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Alice in Chains, Dirt

No es extraño que Dirt sea el disco más aclamado por la crítica en un grupo como Alice In Chains, que no es que fuera demasiado bien considerado por ocupar el lado más hard de la faccion grunge. Porque, aún siendo un disco de excesos, es también el que consolida la atmósfera de la banda, el que mejor define la esencia de Alice In Chains y ése en el que mejor se conjugan la voz de Layne Staley con los textos torturados de Cantrell.

Dirt es un disco que, por encima de cualquier otra cosa, duele. Si te metes en su terreno y evitas observarlo desde una falsa montaña de objetividad, es un álbum con el que lo mismo te lames las heridas que les echas más sal.

Es la obra de un yonqui que sabe que nunca dejará de serlo y al que, por encima de todo, no le gusta verse en el espejo. O, mejor dicho, un disco de alguien que utiliza la música para no tener que mirar su reflejo.

Dirt: el wordreference de las drogas

Dirt es un album sobre drogas. Si no sabes ni pío sobre la jerga anglosajona que se utiliza para los bajones, los subidones, la heroína, las sobredosis y otro tipo de efectos secundarios, tranquilo: esto es mejor que el WordReference o que, en otros tiempos, el Collins.

En trece canciones, Alice in Chains dieron con la clave de mundo: angustia, depresión, muerte, suicidio, yonquis, amor y odio, sentir y odiar, ‘hate to feel’. Lo que tan bien había ejemplificado en su debut esa brutal ‘Love Hate Love‘ ahora lo resume ‘Down in a Hole‘: quizás la balada que mejor define la desazón existencial del grunge. Sin cinismos ni poses: un agujero de ‘angst’, un grito existencial en forma de “baladón con muro de sonido”.

Muro de sonido. Siempre que oigo los discos de Alice in Chains pienso en cómo trataron las guitarras. La producción de Dirt las hace sonar abigarradas, como si además de miedo a todo lo que ya hemos comentado (a la vida, en resumen) el grupo sufriese de horror vacui. Sólo así es posible un disco que empieza con los gritos de ‘Them Bones‘ o que tiene una canción como ‘Rain When I Die‘, lúgubre y que merece mucho más crédito del que habitualmente se le ha concedido.

El éxito de la capa escondida

Lluvie, muerte y… éxito. Si Alice in Chains no fueron despreciados por gran parte del mismo público que los había conocido gracias a Nirvana (pese a sus notables y obvias diferencias) fue porque también había en ellos un cierto aroma pop. Sólo en segundo plano y sólo debajo de esa primera capa hard, a veces hasta heavy, pero existía. El gancho indudable de Dirt fue ‘Would?‘, que aprovechó también el tirón de entrar en la BSO de ‘Singles’, pero hasta ‘Godsmack‘ y otras canciones con un aroma menos ‘radio-friendly’ también escondían enganches para todos los públicos.

Dirt es, en mi opinión, el mejor disco de Alice In Chains. Completo, sin apenas fisuras, con temazos para usar como bandera y lanzado, además, en el momento justo (algo que, en general, comparte con la mayoría de las obras magnas del grunge, que salieron en el momento en que tenían que salir y no más tarde o más pronto de lo que debían). Pero, por encima de todo, es un disco capaz de crear sensaciones, estados de ánimo, y aunque no sean los más “agradables”, ésa siempre es una cualidad importantísima.

Podría decir más, pero no lo voy a hacer: aquí un fan de este álbum y de su portada. Y punto.

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