absorto, rodeado de efectos vocales inquietantes.

En cambio, con este Wash The Sins Not Only The Face, estas sensaciones son bastante más discretas; el trío de Brighton no llega a ese sonido portentoso y convulso del debut, donde las canciones te rodeaban en un callejón sin salida para acabar asfixiándote.

El sonido de este nuevo largo es menos denso y más fluido, con canciones diáfanas en su sonido y que se desarrollan de una forma más acelerada, con postulados que se acercan al post-punk más insulso, alejándose de la dark wave que les caracterizaba. No hay tensión.

En tierra de nadie

Después de un muy decente debut de rock gótico, en el que se dejaban querer por el post punk y evocaban a The Cure, este trabajo supone una piedra en el camino para su evolución musical.

De hecho, ha sido un cambio nada arriesgado, casi autocomplaciente, en el que no han apostado fuerte; no han querido demostrar la verdadera personalidad que puede tener el grupo. Lo lógico, viendo su material anterior, era una evolución hacia un disco todavía más pantanoso. O como mínimo, cubrir expediente siguiendo la línea del debut.

Así nos encontramos con que el trío no da un paso decidido en una dirección u otra, opta por quedarse en medio, sin mojarse, como si no fuera con ellos. Ni radicalizan su postura encerrándose en sí mismos, ni se acercan a tendencias más diáfanas como las de Cocteau Twins, teniendo en cuenta el potencial de la voz de Rachel. Con las cualidades que tienen, se conforman con estar en la órbita de Warpaint.

Un disco con la regularidad de una montaña rusa

El disco abre con canciones de inesperada vitalidad, con una efusiva Iceland Star y con una ambientación demasiado abierta en Slow Wave para lo que nos han venido mostrando en disco y ep. Esta apertura en su sonido nos expulsa del ritual en el que nos veíamos inmiscuidos en el debut, donde profundizaban más en las raíces bajo las que subyace el género.

No obstante, la voz de Rachel continúa siendo uno de los principales baluartes del conjunto, que con efectos vocales y susurros mantiene el tipo en canciones grisáceas y etéreas como Shimmering, Yellow Wood o especialmente Putting Down The Prey. No alcanzan el dramatismo de pasar una noche en el cementerio como Violet Cries, pero transmiten ese contagio de asustadiza e insegura melancolía.

De todas formas llevan a rastras el no ser capaces de volver a invocar energía poseída por algún extraño ente que te dejaba el culo prieto. El resto de canciones representan una insulsa travesía entre cajas de ritmos y pequeños guiños a un híbrido entre post punk e indie pop.

La verdad, tenía esperanzas puestas en esta segunda parte, y tras darle varias oportunidades, acaba aburriendo. Si no son capaces de explotar su principal arma, que es esa ambientación espectral y gótica, se quedan en la poderosa voz de su vocalista, que es la principal protagonista esta vez, y poco más.

Hipersonica vota un 5,5 Podrían haber dado un decidido paso hacia una u otra vertiente, pero la indecisión o querer abrir su sonido sin renunciar a su personalidad, les ha salido mal. Definitivamente, no debieron salir del aquelarre. Les iba mejor. Ahora sí que van a tener que limpiar sus pecados y no sólo la cara.

Sitio oficial | Esben and The Witch

Los comentarios se han cerrado

Ordenar por:

4 comentarios