Sigue a Hipersónica

Portada FIDLAR - crítica

Pues estas son las servidumbres de la novedad y el eterno retorno de las modas. No hace ni tres años que un grupo como Fidlar habría sido despreciado o, peor, ignorado, y hoy nos los desayunamos con menciones de honor en Pichiflor. Por casposo que suene, las guitarras siempre vuelven, y un estribillo coreable de colmillo torcido siempre va a encontrar sitio.

Fidlar además ejemplifican todo aquello que está pasando en California, de lo que quizá Wavves fueron una primera ola orillera (¡una ola! ¡Wavves! Qué bueno) que no llegaba a sugerir el maremoto que está viniendo por detrás. Y es que estamos a las puertas de la eclosión de una escena con epicentro en Los Angeles, ciudad que, fiel a su tradición, reclama la atención siempre a la contra de Nueva York, y siempre de una manera mucho más pasional.

Frente a la languidez y la vanguardia que viene de Brooklyn, Fidlar casi lanzan las guitarras al aire, con una chulería que no veíamos desde el rock escandinavo, y con un puñado de canciones que bien merecen esta reseña. Lo suyo es garaje-rock, sí, pero del que se lanza al cuello, el que es popero, hardcore o incluso death-punk si les da por ahí. Nada de comer flores, aquí se trata de pasárselo bien y gritar bien fuerte.

Por decirlo de otra forma, el debut de Fidlar no es un disco perfecto, pero es un disco necesario, necesario porque quita complejos y porque será uno de esos growers que acabe hasta escuchando tu colega el que no escucha mucha música.

Orgullo lumpen

I DRINK CHEAP BEER SO WHAT FUCK YOU (‘Cheap Beer’). Abrir tu disco con ese estribillo, en una canción de ritmo frenético que lo mismo remite a los Ramones que a Rocket From the Crypt o los Dwarves, es uno de los grandes aciertos del año. Un himno de puño en alto, sin más rodeos.

No es el único acierto del disco. ‘Stoked and Broke’, aunque parezca birlada del cajón de descartes de Ty Segall, es una excelente canción garaje, perfecto segundo single si les apetece. A partir de ahí Fidlar sueltan cuerda y se tiran por una pendiente de locura instrumental y solos de guitarra desquiciados a 200 por hora. Al principio me chirrió, pero a la tercera escucha ya no hay nada que reprocharle a ‘White on white’, una locura de las de conducir con el volumen muy alto.

También tienen su corazoncito pop los Fidlar, aunque sea a base de fusiladas. ‘No waves’ y ‘Max can’t surf’, por ejemplo, son garaje de pegadiza melodía, que podían haber firmado los Black Lips en el último disco o, claro, los propios Wavves.

Pierde el disco cuando se acerca a los Hives (‘Blackout stout’) aunque no les salga mal la historia y hasta tontean con el hardcore melódico (‘5 to 9’), y ahí sí que caen simpáticos, vete tú a saber por qué. Ya hay que tener valor, supongo.

Hipersónica vota un 7,30 Se os va a hacer larguillo si lo atacáis de tirón, ojo. Son 14 canciones, y con algo menos ya habría funcionado excelentemente. Pero va a dar igual. Lo vais a escuchar, si no ahora conscientemente, en un anuncio de la tele, en el facebook de vuestro colega que se lo flipa con los Black Keys, en el bar que pone rock pero no y en las revistas de tendencias pero no. No os va a valer de nada resistiros.

Los comentarios se han cerrado

Ordenar por:

6 comentarios