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Golden Void

Muchas cosas ocurren a lo largo de un año, muchos lanzamientos, debuts y discos que tarde o temprano se te acaban escapando. En este sentido, uno de ellos es el álbum de Golden Void, que además se editó en el pasado noviembre. Unos tipos que son nuevos y que vienen avalados por el sello Thrill Jockey, que suele ser garantía de calidad. A base de psicodelia, blues rock y fórmulas hard rockeras, son otros tipos que se suben al carro de los sesenta y setenta. Otro grupo que se suma a la dictadura psy de San Francisco

Golden Void: cuando el psy suena, es que hábiles ejecutores lleva

Es cierto que este 2012 ha sido difícilmente superable con grandes y fidedignas propuestas como las de Kadavar, Troubled Horse, Goat y otras apabullantes como las de Ty Segall. El impacto que crearán en ti Golden Void seguramente no sea tan eficiente como algunos de estos conjuntos y el coloso de Palo Alto, pero el proyecto de este cuarteto estadounidense es digno de mención. Si hasta utilizan moog y órgano… El disco es corto, apenas siete cortes para comprobar que los álbumes revivalistas no tienen por qué ser despreciados por el mero hecho de serlo, hay otros como este que rezumando la pureza del género, son buenos ejercicios de rescate a grupos enterrados en el sótano de una edad de oro que muchos echan en falta.

También hay que apuntar que a pesar de que el proyecto es nuevo, no lo es la trayectoria de sus integrantes. Isaiah Mitchell, guitarra y vocalista del grupo, ya ha participado anteriormente en otros actos similares, tales como Earthless o Mitchell and Manley. Otros dos miembros del cuerpo instrumental, Aaron Morgan (bajista) y Justin Pinkerton(percusión y Moog) también son miembros de Eyes. Por último, Camille Saufley (órgano), ha estado en The Assemble Head in Sunburst Sound.

El resultado de estas trayectorias es la convergencia en un trabajo intenso de rock clásico, con gusto por la épica psicodélica conjugada en estocadas blues, llevando a buen término esta efectiva combinación. Guitarras depuradas, sonido limpio, punteos ácidos, ritmos abrasivos… El de Golden Void es un disco para disfrutar de principio a fin, probablemente no gran sucedáneo (o sí) para los grandes acérrimos del rock setentero, pero sí es un muy buen acercamiento. En la línea de otros contemporáneos como Dead Meadow, Wolf People o Black Mountain. Eso sí, cada uno tiene su propia idiosincrasia, y Golden Void tiran más por el camino del blues rock.

Punteos, riffs, teclados y lo que pidas

Una vez te adentras, es complicado no quedarse atrapado desde el primer momento en este debut. Una carta de presentación como la de Art Of Invading no merece declinación. Desde la voz mesiánica de Isaiah sobrevolando Woodstock, hasta el hammond de los Doors y pasando por el heroico punteo final, es esa canción que pensabas que no escucharías a estas alturas. Los instantes de virtuosismo no pueden escapar al pasado de jam que tiene Isaiah.

Puede ocurrir que cuando la propuesta musical abarca dos estilos tan llamativos y elocuentes por su idiosincrasia (y más con el componente musculoso del grupo), la sección vocal quede diluida de forma que al final sólo acabes centrándote en los riffs y los punteos. Pero el frontman no sólo aguanta los embistes de su música sino que logra que su voz, similar a la de Caleb Followil (Kings Of Leon), funcione como un eje más dentro del engranaje sonoro de Golden Void, ya sea con efectos de reverb o amoldándose al tempo de la canción.

Un aspecto importante que impide que te veas expulsado del álbum, es que no todo son virtuosismos y pantalones de campana, también tienen temas como Virtue donde la guitarra adopta un riff de corte más pesado como el de Black Sabbath en The Wizard, aunque en efecto, acaba con el su punteo leddzepeliano final. No obstante, el álbum no llega a ese momento en el que el virtuosismo puede ser más una carga que una virtud, consecuencia de que los punteos sean una parte importante de los temas, pero no el eje sobre el que se desarrollan los mismos. Dejan que el alma psy fluya en el ambiente, rodeada de una coraza de blues.

Una fórmula ganadora

Para este debut, han incluido dos canciones que editaron en un single en 2011. En él está Shady Grove, un adictivo y melódico homenaje a la época, a mitad de camino entre la psicodelia y el blues rock. Parecen haber raptado el espíritu de Ray Manzarek y Alan Price, para acabar sepultándolos bajo un rugido guitarresco que nos indica que seguimos en el siglo XXI, a pesar del buen hacer de este franciscano cuarteto. La otra pieza es The Curve, tema con el que juegan con el tempo y que a pesar de seguir apelando a teclados y punteos de los sesenta, estos tiene un sonido más cercano al que profesan Black Mountain. Lo que está fuera de duda es la ecuación hammond/moog + solo heroico = WIN.

Hipersónica vota un 7'99 Resumiendo, el debut de Golden Void no es un disco que nos vaya a sorprender por su cariz musical, pues como ya hemos nombrado anteriormente, los discos que nos han llegado en este 2012 de reminiscencias psicodélicas no han sido pocas ni exentas de calidad, pero es otro granito de arena a un montón que cada vez es más considerable. Además, para innovar aquí hay que sudar la gota gorda. Ya es bastante loable desprender reminiscencias clásicas y tener personalidad. Golden Void lo hacen, evocando a los Animals o los Doors a base de teclados y a la escuela guitarrera de Black Sabbath o Led Zeppelin, dependiendo del punteo. No todos los días se puede mirar con dignidad a los sacrosantos maestros psicodélicos.

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