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Howlin Rain - The Russian Wilds

En uno de los innumerables debates que se abrieron tras la presentación de las listas sobre lo mejor del año pasado mantuve una conversación con un lector al respecto de The Russian Wilds, disco de los sanfrancisqueños Howlin Rain. Recuerdo que el lector defendía de forma apasionada que este disco debería haber entrado sí o sí en nuestra lista de los 50 mejores discos de 2012. Mi respuesta fue evasiva, restando importancia y valor a un disco que por aquel entonces apenas había escuchado un par de veces y al que no había prestado excesiva atención.

Hoy he de decir que cometí un error restando importancia a un disco como éste. No sé si debería haber entrado entre los 50 mejores de Hipersónica, pero sí sé que debería haber entrado al menos en mi selección personal. Puede que no posea la envergadura que multitud de webs han dado a este disco, de hecho así lo pienso, pero también es cierto que, con sus errores, es uno de los discos de 2012 que más voy a distrutar pasado el tiempo, y solo por eso, a pesar de su perfecta imperfección, creo que debería haberlo tenido mucho más en cuenta. Hoy, 22 de Febrero de 2013, ha llegado el momento de reparar el daño. Ya es tarde para que entre en ninguna lista (a menos que hagamos la jugada Foxygen), pero creo que no puedo dilatar más el ejercicio de reivindicación que este disco merece. Sigo pensando que no es lo mejor del año pasado ni mucho menos, pero es un delito no haberle prestado la atención oportuna en su momento.

¿Quiénes son los culpables de mi primera confesión?

No podemos entrar a hablar de Howlin Rain sin antes dedicar al menos unas líneas a Comets on Fire y Ethan Miller. Ni el cantante ni su banda fueron nunca primeros espadas en ninguna plaza, sin embargo, a golpe de locura y lisergia, se fueron haciendo un nombre poco a poco en la siempre interesante escena de la Bahía de San Francisco. Poco antes de que el grupo que le vio nacer como músico entrara en un impás del que aún no ha salido, Ethan Miller puso en marcha a Howlin Rain, proyecto con el que pretendía mirar la psicodelia desde otro foco mucho menos desenfrenado, y el cual ha acabado siendo su principal ocupación con el paso de los años.

Howlin Rain debutaron con un album homonimo en el año 2006, disco con el cual pusieron tierra de por medio con Comets on Fire gracias a un marcado carácter folk, tomando como referencia lo realizado en los años 70 por Creedence Clearwater Revival y Grateful Dead. El segundo ejercicio, anterior al que nos ocupa, fue lanzado en el año 2008. Magnificent Fiend supuso un paso más en la domesticación del factor lisérgico de Miller aunque el carácter de disco de transición acabó restándole repercusión al ejercicio.

De cara a este tercer ejercicio, Howlin Rain y Miller han seguido mirando a lo realizado en Comets on Fire desde el nuevo prisma, alejándose poco a poco de los riffs interminables, y hurgando entre sus orígenes, las raíces de la música sureña. Podríamos decir que no hay excesiva distancia entre lo que nos proponen y lo que hicieron anteriormente en lo esencial, pero el resultado si ha variado consistentemente.

En las manos de Rick Rubin

De cara al lanzamiento que tenían preparado para 2012, Ethan Miller y Howlin Rain parecían tenerlo muy claro: iban a ir a por todas con dos ideas conceptuales que eran casi la antítesis de todo lo que habían hecho en su anterior banda. Por un lado, en el área compositiva, esa evolución hacia la psicodelia más clásica iba a acentuarse aún más acudiendo más claramente que nunca a los orígenes del género en suelo norteamericano y todo ello sumando a la ecuación la profundización en la música de raíces sureñas, como si The Russian Wilds tuviera que ser un homenaje a los 70 sí o sí.

Por otro lado, la idea era que el disco sonase como un auténtico pepino, nítido y limpio, con el fin de que todas las ideas que habían venido preparando durante los 4 años que median entre The Russian Wilds y Magnifient Fiend quedasen plasmadas con la mayor claridad y pudieran brillar como nunca. Con este fin contrataron al archifamoso Rick Rubin, un auténtico Rey Midas con el que Miller consideraba iba a poder dar, al fin, el salto a las grandes ligas del rock de su país.

En otros casos, si os soy sincero, no habría dado la menor importancia a la labor del productor ya que es una figura que a mí personalmente me parece ha adquirido una importancia excesiva en detrimento de la interpretación, la inspiración y la libertad creativa. Sin embargo, en lo que respecta a The Russian Wilds, el trabajo de Rubin es clave y en los próximos párrafos entenderéis porqué.

Jugando con los límites del Rock Sureño

La premisa es clara: el disco ha de sonar añejo pero moderno a la vez, ha de sonar potente pero delicado, ha de sonar conciso pero reflejando ese torrente de ideas que es la personalidad de Ethan Miller. Con estos márgenes entre los que moverse el resultado no podía ser otro: The Russian Wilds es un disco de rock de los de antes pero con un sonido de los de ahora.

Mientras que en discos anteriores de Howlin Rain las referencias eran bandas como Creedence Clearwater Revival, Grateful Dead o The Byrds, en este caso el Rock sureño gana la partida gracias a dos bandas cuyo espíritu sobrevuela el disco continuamente, cada una en un momento adecuado. Estro se debe a la particular estructura de las canciones que componen el álbum, y las cuales se dividen en dos clases diferenciadas.

Por un lado tenemos temas que superan los 6 minutos en los que melódicas introducciones, ya sean Soul, Funk o Blues, acaban sirviendo de puerta de entrada hacia jams o increscendos jazzeros, claramente influenciados por The Allman Brothers, una banda fundamental para conocer al Rock Sureño. Esto sucede con temas como la sorprendentemente latina ‘Phantom in the Valley‘, o la electrizante en su parte final ‘Strange Thunder‘.

Por otro, nos encontramos con temas más concisos en los que no hay espacio para jams pero sí para una efectividad Rock que nos recuerda a los Black Crowes de tiempos de Amorica o de últimos ejercicios como Warpaint o Before the Frost. La delicada ‘Cheerokee Werewolf‘ o la increíblemente radiable ‘Beneath Wild Wings‘ son muestra de lo efectivos que pueden llegar a ser Howlin Rain a la hora de crear singles.

La falta de encanto de la perfección

Como os dejaba entrever antes, la labor de Rick Rubin es crucial en The Russian Wilds, y sinceramente, creo que es responsable de todos los debe que podemos encontrar en el álbum. Es obvio que la intención de Howlin Rain era lograr un disco con un sonido actual por muy añejas que fueran las referencias utilizas, y que además, las composiciones fueran depuradas lo máximo posible con el fin de que el punch de las mismas permitiese a Miller obtener un éxito en ventas que le llevaba siendo esquivo desde la década de los 90.

Para lograr este objetivo estaba claro que no había mejor persona que Rick Rubin, productor conocido por lanzar al estrellato a gente como Slayer, The Cult, Red Hot Chilli Peppers o System of a Down entre cientos, pues ponerse en sus manos siempre es una garantía de que el resultado va a estar preparado para asaltar las listas de ventas. Como no podía ser de otra manera, el resultado del trabajo de Rubin en lo técnico es magnífico y, en apariencia, colma todas las expectativas creadas. Sin embargo, analicemos más en profundidad.

Entre los aspectos positivos se encuentran la guitarra y voz de Ethan Miller, las cuales suenan con una brillantez y versatilidad técnicas increíbles, inimaginables para los tiempos de suciedad y desorden de Comets on Fire. El sonido es limpio y claro cuando se necesita y se vuelve potente y vigoroso cuando las jams llegan, lo cual cumple el objetivo de que un disco de referencias añejas suene increíblemente actual.

Sin embargo, esta entrega a los aspectos técnicos, los cuales son brillantes, han acabado suponiendo que los mismos hayan tomado como rehén a varios factores que deben ser protagonistas en un disco de Rock con componente psicodélico como es The Russian Wilds. En el transcurso del disco da la impresión de que todo está excesivamente pulido, ordenado o estratificado. Las jams aparecen siempre en el mismo momento, sin que en ocasiones las mismas se desarrollen con la libertad con la que debieran, las sorpresas de Miller, como la latinada de ‘Phantom of the Valley‘, vienen siendo anunciadas casi desde el principio de la canción en la que aparecen, lo cual resta efectividad al esfuerzo. Resumiendo, un aura de perfecta artificialidad sobrevuela todo el disco, ya sea en las partes que muestran deuda a otras bandas o en esas en las que Miller intenta ser él mismo.

Lo importante es disfrutar

La verdad es que esta perfección premeditada se acaba convirtiendo en el mayor debe de un álbum que debería haber tenido a la improvisación y frescura como principales virtudes junto con al gran avance realizado por Miller en su técnica vocal. ¿Os imagináis a los The Allman Brothers de ‘Whipping Post‘ sin poder desarrollar con libertad esa jam jazzera que les dio a conocer? A veces este The Russian Wilds me produce este sentimiento, de que Ethan Miller acaba siendo un animal enjaulado por ponerse en manos de Rick Rubin, cuestión que nos resta su principal virtud.

En cualquier otro disco esto último que os cuento se habría convertido en un obstáculo imposible de superar. Sin embargo, no podemos olvidarnos de que The Russian Wilds es un disco brillante e increíblemente disfrutable, y al fin y al cabo eso es de lo que se trata esto. Es obvio que el resultado podría haber sido mucho más estimulante de no haber contado con Rubin, pero también es cierto que gracias a él hemos logrado que Miller suene como si del nuevo Chris Cornell se trastase, y eso, siempre es de agradecer.

Hipersónica vota un 7,5The Russian Wilds no es un disco perfecto precisamente porque intenta serlo con todas sus fuerzas. Espero Miller haya aprendido la lección y para la próxima ocasión logre encontrar un equilibrio entre su recién estrenada faceta de gran vocalista y la que todos le habíamos conocido hasta el momento. Como decía antes, quizás The Russian Wilds no alcance para estar entre los mejores álbumes de 2012 para toda la redacción de Hipersónica, pero sinceramente, creo que sí alcanza para entrar entre mis elegidos ya que, a pesar de todos estos errores que le he encontrado, sigue siendo uno de los discos con los que más he disfrutado y disfrutaré de entre todo lo lanzado el año pasado.

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