
La separación abrupta de Mus, de repente, en plena promoción de La vida, comunicada con una escueta nota de prensa, a mí me dejó sobresaltado. Me quedó pendiente una entrevista con el dúo que ya tenía apalabrada, que sería una previa a su concierto en el Jardín Botánico Atlántico.
Ahora Fran Gayo aparece de nuevo con Las próximas cosechas tras dejarnos una serie de versiones para muchos desconcertantes y un anticipo, ‘Economía de guerra’, que huele claramente a ruptura con su pasado.
Del folk del terruño de Mus no queda ni un rispio, ahora el gijonés se ha pasado a un pop de tipo intimista, a veces con matices de cantautor, abandonando de un plumazo la temática social de sus letras.
No hay pues carga ideológica en estos textos urgentes, inmediatos, que parecen trozos de impresiones o sensaciones volcados en un cuaderno de notas Moleskine.
También ha cambiado la lengua de expresión; del asturiano empleado como arma de combate y para evidenciar que es una lengua en peligro de extinción ha pasado al castellano, más que nada como el propio artista ha dicho porque no tenía que ser porque sí.
Las primeras escuchas de Las próximas cosechas me dejaron un tanto desubicado. La voz de Fran Gayo se me hacía demasiado mística, demasiado monótona, en definitiva, no había muchos resquicios para que resultara atractiva, aunque eso no es un demérito para el conjunto, al contrario.
Una vez familiarizado con el disco no queda más que aplaudir la decisión del gijonés de salir al ruedo con su nombres y sobreexponerse con el peligro de recibir severísimas críticas o la ignorancia más absoluta.
Gayo vuelve a Acuarela, el sello en el que Mus creció y se hizo con un nombre en el circuito indie estatal, acompañado de una banda que vale un potosí, mención especial para Edu García Salueña (Senogul, Cuac!, Edwin Moses), que aporta unos pianos y teclados que envuelven a un cancionero que de principio es difícil hincarle el diente.
No me sé de memoria los títulos pero lo que sí tengo claro es que el corte es el que más me ha llegado, ‘En las copas de los árboles’ (GoEar), que a mí me ha parecido tremendo tanto en cuanto a la letra como a la sutil instrumentación.
Curiosamente al escucharlo me vino a la cabeza Amancio Prada, sí, el cantautor leonés, un nombre a priori alejado del sustrato en el que siempre se ha movido Fran Gayo. Ésta es una de las dos referencias claramente “cantautoriles” de un disco de largo recorrido con canciones que nunca sonarán en ninguna radiofórmula. Y aquí es donde mejor canta Fran Gayo.
La otra es ‘Te irás al campo’ (GoEar), donde nos encontramos al Fran Gayo más místico, más enigmático si cabe este adjetivo. El segundo single podría ser ‘El invierno será bueno (o no será)’ (GoEar), el reverso de Economía de guerra. Muy luminoso, es un corte con más ritmo que los anteriores y el piano de Edu omnipresente dando un plus de calidad.
Hablaba antes de Edu García Salueña, que deja claro su maestría acompañando en plan piano-bar a Gayo en varios temas. Son éstos En ‘20 minutos me voy’ (GoEar), que es un corte frágil y severo a la vez. Más narrativa es ‘En la siesta clara’ (GoEar), también más luminosa y épica.
Y, finalmente, ‘El primer salmo de la mañana’ (GoEar), con el artista más introspectivo, deje lánguido y el pianista tocando un piano Rhodes que vale su peso en oro.
El single, Economía de guerra, ha dejado descolocado a los apasianados de Mus; es cierto que es un tema pop cien por cien, y que en directo, con la participación del batería Miguelo Altable, seguro que tiene mucho más punch que en esta versión. Quizás en el tema de las percusiones Fran Gayo pecó un poco de prudente, optanto por las programaciones que dan un barniz aún más íntimo a las canciones.
Otro tema que me ha dejado enganchado es ‘La romanza’ (GoEar), quizás por la guitarra clásica de Erasmo Sánchez que, con el piano de Edu, dan al tema un aire aún más oscuro. Casi new age son los arreglos de ‘Las naranjas (no son la única fruta)’ (GoEar); ese piano con el que arranca es evidente, pero ese teclado planeador lo transforma lo redimensiona en un tema de pop pluscuamperfecto.
El comienzo envolvente de ‘Querídisimos amigos’ (GoEar), un tema perfecto para empezar un recital, produce una placidez difícil de describir, y esa frase enigmática, “...miradme pues, miradme bien al caer”, que conforma la letra deja al libre albedrío la interpretación. ‘Lo mejor, el final’ (GoEar) tiene un inicio, a lo mejor estoy equivocado, muy Le Mans, aunque el tema sigue por otros derroteros. La melódica de Fran le da un toque especial, distinto, a un tema que carece de estribillos.
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