
Estamos en 1992, han pasado dos años desde Violator durante los cuales los cuatro miembros de Depeche Mode apenas han tenido contacto y es el momento de reunirse para empezar a dar forma a su octavo disco ‘Songs of Faith and Devotion‘ (1993, Mute Records) producido de nuevo por Flood.
El ambiente estaba enrarecido, las adicciones y disputas eran el pan de cada día. Hasta tal punto que Alan Wilder decidió abandonar el grupo tras este disco y Andy Fletcher tuvo que ser sustituido por Daryl Bamonte para finalizar las dos extensas giras (Devotional Tour y Exotic Tour) que acompañaron a este álbum, con más de cien conciertos durante trece meses por todo el planeta, que les dejaron completamente exhaustos.
Sin embargo, el resultado fue uno de los discos claves en toda su carrera. Se veía venir desde hace tiempo un acercamiento al rock, alque ellos siempre intentaron frenar colocándole todo tipo de trampas. Pero esta vez no tuvieron ningún problema en sustituir sintetizadores por instrumentos orgánicos y dejarse llevar por el grunge, e incluso el gospel que tan bien encaja con la temática religiosa que predomina en todo este álbum.
Por supuesto que todo cambio siempre conlleva una importante dosis de riesgo y hay que echarle un par para dar un giro tan brusco a ese sonido que te ha llevado a lo más alto. Pero aquí la jugada es perfecta, los que hasta este momento les habían rechazado por demasiado electrónicos y blandos se rindieron ante las guitarras afiladas y percusión de SOFAD y los que ya estaban enganchados seguían igual de encantados porque a pesar de todo el disco seguía sonando a Depeche Mode. Esto sí que es saber evolucionar.
Han pasado muchos años y a mí se me siguen poniendo los pelos de punta con la fuerza que desprende ‘I Feel You‘ (MySpace Tv), tema que abre el disco y el que fue el primero de sus cuatro singles, que desde entonces se ha convertido en una de esas canciones claves de la banda. Nunca antes los de Basildon habían dejado fluir ese rock que llevaban dentro de esta manera.
No es la única joya que nos encontramos, todo el disco lo es. Depeche Mode está atravesando su mejor etapa creativa y cada canción es capaz de transmitir mil sensaciones que consiguen manipular nuestro estado de ánimo. La misteriosa ‘Walking in my Shoes‘ (MySpace Tv), fue el segundo single y nos vuelve a recordar su lado más oscuro.
Hasta su look se ha vuelto más rockero, David Gahan con tatuajes, barba y pelo largo aparece como una especie de Jesucristo, rodeado de dantescos personajes en este inquietante vídeo del gran Anton Corbijn.
Aún más sorprendente resulta el desgarrador grito gospel que es ‘Condemnation‘ (MySpace Tv), interpretada únicamente con piano y batería y la increíble voz de David Gahan como una última confesión a todos sus pecados. De hecho yo veo todo este disco como un intento de redención agarrándose a la religión desde los más profundo del agujero (es en esta etapa cuando su adicción a las drogas es más dura y a punto estuvo de acabar con él unos años después).
El gospel (quien lo iba a decir) está muy presente en gran parte del disco, en las más festiva ‘Get Right With Me‘ y sus coros negros y hasta en la electrónica ‘Mercy in You‘. La religión también, siendo el épico ‘Judas‘ y sus referencias bíblicas el punto álgido de la oración.
Al igual que ocurría en Violator, aquí también aparece oculto un interludio ‘Interlude #4‘, un pequeño fragmento instrumental creado por Brian Eno que posteriormente sería utilizado para introducir ‘I Feel You’ cada vez que la tocan en directo. Pero la mayor rareza de todo este Songs of Faith and Devotion y el punto más lejano a Depeche Mode es sin duda el experimento sinfónico que llevan a cabo en ‘One Caress‘ que recuerda a Queen pero a mi me resulta un tanto fallido.
‘In Your Room‘ (YouTube) fue el cuarto y último single, con una mayor presencia electrónica quizás para intentar compensar la ausencia de esta en los tres anteriores.
Si ya habían demostrado que eran los más grandes haciendo techno-pop ahora también lo son tocando todo tipo de palos. Muchos hablaban tras este disco de la disolución definitiva de Depeche Mode, ni se imaginaban las alegrías que aún nos iban a dar a todos sus devotos y a los que nunca perdimos la fe en ellos.
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