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Grizzly Bear - Shields

I’ll be sure to try and explain myself to dispel

Tenía la costumbre, cuando los libros eran libros y aún estudiaba, de pasar las horas muertas anotando los márgenes, dibujando en ellos, garabateando más bien. Bocetos e ideas para matar el tiempo, también cuando matar el tiempo era eso y no mirar twitter. Nada que concluyese del todo, cosas la mayoría de las veces nimias, chorradas, y otras muy trascendentes, o eso parecía, pero nunca concluidas.

Nada en los márgenes de mis libros se cerraba. Ni las torpísimas poesías, ni las ideas sobre discos, chicas, letras pop, eslóganes juveniles… Ni en los míos ni en los de otros: mis hermanas, mayores, también escribían cosas allí, en sus libros. Y cuando los “heredaba”, antes de usarlos como palimpsesto los exploraba. Las mías eran fruto del aburrimiento y, al poco, muy aburridas. Pero las anotaciones en los márgenes de los libros hechas por otros siempre han sido lo contrario: terriblemente atractivas, envueltas por el misterio de lo fragmentado, del puzzle que no puedes resolver.

El otro día me di cuenta de que los discos de Grizzly Bear han ido tomando para mí esa forma: que me parecen fascinantes por hacer lo mismo que si lo hiciera yo acabaría por aburrirme. Que es música que no soporto al pensar en ella salvo cuando la hacen ellos; entonces aún tengo tanto por buscar y descubrir que necesito escucharla. Aunque luego recuerde poco o nada.

Shields no es para mí, pero no me atrevo

Fool me once,
It’s fair
(…)
Taking back all of the silly things I used to say

Accesibilidad y cohesión en Veckatimest, volver al lugar del crimen, Cape Cod, tratar de escapar yéndose a Texas a grabar y ver que no funciona. El parto de Shields no ha sido simple.

Es el primer disco de su carrera que llega tras un parón desde que la madre de Ed le dijera que con la guitarra a otro sitio: recogidos los amigotes por el camino, Yellow House y Veckatimest nacen de una misma carrera, de un mismo impulso. Pero tras la gira de este último, el grupo para.

Rossen describe el momento como empezar de cero, dudar, preguntarse si se puede y si merece la pena, sentirse incómodo y poco natural. Como muchos de los oyentes del grupo, los que arquean la ceja, los que miran con incredulidad. Los que critican sus discos como “no son para mí”, pero no se atreven a ponerlos a parir. Por favor, ponedlos a caldo: es lo mejor que les podría pasar.

Sentirse demasiado dentro, demasiado enfangado, cuenta Rossen. Que estés en un grupo cool y que, por ello, pierdas la pista de tus amigos y tu familia. Que Radiohead te saquen de paseo mientras deseas algo más simple y, a la vez, disfrutes de ser Grizzly Bear. No vivirlo como una crisis vital, sino como esa piedra en el zapato que molesta y que te la quitarás cuando el momento sea propicio.

Lo mismo ocurre siendo oyente de Grizzly Bear. Pero ni ellos abandonan ni, de momento, tenemos tiempo para parar y sacarnos la piedra

Grizzly Bear: Sonido progresivo para tu iglesia

Some tired mantra
Cals ever onward
Shout it loud

Shields, dice el grupo, es el sonido de Grizzly Bear acercándose a lo clásico y al jazz. Shields, digo yo, son los rodeos que el grupo da para ser pop. Lo que escriben Grizzly Bear en los márgenes del libro de estilo de lo fácil.

Es su disco con los ganchos más claros y los estribillos mejor afinados y, junto a eso, el disco mejor tocado de Grizzly Bear. Esto podríamos ponerlo en la balanza de lo negativo, de lo perjudicial, y ellos lo saben: no dejar que su formación interfiera en su intuición lleva siendo una de las obsesiones de un grupo de formación clásica, de conservatorio.

Además de ser el mejor tocado, especialmente por un percusionista tocado por las musas, es el menos arreglado en las voces. De nuevo, la distancia entre ser complicado y complicarse. Adiós a las capas vocales, adiós al aspecto sobrecargado, columnated ruins domino. Así, haciendo por una parte lo que niegan por otra, es como Grizzly Bear vuelven a evitar ser un rotundo aburrimiento hinchado. Justo en sus canciones más complicadas es cuando cantan más en formato hit masivo. Se acabó el grupo coral… aunque no puedan dejar de sonar eclesiásticos en determinadas ocasiones (eso sí, esto no es tan sencillo de adaptar a una misa como ‘The Sounds of Silence‘; lo siento, chicos hip de iglesia, si es que aún hay).

Dime que todo es una mentira

Ser demasiado espontáneo. Un miedo al que Grizzly Bear siempre han hecho honor y eso se notaba en sus canciones. Dicen que nunca se habían planteado tocar en un estudio en plan casual, sin más, sin intentar ser responsables de la música más hermosa posible. Ser unos estirados, vestir de etiqueta, prog-pop cerebral, tratar de meter toda la historia de la música en una canción.

Eso aún les sale: a veces parece como sí estuvieran pintando las canciones en vez de tocándolas. Como si estuvieran haciendo paisajes con el eco, las voces y los arreglos. Entiendo los reparos y las pegas, a veces las comparto, aunque generalmente el sonido es hermoso. ¿Demasiado? No sé, me importa poco que se enamoren de su propio reflejo y el síndrome de Stendhal me parece un problema-del-primer-mundo.

Lo que han intentado esta vez, aunque aún no lo confiesan abiertamente, es eliminar esa frialdad. Quizás por eso se fueron a grabar a casi 50 grados bajo el sol. Quizás por eso duraron tan poco en Texas. Ni centauros del desierto ni chicos de campo: urbanitas capaces de hacer que los detalles tengan más peso que el recuerdo, que la huella general.

Fallen once,
you’ll fall again

Así de memoria:

  • 1. 1.37: guitarras + tormenta a la batería + torbellino de ida y vuelta + fondo a lo Radiohead
  • 2. 0.57: Ulular; 1.45: temblar; 2.21: ser turbio con guitarras cristalinas; 3.10: flautas, Sufjan.
  • 4. 01.04: la pandereta cerrando el tejido hecho al fondo del tema más directo del disco; 01.41: esos teclados que se comen a las voces en el recuerdo, por mucho que estén muy por debajo de ellas.
  • 5. 2.36: Rubricar el drama con un instrumento de viento que entra apenas tres segundos.
  • 6: 1.51: La estrofa que que entra algo más tarde de lo previsto y cuando ya hay alguien cantándola en tercer plano en ‘A Simple Answer‘. Jóvenes e inconscientes.
  • 7. 2.27: Otra vez unos teclados metidos como si no estuvieran ahí, como los que servirían para hacer una canción completa de Au Revoir Simone.
  • 8. 1.50: Cambiar el ritmo para rebajar la tensión, y recalcarlo con delicadeza juguetona.
  • 9. 1.09: Even it’s straaaaaaaaa

    aaaaa

    aaangeeeeee
  • 10. Que la épica llegue en una canción en la que insisten con “Endless abundance overflows”.

8,3Y podríamos seguir así hasta el infinito: fijándonos en lo particular pero incapaces de pasar a lo general. Podríamos hablar de las letras Líricamente me dan igual. A mí, que tanto tiempo gasto en las palabras de los discos, Grizzly Bear nunca me conquistan por ahí. Ni por su música tampoco del todo. ¿Y entonces qué? Entonces… Mis hermanas. Los nombres de chicos. La mala poesía. Las palabras al margen.

Grizzly Bear – Shields Tracklist

  • 01 Sleeping Ute
  • 02 Speak In Rounds
  • 03 Adelma
  • 04 Yet Again
  • 05 The Hunt
  • 06 A Simple Answer
  • 07 What’s Wrong
  • 08 Gun-Shy
  • 09 Half Gate
  • 10 Sun In Your Eyes

Grizzly Bear en Hipersónica

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